La zozobra y la incertidumbre son dos condiciones que, elocuentemente, podrían definir la situación de los jóvenes en México: un país que, según datos del Consejo Nacional de Población (CONAPO), sufrirá muy pronto de envejecimiento demográfico prematuro, lo cual empeorará la crisis pensionaria.

 

No es que no nos importe…

El imaginario colectivo percibe a los jóvenes como irresponsables. Cuando se habla de pensiones, el problema es que “no saben ahorrar”, o no tienen “visión a futuro”. Pero, ¿realmente todo se reduce a eso?

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AP

Es verdad que necesitamos una cultura del ahorro. Porque ahorrar ni siquiera es algo tan difícil ―si percibes más de un salario mínimo―, y hacerlo evita que se desborde nuestro consumismo. Podríamos aventurarnos a decir, incluso, que ahorrar es un acto de rebeldía y de transformación social.

Pero de la deficiente cultura de ahorro, a darle la entera responsabilidad a los jóvenes por no tener futuro, hay un abismo…

De acuerdo con el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), la llamada Generación AFORE ―la que empezó a cotizar después de la reforma al sistema de pensiones de 1997―, no podrá adquirir una canasta básica alimentaria en su vejez.

Y es que, como detallan en su informe “Pensiones en México: 100 años de desigualdad“, la Constitución mexicana fue la más avanzada en cuanto a leyes de seguridad social, lo que incluía la garantía de pensionar a los más viejos.

[…] cuando se diseñaron los primeros sistemas de pensiones en el país, se pensaba que los jóvenes […] podrían contribuir al retiro de los más viejos, sustituyéndose así entre generaciones..

Con lo que este sistema no contaba era con los estragos que actualmente provoca el trabajo informal ―que asciende a 60%, según la OIT―, así como con diversas dificultades fiscales en las que se ven inmersas las pensiones y que han causado su insostenibilidad financiera.

Esto ha llevado a realizar diversas reformas, cuya culminación fue la del 1o de julio de 1997.

Desde entonces, las pensiones han sido administradas por las Administradoras de Fondos para el Retiro (AFORE), y todos los sistemas de pensiones ―que son más de 1,000― fueron reformados.

 

El antes y el ahora

Antes, las pensiones se regulaban por el beneficio definido: un sistema de reparto donde se compartía una bolsa común, a cargo del Estado, de donde salían todas las pensiones.

Ahora, las pensiones se regulan por la contribución definida: un sistema tripartita de cuentas individuales donde cada trabajador es responsable de aportar para su propia pensión, junto con un porcentaje de su patrón y otro de la Federación.  

Las instituciones que brindan servicio de pensiones
usan el dinero para especular: por ejemplo, comprando deuda.

El problema del sistema de cuentas individuales es que depende de la magnitud del ahorro de los jóvenes, así como de los rendimientos financieros que las diversas instituciones puedan generar con dicha pensión en los mercados financieros.

Si eres de la Generación AFORE tendrás que cotizar, como mínimo, 1,250 semanas. Y muy probablemente sólo obtendrás 2,000 pesos al mes, según cálculos que hizo la Comisión Nacional del Sistema de Ahorro para el Retiro utilizando parámetros bastante realistas.

Además, como ya no existe una bolsa común, el CIEP pronostica una crisis aún mayor para los años venideros, pues no existe manera de solventar las pensiones que hoy hay que pagar.

Por supuesto, todo esto dependerá de cada situación laboral concreta. Pero según el CIEP, incluso quienes hoy tienen ingresos medios y altos tendrán una pensión insuficiente, debido a que el problema también radica en que la tasa de remplazo (la pérdida de poder adquisitivo que supone cualquier jubilación) es inferior a la de generaciones pasadas.

Hoy, la tasa de remplazo es de apenas 26%.
La de generaciones pasadas fue de 100%.

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Sandra Vanina Celis

El CIEP recomienda que se incrementen las aportaciones voluntarias, pues sólo 1.9 de los activos administrados por las AFORE lo son. Además, será necesario incrementar la tasa de remplazo y encontrar soluciones al empleo informal.

 

¿Qué le queda a los jóvenes?

Las pensiones son parte de un sistema de seguridad que es esencial en cualquier sociedad. Como jóvenes debemos exigir que se nos garantice una jubilación, a nosotros y a las generaciones por venir. Es importante, incluso, pensar en la ampliación de este derecho, porque actualmente lidiamos con muchas enfermedades discapacitantes que deben ser tomadas en cuenta; entre ellas la depresión, que ya es toda una epidemia. Por eso en España ya existe un movimiento de Jóvenes Pensionistas, del cual podríamos aprender algo.

No deja de ser clave, como sea, que ahorremos. Porque nadie nos garantiza que los políticos nos escucharán, ya que nunca han entendido las cosas que a los jóvenes nos importan. Evolucionar nuestra sociedad requiere, entonces, de que nos involucremos: de que aprendamos a planear nuestro futuro, individual y colectivo, ya sea con ayuda de las instituciones o sin ella.