Si algo ha hecho visible la pandemia de covid-19 son las grietas que hay en nuestro sistema. Un sistema económico que favorece a unos pocos, un sistema donde agentes políticos (de todos los colores) usan al miedo generado por el nuevo coronavirus para hacer campaña, y un sistema social en el que aún no se acepta la gravedad de las desigualdades históricas.

 Aunque todavía falta mucho por investigar, podemos asegurar un par de cosas sobre esta crisis. Primero, los brotes de pandemias de este tipo tienen una estrecha relación con la depredación del medioambiente causada por el ser humano. Segundo, en México y otros países del mundo hay un sistema de salud decadente en términos de infraestructura, recursos materiales y humanos. Tercero, los efectos de las medidas tomadas por cada país son una apuesta y sólo los podremos evaluar con profundidad con el paso del tiempo.

 

Crisis y pandemia

Los momentos de crisis pueden servir para cuestionar el statu quo o para volverlo más rígido. Es fundamental, entonces, que como sociedad nos informemos y discutamos, para hacer mejores preguntas y demandas concretas al gobierno.

La corrupción que vive México es innegable y permea muchas interacciones institucionales (y ciudadanas), pero no debe ser la única dimensión para analizar lo que pasa en el país. A pesar del lento (y a veces cuestionable) avance en materia de energías renovables en la historia de México, hoy el panorama no pinta nada bien. 

Cuando hablamos de energía hay que distinguir dos ramos: la energía eléctrica (que puede ser renovable o no) y la de hidrocarburos, dedicada principalmente a temas de transporte como autos, aviones, etc. Bajo este contexto, y debido a los problemas que hay con el almacenamiento de energías como la solar y la eólica, el petróleo aún será necesario. 

Sin embargo, eso no quiere decir que esa deba ser la única apuesta. Esto es algo que a esta administración le hace falta considerar. En el Paquete Presupuestal de 2020 se destinaron más de 10,000 millones de pesos para el fracking, que es una técnica utilizada para explotar pozos de hidrocarburos que es nociva para el medioambiente. Se cancelaron también algunos mecanismos (como las subastas) que favorecen al mercado de energías limpias. Pero, además de todo eso, la semana pasada se publicó en el Diario Oficial de la Federación un acuerdo que limita la participación del sector privado en energías limpias. 

Esto es alarmante principalmente por tres motivos. Primero, porque el acuerdo no pasó por el mecanismo de la Comisión Reguladora de Energía (CRE). Segundo, porque otorga más autoridad a la empresa de servicios públicos a expensas de algunas compañías de energía limpia, ignorando los impactos económicos y ambientales. Tercero, porque afectará negativamente a docenas de proyectos de energía renovable en todo México. 

                 César Rodríguez

 

La desigualdad, el terreno común

Frente a las fallas del sistema económico, sería interesante pensar en un modelo de economía circular desde la perspectiva del economista Thomas Piketty, porque lo entiende más allá de un concepto que sólo refiere al reciclaje. 

Según el economista, el ahorro de energía sólo puede provenir de la moderación económica y social, y no de fortunas y estilos de vida excesivos. Se trata de replantear la “normalidad” de nuestras formas de vida. Piketty considera que tendríamos que diseñar nuevas normas de justicia social, educativas, fiscales y climáticas que, a través de una discusión democrática, atiendan la hiperconcentración del poder económico. 

Antes de diseñar cualquier tipo de política, deberíamos reconocer que en México hay racismo y discriminación de género. Las políticas públicas tienen que ser transversales, deben permear al sistema entero pero, sobre todo, se necesita tomar en cuenta a las voces periféricas a la hora de diseñarlas. 

El nuevo coronavirus ha puesto en evidencia la desigualdad (porque quedarse en casa es un privilegio), el racismo y, en el caso de los ataques contra enfermeras, la discriminación. También nos ha mostrado que la violencia contra las mujeres empieza en casa

 

Soluciones de pandemia, una exploración

Cada país opera bajo contextos distintos y México debe encontrar soluciones más allá de promesas discursivas o bien intencionadas. Las soluciones deberían estar basadas en evidencia y apoyarse en perspectivas interdisciplinarias. No podemos pensar en una política medioambiental seria que no considere a la justicia social de base. Porque que una energía sea renovable no la hace automáticamente maravillosa; su implementación puede desplazar a comunidades y seguir favoreciendo el enriquecimiento de sólo unos pocos. 

Este gobierno ha externado su preocupación por el bienestar social a través de programas. Muchos de ellos no cuentan con reglas de operación lo cual, aunque es legal, no es lo más recomendable. Hace difícil evaluar los resultados, su eficiencia y eficacia. Al no tener indicadores claros es más fácil equivocarse, no poder corregir el rumbo o caer en prácticas corruptas. 

Juan Carlos Suárez Téllez

 

Este es momento de preguntarnos qué México queremos ser. No se trata de compararnos con otros países en busca de ideales, sino de encontrar formas de apostar por lo local dentro de una lógica de globalización (que no va a dejar de existir sólo por ignorar el concepto).  

Sabemos, por ejemplo, que el turismo es una industria importante para la economía del país, pero también un negocio depredador. La cuestión no es satanizarlo, sino pensar en alternativas como lo que ha hecho Costa Rica que, de hecho, es uno de los referentes en materia de energías renovables en el mundo. 

 

Sembrando nuevas formas de vida

Ningún problema tiene una solución única, porque las fallas de los sistemas de nuestro país se relacionan en mayor o menor medida. Ninguna persona tiene todas las respuestas tampoco. 

Por eso, hoy queremos hacer dos invitaciones. Primero, para ti, ciudadana o ciudadano: ¿cuáles crees que son los mayores problemas de México y cómo puedes contribuir a solucionarlos? Segundo, para las y los servidores públicos: por favor no hagan caso omiso a estas preocupaciones. No entren en discusiones estériles y colaboren independientemente de las afiliaciones políticas. 

Es demasiado pronto para saber cuál será el impacto de la pandemia, porque las crisis siempre tienen efectos contradictorios. Pero sin duda es un momento para reflexionar y diseñar soluciones poco ortodoxas, que no reivindiquen el orden del mundo actual que ha probado ser poco efectivo y sustentable y, sobre todo, injusto. Estamos atravesando un momento histórico que no podemos dejar pasar; es hora de fertilizar las posibilidades de cambio.

 

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