¿Cómo y cuánto contaminan tus búsquedas en Google? Esta artista te lo muestra

No son sólo los teléfonos los que están matando al planeta, sino la propia red: Google es el mayor productor de CO2, después de Estados Unidos, China y la India.

La información también contamina. Cada búsqueda de Google tiene un costo para el planeta. Al procesar 3,500 millones de búsquedas por día, el sitio web más popular del mundo representa alrededor del 40% de la huella de carbono de Internet.

Aunque la noción más extendida es que Internet es una “nube”, en realidad depende de millones de servidores físicos en centros de datos de todo el mundo, que están conectados con miles de cables submarinos, conmutadores y enrutadores, todos los cuales requieren mucha energía para funcionar.

Google es el buscador más popular de Internet y esa idea motivó a la artista Joana Moll a averiguar cuánta energía consume realmente el gigante de las búsquedas. Su proyecto resultante, CO2GLE, es un intento de visualizar cuánto dióxido de carbono emite la compañía cada segundo.

En una entrevista con Quartz, Moll afirma:

Casi nadie recuerda que Internet está compuesto por infraestructuras físicas interconectadas que consumen recursos naturales. ¿Cómo puede un hecho tan evidente ser tan borroso en el imaginario social?

CO2GLE hace sus cálculos usando datos públicos del 2015: Primero, está el hecho de que la transmisión de 1GB de información toma un estimado de 13kWh, que es igual a 7,07 kilogramos de CO2. Dado que Google.com pesa 2 MB y procesa unas 47,000 solicitudes por segundo, la página emite 500 kilogramos de emisiones de CO2 por segundo. Eso es 300 toneladas de CO2 por minuto, cantidad mayor al peso de dos ballenas azules adultas.

Google contamina emisiones carbono Joana Mollpierre-chatel-innocenti-494652-unsplash

Google informó en el 2009 que emite 0,2 gramos de CO2 por búsqueda, mientras que los consultores ambientales Carbonfootprint dicen que esa cifra puede estar entre 1g y 10g de CO2 por consulta, dependiendo de qué dispositivo usas y el tiempo que pasas en la búsqueda. Estos datos contrastan con el informe ambiental que Google publicó en el 2017.

 

Google, las búsquedas y el impacto forestal

Google contamina emisiones carbono internet
Foto: Andrei Lacatusu

¿Cuántos árboles se necesitan para compensar 1 segundo de las búsquedas de Google? El segundo proyecto de visualización de Moll hace justamente eso: Defoooooooorest es una página web que muestra el impacto del CO2 en una línea de árboles que crece y crece hasta el infinito.

Por cada segundo que se gasta en Google, 23 árboles tienen que usar sus capacidades de absorción de CO2.

Los gigantes tecnológicos como Google y Apple tienen programas para reducir sus emisiones de carbono, pero es una tarea difícil y compleja. Apple anunció que ha movido el 100% de sus oficinas, tiendas minoristas y centros de datos en todo el mundo al 100% de energía renovable.

Sin embargo, no ha borrado su huella de carbono, ya que la fabricación, la distribución y el uso de productos electrónicos por parte de los clientes producen abundante dióxido de carbono. Por otro lado, Google anunció recientemente que ahora usa energía 100% renovable, pero al igual que Apple, está lejos de eliminar por completo las emisiones de carbono.

Google contamina emisiones carbono Joana MollGoogle_Mountain_View_California_-_panoramio

Mientras tanto, las empresas como Instagram, que recibió una calificación de sostenibilidad D, también producen CO2 con sus operaciones. Los servicios en la nube de Amazon sólo funcionan con un 50% de electricidad renovable. En el 2016, Facebook tuvo la misma huella de dióxido de carbono que 77,500 hogares estadounidenses y usó aproximadamente un 25% de energía renovable en todo el mundo. La compañía afirma que espera utilizar al menos un 50% de energía renovable en el 2018. Eso no es suficiente.



Google quiere ayudar a crear economías más sustentables y esta es su propuesta

Esta compañía plantea nuevas formas de habitar las ciudades desde formas económicamente sustentables.

Plantear otras alternativas para producir y desarrollarnos como sociedad es incluso un deber hoy día. Las revoluciones económicas —las industriales, y posteriormente la informática—, han implicado un gran progreso para la humanidad, pero también han conducido a la mayor crisis ambiental de la historia. De ahí que, si queremos sobrevivir aún de los mismos recursos naturales, el contexto producir, usar y tirar ya no resulta viable para el presente, y mucho menos para las nuevas generaciones; la cuestión es cambiar el sentido: reducir, rehusar y reciclar. 

En este sentido, vale la pena repensar la economía y las alternativas que existen para que la producción, la distribución y el consumo sean acciones menos depredadoras para el planeta. La compañía Google ha puesto el tema sobre la mesa, y ha planteado la necesidad de una “economía circular” que sustituya a la cadena económica actual.

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Kate Brandt, directora de sustentabilidad en Google, define a la gente detrás de esta compañía como “pensadores de sistemas”. Pero los colaboradores quieren ir más allá de la programación de algoritmos, y ayudar a plantear esta economía circular como una nueva forma de interacción y de movilidad urbana.

¿De qué se trata la economía circular?

Más de la mitad de la población vive actualmente en las ciudades, y el campo ha sufrido un abandono acelerado en casi todos los países del mundo. Para pensar la economía circular, debe partirse de esta situación si se quieren proponer soluciones a los problemas que acarrea la sobrepoblación urbana y el abandono del campo —que entre otras cosas implica una menor producción de cultivos e incluso una pérdida de soberanía alimentaria para las naciones, algo que pone en mayor riesgo a los países en vías de desarrollo—.

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Google plantea por eso construir la economía circular en las ciudades, como una suerte de proyecto colectivo donde no seamos consumidores pasivos, sino agentes activos en todo el proceso económico. Este tipo de economía se sustenta en una especie de resiliencia: en la necesidad de que todo lo que se use vuelva a integrarse de una manera u otra al círculo económico, el cual se ha ido complejizando e incluye actualmente procesos extractivos, de fabricación, de ensamblaje, de transporte y, sobre todo, de grandes desperdicios.

Algunos ejemplos (y por qué es importante)

Ciertamente ya hay algunos avances: los huertos urbanos son un elemento clave de este tipo de economía, en la cual se propone acortar distancias y tratar de producir todo en casa. Por supuesto, esto también implica que las empresas pongan de su parte, y que los procesos de producción estén orientados a proporcionar mercancías de alta calidad que duren el mayor tiempo posible y que puedan ser recicladas —contrario a la llamada “obsolescencia programada” que aplican algunas tramposas empresas—.  Por supuesto, eso implica también evitar consumos innecesarios de manera individual. Como algunos datos lo indican:

En el año 2000 había 700 millones de celulares
En 2015 superaban los 7 mil millones

 

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En esta producción subyacen toneladas de recursos naturales. Y con la tendencia de cambiar de celular cada año, esta cifra (y la de desperdicios) seguirá creciendo. Por eso el consumo responsable tiene un papel importante en la economía circular. Y los actores de cambio deben ser tanto los consumidores de un teléfono como las marcas que están promoviendo su consumo acelerado. 

Qué está haciendo Google

Google, en su funcionamiento interno, ya aplica algunas de las “leyes” de esta economía circular, mismas que incluyen la calidad de vida. Por eso, los edificios de sus domicilios alrededor del mundo están construidos con materiales que no son tóxicos, como sí lo es el asbesto, el cual ha tenido que ser reemplazado en cientos de ciudades, provocando un gasto gigantesco de recursos. Además, en una economía circular, las posibilidades que brinda la tecnología digital que Google genera pueden aprovecharse de maneras novedosas, por ejemplo, en apps que ayuden a calcular la comida en restaurantes y evitar desperdicios, como LeanPath, producida por Google e Ikea.

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Lo próximo que Google hará será que esta tecnología sea de más fácil acceso para más habitantes de las ciudades, y pondrá el ejemplo de distintas formas de economía circular, por ejemplo, en la construcción de edificios sustentables, y en el propio funcionamiento interno de su compañía, lo que implica

“construir principios en la fábrica de Google, en su infraestructura, sus operaciones y su cultura” 

Estos amplios objetivos que nos comparten en la página de la fundación aliada, Ellen Macarthur, buscan irradiarse más allá de los confines de Google como compañía, e impactar en los centros urbanos donde estén instalados. 

Sin embargo, se deben seguir planteando otros objetivos fundamentales, como la repoblación del campo, sin lo cual las ciudades no podrán sobrevivir de manera autónoma, ni siquiera bajo la economía circular. Pero al parecer, y con el papel fundamental que en esto juegan compañías como Google, vamos por buen camino.

Si quieres conocer un poco más, te recomendamos ver este pequeño video de 15 minutos:

 

¿Tú qué opinas?

 

*También en Ecoosfera: ¿Qué viene después del capitalismo? 5 esperanzadoras alternativas



Una dieta basada en la carne contamina más que un automóvil: estudio

La res, de hecho, parece generar un mayor impacto que los demás como seres vegetarianos y rumiantes; es decir, ese animal es menos eficiente con lo que consume.

Existen cuantiosas razones por las que una persona toma la decisión de adquirir un estilo de vida más ecológica e, inclusive, vegetariano (o vegano). A veces puede surgir por una motivación de salud; en otras, por una preocupación por el medio ambiente. De modo que, a la hora de adquirir este estilo de vida, debemos realizar investigaciones en fuentes confiables para tomar las decisiones correctas.

Entre las investigaciones más contundentes al respecto, y probablemente la que cuenta con la fuerza suficiente para cambiar nuestro estilo de vida, es el del profesor Gidon Eshel, del Bard College en Nueva York (EE.UU.). En este estudio se descubrió que la carne del ganado (principalmente, de las vacas) genera un mayor impacto negativo en el medio ambiente que la del pollo o del puerco, e inclusive que el uso de un automóvil.

Y es que, de acuerdo con The Guardian, una dieta con base en el consumo de carne de res produce el doble de emisiones de gas metano. De hecho, de acuerdo con un estudio realizado en la Universidad de Oxford, donde se analizaron las dietas de 30 000 carnívoros, 16 000 vegetarianos, 8 000 consumidores de pescado y 2 000 veganos, una dieta rica en carne (dígase, consumir alrededor de 100 gramos al día), resulta en 7.2 kg de emisiones de dióxido de carbono; mientras que, en contraste, una dieta con base en vegetales y pescado, generan sólo 3.8 kg de CO2 al día; y, finalmente, las dietas veganas sólo producen 2.9kg.

Para Eshel, la agricultura es una de las principales causas del calentamiento global, provocando el 15 por ciento de todas las emisiones de gas metano. Actualmente existen cantidades exuberantes de grano y agua para criar al ganado, cuando hay una creciente preocupación de que, para el 2050, haya 2 miles de millones de personas necesitando esa cantidad de alimento. En consecuencia, las personas cada comen menos carne de res con el fin de ayudar al medio ambiente, o preservar el stock de granos. Entonces, ¿cuáles son las consecuencias en el medio ambiente?

El equipo de Eshel analizó cuánta cantidad de tierra, agua y fertilizante de nitrógeno se necesitaba para criar a las reses en comparación de los pollos, puercos, huevos y producción diaria. La res, de hecho, parece generar un mayor impacto que los demás como seres vegetarianos y rumiantes; es decir, ese animal es menos eficiente con lo que consume: “Sólo un minuto de fracción del alimento consumido por la res se va directamente al flujo sanguíneo, perdiendo entonces gran parte de la energía.” En otras palabras, al alimentar al ganado con grano, en vez del pasto, exacerba su ineficiencia, provocando huellas que dañan al medio ambiente.

De acuerdo con el profesor de Tim Benton, de la Universidad de Leeds, la intervención más importante para reducir la huella de carbono es, más allá de abandonar los automóviles, comer menos carne roja: “En otro estudio reciente se explica que la intervención más fuerte para liberar las calorías que podría usarse para alimentar a personas, es dejar de alimentar al ganado con semillas y granos.” Pero, por supuesto, se trata de un tema muy controversial.

Se trata realmente de un mensaje importante, el cual se deberá prestar atención en caso que se desee mejorar la eficiencia de la producción y, así, reducir los impactos ambientales. Para el profesor Mark Sutton, del Centre for Ecology and Hydrology del Reino Unido, se trata realmente de que: “EE.UU. y Europa usan una cantidad excesiva de tierras en sistemas de ganado ineficientes; mientras que la tierra fértil es de alta calidad, se usa principalmente para alimentar animales y no humanos.”