2 semanas en la selva afectan positivamente el sistema digestivo de los niños (Estudio)

Según este estudio, una alimentación natural (sin grasas ni harinas) tiene efectos positivos a corto plazo.

En un estudio se encontró que una breve temporada en la selva puede cambiar positivamente el microbioma estomacal de los niños. En las ciudades, la alimentación de los niños produce una diversidad reducida de las “bacterias buenas” del intestino; pero en los niños que viven en zonas selváticas, y por lo tanto tienen una alimentación sin añadidos artificiales, el microbioma tiene una mayor diversidad, lo que beneficia su desarrollo y salud en la adultez.

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La investigadora María Gloria Domínguez-Bello, del Departamento de Bioquímica y Microbiología de la Universidad Rutgers en New Brunswick, llevó a un grupo de siete turistas de diversas edades a pasar 16 días con la comunidad yekuana, habitantes de las selvas de Bolívar, en Venezuela.

Antes, durante y después de su inmersión, los investigadores tomaron muestras de la piel, la mucosa nasal y bucal y las heces de los siete niños y adultos que participaron en el estudio. También tomaron muestras de miembros de los yekuana que coincidían en edad.

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Los turistas se sometieron a la misma alimentación que los yekuana, basada en fibra dietética con altos niveles de carbohidratos vegetales, así como bajos niveles de azúcares solubles y grasa. Según investigaciones previas en zonas rurales, este tipo de alimentación favorece una mayor diversidad del microbioma, lo cual contribuye positivamente a mantener la salud del colon y el tracto digestivo en general.

Al término del estudio se compararon las muestras de los turistas con las de los pobladores yekuana, y se llegó a la conclusión de que el microbioma de los niños mostró una mayor diversidad de bacterias positivas; sin embargo, el microbioma de los adultos no mostró cambios sustanciales.

 

Diferencias de alimentación en la selva y la ciudad

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Los científicos creen que la mayor estabilidad del microbioma adulto es una “ventana etaria” que ocurre en etapas tempranas del desarrollo. Una alimentación sana y variada en los niños los volvería más resilientes a infecciones y enfermedades, pues si alguna de las 300-500 especies de bacterias del estómago es eliminada por alguna razón, puede que la mayor diversidad permita que otra tome su lugar.

¿Esto quiere decir que debemos mudarnos a la selva para adquirir mayor diversidad de bacterias buenas? No necesariamente. Según Rodríguez-Bello, “en las sociedades urbanas tenemos la ilusión de una alimentación altamente diversa, porque tenemos diversidad sensorial. Por ejemplo, el pan, la pasta, el pastel, etc., se perciben como diversos, pero son variaciones de lo mismo, harinas y aceites procesados”. Pero, por otra parte, “los vegetales y frutas no procesados tienen una alta diversidad química, y una alta diversidad de sustratos que llegan al colon [y] sirven como alimento a gran variedad de bacterias”. Aquí hay algunas sugerencias para tener un microbioma más sano.

Posteriores estudios pretenden demostrar que una mayor diversidad de bacterias en el organismo puede prevenir enfermedades como la diabetes, la obesidad, e incluso la depresión.



El segundo genoma: hay más microbios en tu cuerpo que células humanas

Los genes de las bacterias, virus, hongos y otros microorganismos del microbioma superan por mucho el número de genes humanos en “nuestro” cuerpo.

Tal vez sea un golpe al ego de la humanidad, pero el cuerpo humano está en desventaja con respecto a las bacterias, de acuerdo con numerosas investigaciones. Y es que, según los más recientes estimados, las células humanas conforman apenas el 43% de las células de nuestro cuerpo.

El 57% restante son bacterias, virus, hongos y microorganismos arcaicos conocidos como arqueobacterias.

Aunque el sentido común nos enseñó que los virus y las bacterias provocan enfermedades (lo que es cierto, claro), este cúmulo de microorganismos no humanos que nos habita es esencial para nuestra salud.

En una entrevista con la BBC, el profesor Rob Knight de la Universidad de California en San Diego, afirmó tajantemente: “Eres más microbio de lo que eres humano”, pues las células de otros microorganismos son mucho más numerosas que las nuestras.

 

El segundo genoma

Sin embargo, esto no es lo más increíble. El genoma humano se compone de unos 20,000 genes, cada uno de los cuales contiene instrucciones sobre cómo está constituido el cuerpo de cada uno de nosotros.

Pero existe un segundo genoma, compuesto por los genes de cada uno de los organismos que componen el microbioma. Si tomamos en cuenta dicho genoma, da un total de entre 2 y 20 millones de genes no humanos.

La importancia de este segundo genoma aún está siendo estudiada, pero el profesor Sarkis Mazmanian, de Caltech, afirma que su función es “aumentar la actividad del nuestro”. Y añade:

Lo que nos hace humanos, en mi opinión, es la combinación de nuestro ADN con el ADN de los microbios de nuestro intestino.

Este nuevo entendimiento del cuerpo humano como una mezcla simbiótica de distintos organismos podría tener importantes repercusiones en el futuro, no solamente en nuestra salud (aunque ya se investiga el impacto del microbioma en enfermedades como el Alzheimer, por ejemplo) sino también en nuestra concepción filosófica de lo que es ser humano.

Si nuestro cuerpo no es completamente “nuestro”, ¿debemos comenzar a pensarnos como pequeñas colonias de microorganismos? ¿como transportadores gigantes de bacterias? En todo caso, tal vez la evolución no nos dotó a los humanos de microbiomas, sino que dotó a los microorganismos de recipientes capaces de alimentarlos y albergarlos, tal vez mientras encuentran mejores formas de sobrevivir y prosperar

 

* Imagen principal: bbsrc.ukri.org



¿Las bacterias podrían fungir como un poderoso antidepresivo?

La bacteria “mejoró significativamente la calidad de vida del paciente”: los pacientes estaban más felices, expresaban mayor vitalidad y gozaban de un mejor funcionamiento cognitivo.

En Ecoosfera hemos hablado acerca de los poderosos beneficios del microbioma, el conjunto de bacterias que habitan en nuestro sistema digestivo y son capaces de regular el funcionamiento mental de un individuo. Existen alimentos que promueven la salud del microbioma, como los probióticos; sin embargo, poco se sabía del injerto de microbios del suelo en los cuerpos humanos. 

De acuerdo con un estudio realizado por Mary O’Brien –oncóloga del Royal Marsden Hospital, en Londres– en 2004, la inyección de microbios en el cuerpo es capaz de restablecer la relación ancestral entre bacterias y humanos. En su investigación, O’Brien inyectó una bacteria de suelo llamada Mycobacterium vaccae en pacientes con cáncer de pulmón, y los resultados fueron inesperados: el microbio no sólo ayudó al organismo a luchar contra una tuberculosis pulmonar resistente a fármacos, sino que también potenció la reacción del sistema inmunológico. Es decir que si bien no redujo los síntomas del cáncer, la bacteria “mejoró significativamente la calidad de vida del paciente”: sus pacientes estaban más felices, expresaban mayor vitalidad y gozaban de un mejor funcionamiento cognitivo. 

Ahora, unos años después, Christopher Lowry, un neurocientífico de la Universidad de Bristol, inyectó M. vaccae en ratones con niveles altos de estrés. A lo largo de su investigación, Lowry encontró que los ratones con la bacteria mostraban una conducta más resistente y tolerante al estrés. El investigador comparó el efecto de la bacteria con un antidepresivo, pues los cerebros de los ratones a los que se les había administrado la inyección producían mayor cantidad de serotonina y desarrollaron una mayor fortaleza en el sistema inmunológico. Esto ayudó a relacionar el sistema inmunológico y la salud emocional. 

Si esta evidencia es comprobada con estudios más específicos, esto ayudaría a reducir la incidencia de enfermedades como asma y alergias. Curiosamente, los niños que se encuentran en granjas –que pasan su tiempo en establos con animales y beben leche de granja– cuentan con una mayor resistencia a este tipo de enfermedades que niños que habitan en ciudades, lejos de este tipo de bacterias que fortalecen al sistema en general. 

 

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