TOP: ¿son estas las 7 flores más extrañas (e inesperadamente bellas) del planeta?

Las plantas dan vida, las flores belleza pero estos 7 extraños organismos nos llenarán de asombro.

La primavera ha llegado y el cambio en las temporadas es muy evidente en la naturaleza. Ya no habrá más días cortos y nublados, en cambio habrá sol, calor y flores por doquier. Para celebrar la enorme biodiversidad, y quizá para fomentar su protección les presentamos una serie de fotos de las 7 flores que consideramos las más exóticas del planeta:

Rafflesia Arnoldii: llega a pesar casi 7 kilos y medir hasta un metro. Esta flor es la flor individual más grande del mundo y crece solamente en la selva de Borneo. Sus grandes pétalos son de un color anaranjado quemado con pústulas blancas. Cómo si su tamaño y color no fueran lo suficiente llamativos también emite un olor fétido que ha hecho que sea conocida localmente como “la flor cadavérica”. Debido a las disrupciones por parte de turistas y la deforestación se cree que la proliferación de la flor ha sido amenazada.

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 Mimosa Pudica: es una hierba que no destaca por su apariencia pero sí por su comportamiento tímido. Al tocarla, sacudirla o acercarle algún objeto caliente la planta se cierra cómo si no quisiera ser tocada. Científicos creen que el fenómeno se debe a que las hojas de la planta tienen una especie de bolsa con fluido, al estimular la planta de alguna manera el agua y los iones de las hojas pasan a la bolsa, perdiendo su rigidez.

Simplocarpus Foetidus: esta fétida planta originaria de América del Norte huele a zorrillo y es capaz de calentarse sola, un atributo generalmente asociado a animales de sangre caliente. Científicos piensan que sube la temperatura de su organismo para atraer a animales polinizadores. La planta crece hacia abajo y al morir se convierte en una baba negra que es absorbida por la tierra.

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Hydnora Africana: Oculta en la región desértica del Sur de África es fácil confundir a esta planta parasítica con la cabeza de una serpiente, esto se debe a que solo una parte de la planta se encuentra en la superficie, mientras que el resto, una red de raíces se encuentra conectada a la Euphobira. Después de florecer y ser polinizada, la flor se convierte en una fruta comestible.

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Amorphophallus titanum: Esta enorme planta llega a alcanzar una altura que supera los 3 metros, y un diámetro de más de un metro. Esta flor crece solo en el oeste de Sumatra y le puede llevar hasta 6 años florecer.  Lo interesante de esta flor es que es mucho más de lo que aparenta, ya que por dentro hay muchas pequeñas flores esperando a ser polinizadas.

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Tacca Chantrieri: También conocida como la Flor Murciélago Negro (porque parece un quiróptero), es una  llamativa flor de color morado y negro. Cuenta con bigotes que alcanzan los 70 centímetros de largo y sólo crece en el sureste de Asia en tierra porosa en climas húmedos.

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Dracunculus Vulgaris: Esta flor de origen Europeo llega a medir más de un metro y se desenvuelve desde una inflorescencia. Lamentablemente, a pesar de ser muy bella con pétalos de un hermoso y característico púrpura la flor huele a carne podrida y es altamente venenosa.

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[Sierra]

 

 



Una planta es sensible: puede morir si le hablas mal o no la respetas (Video)

Un interesante experimento echa luz sobre el poder de las palabras y cómo las plantas reaccionan a ellas.

Las plantas perciben el mundo. Sólo que lo hacen de una manera radicalmente diferente a nosotros . No tienen el cerebro arriba, sino abajo: en sus raíces, que funcionan de manera similar a nuestras neuronas. Ahí se concentra la energía que las estimula y que hace posible que perciban el exterior.

Biólogos de todo el mundo han comprobado que, a su manera, las plantas funcionan como cualquier otro ser vivo. Desde los años 60 del siglo XX se ha estudiado la sensibilidad de las plantas, de maneras quizá más “rupestres” si las comparamos con la tecnología con la que actualmente contamos. Pero esto ha llevado a descubrir que las plantas, como otros animales, buscan nuevos territorios, se camuflan, engañan a sus presas e incluso tienen dispositivos de supervivencia.

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Pero dichos estudios, como los expuestos en el ensayo La vida secreta de las plantas, han sido puntos de partida clave para ahondar en el fascinante e inédito mundo botánico, y comprender que muy probablemente los seres humanos no somos los únicos dotados de conciencia.

 

Las plantas sienten el bullying

Un experimento de la compañía sueca IKEA, que ha trabajado junto con una agencia con base en Dubái, muestra algo muy interesante: las plantas responden al estímulo de las palabras, o más concretamente, al bullying.

Se trata de una campaña contra el bullying que demuestra cómo esta nociva práctica puede afectar incluso a los seres del reino vegetal. Sin tomar en cuenta la veta publicitaria del experimento, lo cierto es pone sobre la mesa mediáticamente la sensibilidad de las plantas, que por tanto tiempo se ha negado o matizado.

En el citado libro La vida secreta de las plantas se documenta un caso similar: un par de científicos pusieron a prueba dos hojas arrancadas de un arbusto. A una se le enviaron pensamientos positivos para que se mantuviera con vida, mientras que la otra simplemente no era tomada en cuenta. A las pocas semanas, la hoja a la que se le mandaban pensamientos positivos se mantenía verde y sana, mientras que la otra ya estaba marchita.

Este experimento comprueba algo parecido. Quizá los niños que “bullean” a la planta no lo hacen con una verdadera intención de odio, pero es probable que, como nosotros, las plantas no soporten el odio, ni siquiera si es simulado. Sea como sea, este experimento abre interesantes preguntas que esperamos que la comunidad botánica y otros científicos de todo el mundo se esfuercen por responder, para que comencemos a tomarnos más en serio a las plantas (pues verdaderamente son algo más que ornamentación para el hogar).



Déjate seducir por la fantasmagórica flor de cristal 

También llamada flor fantasma o flor esqueleto, esta es sin duda una de las especies más insinuantes y elegantes del mundo vegetal.

Siempre habrán flores para aquel que quiera verlos.

Henri Matisse

Las flores han acompañado milenariamente al ser humano –como también lo han hecho sus fantasmas–. Su presencia aferrada, casi ubicua, ha demostrado una notable capacidad para evocar sensaciones y sentimientos, para despertar ritos o para simplemente aderezar la existencia. Pero por más que hayamos intimado históricamente con ellas, su diversidad es tal que quizá jamás dejen de sorprendernos.

La flor de cristal (Diphylleia grayi ), también llamada flor esqueleto, es un ejemplo perfecto de esto último. Originaria de regiones montañosas de Japón y China, presume una insinuante cualidad: al contacto con el agua se vuelve translucida; posteriormente, cuando se seca, recobra su cobertura blanca. Esta elegante dinámica le ha valido, entendiblemente, un lugar especial en el imaginario floral.

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Las Diphylleia grayi alcanzan alrededor de 40 centímetros de altura, y además de la blancura o transparencia de sus flores, destacan por la amplitud de las hojas, en forma de paraguas, que rodean sus tallos.    

Como suele suceder con las alhajas más preciadas de cualquier tesoro, la flor de cristal está particularmente resguardada –ya que solo crece en zonas de frío extremo–, lo cual dificulta tener un encuentro con ella. Pero más allá de que la mayoría de nosotros tal vez dejaremos este mundo sin haber entrado en contacto con una Diphylleia grayi, su sola existencia, aún distante, es un hermoso recordatorio: la naturaleza alcanza grados de exquisitez casi inconcebibles y, generosamente, nos ofrece su inabarcable repertorio de delicias.

Nosotros, los seres humanos, compartimos el camino con flores y fantasmas, con auroras boreales o insinuantes formaciones rocosas; a cambio, solo tenemos que abrirnos a percibirlas y, entonces, la vida no será la misma. Somos afortunados.