Los 14 árboles más sanadores al abrazarlos, según el tao

La energía que emana de cada tipo de árbol tiene numerosos efectos en tu bienestar.

Intuitivamente, sabemos que los árboles son poderosos, que ejercen una influencia especial en nosotros y que tienen un cierto drala (el espíritu de las cosas en el budismo tibetano; es decir, el espíritu de todas las cosas). Los árboles han sido usados como metáforas a lo largo de la historia por su esencia protectora y maternal. Esta tradición es una expresión poética de la parte estética y sensible del ser humano, en la que filosofías como la taoísta han ahondado. 

En sus libros sobre el tao, los autores Mantak Chia y Maneewan Chia proponen diversos hallazgos sobre los distintos árboles y su capacidad sanadora; por ejemplo, exponen que los árboles grandes contienen naturalmente más energía. También llegan a conclusiones más insospechadas, como que entre los árboles más poderosos se encuentran aquellos que crecen junto al agua corriente.

El sitio Ecoportal hace un interesante recuento de los árboles que, según ciertas tradiciones, conservan propiedades más sanadoras según los principios de la energía chi (la fuerza vital que anima las formas del universo) o jing (el flujo vital en nuestro organismo humano). Además, no debemos olvidar que el contacto con un espacio verde, incluso si es urbano, es muy benéfico para la salud.

 

1. Pinos

Los pinos irradian mucha energía chi, la cual nutre la sangre, fortalece el sistema nervioso y contribuye a prolongar la vida. Son los árboles inmortales y han sido objeto de gran veneración en la cultura china y japonesa.

 

2. Cipreses

Estos árboles reducen el calor y nutren la energía yin.

 

3. Sauces

Los sauces liberan la humedad excesiva en el cuerpo, reducen la tensión sanguínea y fortalecen el aparato urinario y la vejiga.

 

4. Olmos

Este tipo de árbol tranquiliza la mente y fortalece el estómago.

 

5. Arces

Persiguen los vientos malsanos (concepto del taoísmo para designar a la energía chi cuando se ve afectada) y mitigan el dolor.

 

 6. Acacias blancas

Disminuyen el calor interno y equilibran la temperatura del corazón.

 

7. Higueras de Bengala

Limpian el corazón y ayudan a eliminar la humedad del cuerpo.

 

8. Canelos

Favorecen la buena salud del corazón y el abdomen.

 

9. Abetos

Eliminan los moretones, reducen la hinchazón y curan los huesos rotos más rápido.

 

10. Espinos

Mejoran la digestión y reducen la presión sanguínea.

 

11. Abedules

Eliminan el calor y la humedad del cuerpo para desintoxicarlo.

 

12. Ciruelos

Alivian el estómago y el páncreas, y tranquilizan la mente.

 

13. Higueras

Favorecen un buen funcionamiento del sistema digestivo y regulan la temperatura del cuerpo.

 

14. Ginkgos

Mejoran la salud urinaria.



¿Son estas las fotografías más (oscuramente) bellas de árboles?

Desde los lagos de Hokkaido hasta los bosques de Abruzzo, Michael Kenna ha recorrido bellísimos paisajes del mundo para fotografiar a estos guardianes silenciosos.

En el sentido más amplio, el árbol representa la vida del cosmos en perpetua generación y evolución, pero sus significados más comunes son muchos: verticalidad, eje o centro del mundo, cariátide que une el cielo y la tierra, ciclicidad de los períodos estacionales, de la vida, muerte y regeneración.

Los árboles están en comunicación con los cuatro elementos: el agua circula por su savia, la tierra se integra en su cuerpo a través de las raíces, el aire nutre sus hojas y el fuego brota de su frotamiento.

Y para el fotógrafo Michael Kenna, los árboles también representan la paciencia, y la constancia es uno de sus motivos más perdurables. Sus patrones y estructuras de abstracción le atraen fuertemente.

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Kenna ha dicho que su trabajo es como un oasis en un mundo que se mueve demasiado rápido, y que busca proporcionar momentos de calma o soledad para el espectador. El fotógrafo trabaja exclusivamente en blanco y negro, un estilo que iguala con el minimalismo de la poesía haiku.

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La técnica de Michael Kenna que lleva a la contemplación

Muchas de las tomas de Kenna implican largas exposiciones de 10 horas o más, lo que subraya su relación con el tiempo y la espera. Kenna le dijo al periodista y fotógrafo Graeme Green lo siguiente:

Es un lujo no tener que hacer algo. Pararse, mirar, experimentar y no tener siempre una agenda ocupada y un horario lleno. Te permite dar vueltas en la mente.

Kenna es considerado uno de los fotógrafos de paisaje más importantes del mundo y es conocido por el enfoque enfáticamente analógico de su trabajo. Usualmente retratadas en una cámara de formato medio Hasselblad, las imágenes de Kenna, aunque siempre carentes de personas, se pueden ver como una especie de retrato.

“Acercarme al objeto para fotografiar es como conocer a una persona y comenzar una conversación”, señaló Kenna a Aperture Academy en el 2013.

Los árboles significan la vida eterna, y es curioso pensar que hay árboles que viven más de mil años y parecen prácticamente inmortales para los seres humanos. Haz una pausa y contempla en calma a estos silenciosos guardianes.

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Aprende a escuchar a los árboles: un recordatorio de Hermann Hesse

“Quien ha aprendido a escuchar a los árboles, ya no desea ser un árbol. No desea ser más que lo que es”.

Hermann Hesse fue realmente un genio transhistórico: su obra prescinde de todo espacio y tiempo concreto; la sensibilidad que caracteriza a su prosa es vigente en todo momento y lugar. Así también lo es su tributo literario a la naturaleza, específicamente a los árboles: esos milenarios habitantes del planeta.

La prosa arbórea de este lúcido escritor alemán es esencialmente revitalizadora. Nos recuerda la importancia de activar nuestros sentidos para volver a sentir a la naturaleza. Porque para Hesse la naturaleza tenía que ser plenamente captada por nuestros sentidos. Admirarla puede hacernos recuperar esos pequeños placeres que la vida moderna nos ha hecho dejar de lado. Pero más allá de placer, la naturaleza es también una fuente inagotable de sabiduría. Y para Hesse, los árboles constituyen los grandes santuarios de los ecosistemas:

En sus copas –escribe Hesse en su ensayo El caminante– susurran el mundo, sus raíces descansan en lo infinito, pero no se pierden en él, sino que persiguen con toda la fuerza de su existencia una sola cosa: cumplir su propia ley, que reside en ellos, desarrollar su propia forma, representarse a sí mismos.

Las raíces, las marcas singulares, el tacto de la madera, son todos una cartografía implícita en los árboles, la cual nos narra la historia del mundo:

En los cercos y deformaciones están descritos con facilidad todo su sufrimiento, toda la lucha, todas las enfermedades, toda la dicha y prosperidad, los años frondosos, los ataques superados y las tormentas sobrevividas.

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Para Hermann Hesse había, por ello, que escuchar a los árboles. Entablar un diálogo de serenidad con estos sabios guardianes del equilibrio terrestre:

Quien sabe hablar con ellos, quien sabe escucharles, aprende la verdad. No predican doctrinas y recetas; predican indiferentes al detalle, la ley primitiva de la vida.

Finalmente, según Hesse, quien aprende de los árboles ya no desea ser un árbol. Comprende que simplemente se es lo que se es. Que nuestro cuerpo –o tronco– es una morada sagrada:

Cuando aprendemos a escuchar a los árboles, la brevedad, rapidez y apresuramiento infantil de nuestros pensamientos adquieren una alegría sin precedentes. […] Ese es el hogar. Eso es la felicidad.

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Este tributo a los árboles que Hesse elabora con plena sencillez y entrega engarza profundamente con las creencias de milenarias tradiciones, entre las cuales se encuentra el taoísmo.

En la tradición taoísta los árboles son vistos como fuente de vibraciones energéticas benéficas, que nos son transmitidas a través de los sentidos. Tocar o abrazar a los árboles es por eso vital en la práctica tao: un leve contacto con ellos nos transmite los atributos de la energía solar, de la tierra y el aire. Por eso el taoísmo catalogaba incluso el tipo de chi que cada árbol nos puede prodigar. 

Lo que nosotros te podemos recomendar plenamente es que sigas el consejo de Hesse y escuches a los árboles. Ellos te dirán que aquietes el pensamiento, te proveerán de serenidad y te recordarán que más allá de los muros de concreto o de las pantallas digitales existe un mundo natural que puedes experimentar con todos los sentidos.

Los árboles te ayudarán, así, a echar raíces en lo que de verdad importa.