No es un superhéroe, pero cada temporada de lluvias salva a una de las ciudades más grandes del planeta. Julio César Cu, un hombre de 62 años, es el único buzo de aguas negras del mundo, y su misión es tan increíble como repulsiva: sumergirse en los drenajes de la Ciudad de México para evitar colapsos, inundaciones y tragedias. Lleva cuatro décadas trabajando en completa oscuridad, sin ver más que sombras en el fango. ¿La razón? “Hay que estar loquito”, dice él. Pero gracias a su locura, más de 22 millones de personas pueden dormir un poco más tranquilas.

Julio César Cu, el único buzo de aguas negras del planeta
Julio César no eligió este trabajo; el trabajo lo eligió a él. Hijo de migrantes mayas que buscaron una vida mejor en la capital mexicana, soñaba con ser militar. Pero tras no lograr entrar al Ejército, se convirtió en instructor de natación. En 1983, un amigo le habló de una vacante “relacionada con el buceo” en el sistema de aguas de Ciudad de México. En su primera inmersión, en la planta Gran Canal, el hedor era tan fuerte que casi vomita. El agua estaba cubierta de toneladas de basura, materia fecal y residuos industriales. Pero, en lugar de escapar, se hundió… y no ha salido desde entonces.

Desde hace más de 40 años, trabaja entre desechos, grasa, químicos y, a veces, cadáveres humanos. No los cuenta con exactitud, pero calcula que ha topado con entre 15 y 20 cuerpos sin vida. Su labor incluye revisar y mantener más de 80 plantas de bombeo, intervenir en emergencias las 24 horas y liberar bloqueos que podrían colapsar el sistema de drenaje.
Trabajar a ciegas: entre jeringas, vidrios y electrodomésticos
Bajo las calles de Ciudad de México hay un universo oculto: un laberinto de túneles, basura y peligro. Allí es donde Julio César se convierte en buzo. Antes de cada inmersión, se persigna y se fuma un cigarro. Luego se enfunda en un traje especial importado desde Noruega, completamente sellado, que lo protege de los residuos más peligrosos. Todo lo hace a ciegas. Las aguas son tan oscuras que no se ve absolutamente nada. “Todo es al tacto”, explica.

Usa sus manos para orientarse entre tubos estrechos y capas de desechos, como si caminara en la más absoluta oscuridad, con el riesgo constante de cortarse y quedar expuesto a infecciones graves. Además de basura común, ha encontrado de todo: sofás, partes de autos, alfombras, electrodomésticos y cientos de cubrebocas desde la pandemia. Pero lo más impresionante es su temple: sigue bajando al drenaje incluso después de vivir un terremoto de magnitud 7.4 a 15 metros bajo tierra.
Salvar a una ciudad desde las profundidades
¿Sabías que si Julio César dejara de trabajar solo unos días, la Ciudad de México colapsaría con inundaciones? Su trabajo es silencioso, invisible y muchas veces ignorado. Pero es fundamental. En temporada de lluvias, puede desbloquear una planta en horas, mientras a otros equipos les tomaría semanas. Si una bomba se daña por exceso de basura, él prefiere bucear y arreglarla en el lugar, evitando que el problema escale.

Aunque existen buzos industriales en aguas contaminadas, ninguno se adentra por coladeras en aguas negras sin visibilidad como él. Por eso se ha ganado el respeto de su equipo, de ingenieros, y recientemente del Congreso capitalino, que le rindió homenaje por sus 40 años de servicio. Pero su legado enfrenta un problema: nadie quiere reemplazarlo. ¿Los requisitos? Ser buen buzo, no tener miedo a la oscuridad, saber trabajar con las manos y estar “tan loquito como yo”.
Basura, cultura y el futuro del drenaje en CDMX
Más allá de lo extremo de su trabajo, Julio César lanza una advertencia clara: el mayor enemigo no está bajo tierra, sino sobre ella. La falta de cultura ciudadana y el hábito de tirar basura en la calle son las principales causas de los bloqueos. La Ciudad de México genera más de 13,000 toneladas de basura diarias, y una parte significativa termina en los drenajes. Sin cambios reales en la conciencia ciudadana, ni siquiera un héroe como Julio podrá sostener la carga por siempre.

Julio César Cu es mucho más que un buzo: es el guardián invisible de una ciudad que apenas sabe que existe. Su historia no solo es impresionante por lo que enfrenta cada día, sino por el profundo compromiso que ha demostrado por más de 40 años. No busca fama ni aplausos. Solo quiere seguir haciendo su trabajo mientras el cuerpo aguante. En un mundo donde muchos buscan comodidad y reconocimiento, hay quienes, como Julio, se sumergen en la oscuridad para sostener lo que los demás damos por hecho.




