Estrenan documental de la mujer que vivió 40 años con chimpancés

Las sociedades y la naturaleza tejen la evolución: esta es la historia de Jane Goodall y los chimpancés salvajes.

Las posibilidades de comunicación entre mujeres, hombres y naturaleza son infinitas. Este es básicamente el mensaje que personajes como Jane Goodall trasmitieron a través de historias épicas en armonía con el entorno salvaje

Recientemente National Geographic lanzó un documental de la vida de esta mujer, quien vivió durante 40 años en compañía de chimpancés en África. El documental incluye más de 100 horas de grabación de los primeros viajes de Jane en esta región del planeta. 

National Geographic (NG) contactó al director de cine Brett Morgen para realizar un documental sobre la extraordinaria historia de Jane Goodall, una concervacionista que vivió durante 40 años con chimpancés, en una época en la que las mujeres apenas comenzaban a abrirse paso en el mundo de la ciencia.

Para Brett Morgen fue una sorpresa ser convocado, porque sus protagonistas anteriores habían sido Kurt Cobain (Cobain: Montage of Heck), el productor de cine Robert Evans (The Kid Stays in the Picture), The Police (Can’t Stand Losing You: Surviving the Police) y los Rolling Stones (Crossfire Hurricane), nunca una científica notable con un pasado extraordinario en Tanzania.

Con música original de Philip Glass, este es el largometraje más íntimo que se ha hecho sobre esta mujer que a los 26 años salió de Reino Unido con unos binoculares, gran dedicación, afinado olfato y conocimiento empírico.

El primer descubrimiento que hizo Jane en los años 60 fue documentar y probar que los chimpancés podían usar herramientas para lograr sus objetivos, algo que no se sabía entonces, y así continuaría como mujer pionera en expediciones de la vida salvaje.

Los seres humanos y los animales viven en comunicación; los exploradores se adentran en estas posibilidades infinitas de diálogo más allá de las palabras. 

 



La verdadera riqueza está en la Tierra: Rachel Carson en defensa del medio ambiente

Entrañables lecciones de la mujer que originó el movimiento ambiental.

Quien dio voz a la naturaleza por primera vez fue una mujer. Su nombre era Rachel Carson, y su libro, Primavera silenciosa (1960), sería el primer alegato ecologista: el primer llamado urgente contra la destrucción y la degradación de la vida. Pero ya en 1953, esta bióloga y escritora estadounidense sabía que ese silencio primaveral tenía que romperse, y a ello dedicó su vida y trabajo desde entonces.

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Este libro ­(por el que “toda la humanidad está en deuda con ella”, según aseguró un senador de EEUU en 1964 tras la muerte de Carson) era, en principio, una especie de cuento. Con maestría, Carson recurrió, en las primeras hojas de Primavera silenciosa, al recurso de la narrativa: en su historia, la primavera se estaba quedando en silencio poco a poco, pues debido a los cambios que las industrias estaban provocando en los ecosistemas, la fauna estaba desapareciendo:

Entonces un extraño agostamiento se extendió por la comarca y todo empezó a cambiar. Algún maleficio se había adueñado del lugar […] Era una primavera sin voces.

 

Racionalidad económica (e irracionalidad ecológica)

Así comenzaba el “cuento” de Carson. Y así comenzó el ecologismo, con una primera defensora, menuda pero incansable. Carson, al momento de escribir Primavera silenciosa, ya estaba enferma de cáncer, como efecto, precisamente, de aquello que denunciaba: la racionalidad económica estaba llevando a una irracionalidad ecológica por parte de los gobiernos, que en su afán de no perturbar la economía dejaban de lado al planeta, saqueando los recursos naturales y contaminando el ambiente con la liberación de grandes cantidades de productos químicos, cuyos efectos en el espacio y la salud aún no habían sido estudiados debidamente por la ciencia.

 

Una carta en defensa del medio ambiente

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Carson era parte de la primera agencia de conservación ambiental que se creó en EEUU: Fish and Wildlife Service, fundada en 1938. El gobierno republicano de aquel entonces remplazó a su visionario director (un científico apasionado por la conservación), y colocó a un político que convirtió los recursos naturales en una mercancía de mucho valor. Carson mandó entonces una carta –publicada en el libro Lost Woods: The Discovered Writing of Rachel Carson–, que se viralizó en los medios impresos de aquel entonces, cuyas palabras de resistencia son aún vigentes:

La verdadera riqueza de una nación reside en los recursos de la Tierra ­–suelo, agua, bosques, minerales y vida salvaje. Utilizarlos para las necesidades actuales mientras aseguramos su preservación para las generaciones futuras requiere un delicado balance y un programa continuo, basado en la investigación mas extensiva. La administración [de estos recursos] no puede ser una cuestión política.

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Estas poderosas palabras han resonado hasta hoy. Nada habría que cambiar en ellas si quisiéramos hacer un alegato contra las decisiones que el presidente Donald Trump ha tomado últimamente, como la salida de EUA de los Acuerdos de París contra el cambio climático. O más aún, si quisiéramos poner al descubierto las omisiones sobre la responsabilidad que sus transnacionales deberían tener en materia ambiental en todos los países, y que sin embargo no toman. Porque, como continúa Carson en la carta que escribió hace más de medio siglo:

Durante años, los ciudadanos han creído que el país ha estado trabajando en la conservación de los recursos naturales, dando a conocer su vital importancia para la nación. Aparentemente su progreso, tan duramente ganado, ha sido aniquilado, mientras una política dispuesta a la administración nos ha regresado a las oscuras épocas de la explotación y destrucción sin restricciones.

Carson termina este profuso alegato con palabras que, aunque entre líneas hablan de la Guerra Fría, resuenan portentosamente en nuestros días, como si fueran de una carta escrita ayer:

Es una de las ironías de nuestro tiempo que nos concentramos en la defensa de nuestro país contra los enemigos externos, cuando deberíamos estar atentos de aquellos que lo destruirán desde adentro.

racher-carson-escritora-movimiento-ambiental-conciencia-ecologismoRachel Carson demostró que las ideas, cuando tienen un firme propósito, pueden propagarse poderosamente durante décadas, o quizás para siempre. Y que, indudablemente, hay cosas que se tienen que decir, como aseguró al final de su vida:

Yo nunca podría volver a escuchar el canto de un tordo, si no hubiera hecho todo lo posible para persuadir a los lectores de la urgencia de su mensaje: estamos en un grave riesgo de alcance planetario.

Es arrobadora la manera en que el legado de esta bióloga sigue siendo pertinente, incluso más que antes. Ella no sólo provocó la creación de las instituciones ambientales que hoy conocemos, sino que nos demostró la valía de las acciones individuales. Lo que hagamos puede tener más alcance del que creemos: las acciones pueden traspasar fronteras espaciales y temporales, convirtiéndose en movimientos perennes, como la conciencia ambiental que esta mujer hizo colectiva y que hoy es indeleble.

 

*Referencias: Rachel Carson, 50 años de romper el silencio



Las fotografías de Albert Dros, un retrato íntimo del tiempo

Esta fascinante serie fotográfica nos muestra que viajar en el tiempo sobre un mismo espacio es posible.

El tiempo es una de las pocas cosas importantes que nos quedan, decía Salvador Dalí. En este sentido, la fotografía ocupa un lugar fundamental, pues nos ha permitido jugar con la apariencia de los objetos y los espacios, para recordarnos la omnipresencia del tiempo. Y aunque la fotografía se enfoca, en esencia, al retrato, resulta prácticamente imposible no dialogar por un instante con ese orden cósmico al que somos sensibles durante la existencia. 

Albert Dros, un reconocido y multipremiado fotógrafo holandés (quien ha publicado para National Geographic, entre otros medios) ilustra lo anterior en una serie de fotografías que tomó a un mismo paraje. Aunque el ángulo es el mismo, la hora del día y la estación del año varían en cada retrato, lo que hace a cada una lucir la belleza de la indumentaria natural bordada por el tiempo.

El camino retratado por Albert Dros evoca narrativas distintas al transitarlo con la vista. Pero en su conjunto, esta serie compone una especie de reflexión sobre la posibilidad de caminar mundos distintos, a pesar de que el espacio sea el mismo. Como un viaje en el tiempo. 

Por otro lado nos recuerda que la vida es un acumular de instantes. Cada momento, único e irrepetible, sólo sobrevive en la memoria, y es imposible que sea vivido nuevamente. No obstante, resulta infinitamente interesante constatar con su trabajo que ningún instante vuelve a ser igual al pasado, así haya transcurrido sólo un segundo…

Noche de otoño

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Verano

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Invierno

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Luces nocturnas

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Primavera

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Otoño

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Mañana de otoño

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*Imágenes: Albert Dros