Después de leer esto, querrás usar cada vez más canela en tus platillos

Incorporar un poco de canela a la dieta puede ayudar a enfriar al cuerpo hasta 2ºC, contribuyendo a la mejora de la salud en general.

Afrodisiaco, astringente y condimento milenial, la canela es realmente un ingrediente clásico para numerosos platillos y bebidas tradicionales en diferentes partes del mundo. ¿Cómo olvidar los platillos tradicionales en México, como el agua de horchata y el arroz de leche sin ese toque dulzón de canela? 

De acuerdo con una investigación realizada por científicos de la Escuela de Ingeniería de la Universidad RMIT en Melbourne, en Australia, concluyó que incorporar un poco de canela a la dieta puede ayudar a enfriar al cuerpo hasta 2ºC, contribuyendo a la mejora de la salud en general. 

Mediante el experimento, los investigadores recaudaron los datos de doce cerdos en cuatro secciones: el primero con alimentos de suplementos de 5 gr de canela al día y a una temperatura ambiente de 20ºC; el segundo, alimentos normales –sin canela– y a temperatura ambiente; el tercer, alimentos con 5 gr de canela al día y a temperatura ambiente de 35ºC; el cuarto, alimentos sin canela y a una temperatura ambiente con 35ºC. Y los resultados fueron sorprendentes: mediante cápsulas medidoras de gases, se demostró que la canela mantenía la integridad de las paredes del estómago de los cerdos –aún a temperaturas de sus estómagos hasta 2ºC más bajas que los cerdos–. Al realizar el mismo experimento sobre humanos, el efecto es similar. 

Por tanto, explican los especialistas australianos, la canela ayuda a enfriar el estómago para así reducir el ácido del estómago y la enzima digestiva pepsina, lo cual ayuda a su vez a mejorar el flujo de sangre alrededor de las paredes del estómago y a mejorar tanto la digestión como la salud intestinal. Inclusive se dice que la canela es una alternativa viable para casos con trastornos gastrointestinables. 

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¿Cómo mejorar el aprendizaje? Consejos de la neurociencia para lograrlo

De acuerdo con un reciente estudio de Nature Neuroscience, se requiere un poco de manipulación de los neurotransmisores, forzado por la práctica, para fortalecer el aprendizaje en el día a día.

El aprendizaje, junto con la atención y la memoria, ayuda al ser humano a desarrollar numerosas herramientas para la supervivencia y la cotidianidad. Y de acuerdo con un reciente estudio de Nature Neuroscience, se requiere un poco de manipulación de los neurotransmisores, forzado por la práctica, para fortalecer el aprendizaje en el día a día. 

Para los investigadores, el comprender el efecto del sobreaprendizaje sobre el desarrollo de un nuevo recurso, fue un proceso vital para un mejor entendimiento del cerebro. Para lograrlo dividieron en dos grupos a los voluntarios. 

El primero fue expuesto a ejercicios de aprendizaje sobre un tema, al haber mejoría en la habilidad en práctica tomaban un descanso de 30 minutos y regresaban para más ejercicios de aprendizaje sobre otro tema. Al día siguiente realizaban una post-prueba, en donde los individuos tenían buenos resultados en último tema practicado y pésimos en el primero. Estos resultados fueron como si el grupo no hubiese sido entrenado en nada.  En palabras de Takeo Watanabe, profesor de Ciencias Cognitivas, Lingüísticas y Psicológicas en Brown University, en EE.UU., y autor del estudio, “Cuando uno deja de entrenar inmediatamente después de haber adquirido una habilidad nueva, el área del cerebro asociada con esta habilidad aún es plástico”. Es decir, débil. El cerebro es flexible y se adapta en función del aprendizaje de nuevas herramientas; por lo que si uno se detiene justo después de haber adquirido una de ellas, el cerebro está en un estado plástico, en un estado “preparado-para-el-aprendizaje”, y absorberá la información del segundo conocimiento –y no del primero–. 

El segundo grupo practicó el tema por más tiempo y más repeticiones, un descanso de 30 minutos y un nuevo tema que aprender. Al día siguiente, en el post-test, los individuos obtuvieron mejores resultados en aquellos temas que pasaron un poco más de 20 minutos extras en practicar, sin que un tema pudiese interferir con el otro. 

De modo que aunque el primer grupo no “sobreaprendió”, tuvo un mejor resultado en el último tema; el segundo mostró un una mejoría global con un lapso mayor de práctica y aprendizaje. Para comprender las causas, Watanabe y sus colegas realizaron fMRI, escanografías del cerebro mediante el registro de oxígeno; es decir que requirieron ver las áreas cerebrales que se activaban usando más oxígeno, carbono y nitrógeno –traducido en la presencia de neurotransmisores– permitiendo deducir cuáles químicos incrementan en niveles durante el proceso de aprendizaje.

Fue así que repitiendo el experimento con la máquina MRS, con dos cambios principales –uno, que los dos grupos estarían entrenando la misma cantidad de veces sin el segundo entrenamiento; dos, antes y durante tanto del entrenamiento como la prueba se estaría escaneando la actividad cerebral. El resultado fue sorprendente: si uno no “sobreaprende”, el cerebro consigue niveles altos de glutamato-dominante –el cual facilita al cerebro a entrar en modo plástico o “preparado-para-el-aprendizaje”–; pero si se sobre carga de información, los niveles de glutamato disminuyen y los de GABA incrementan –encargado de estabilizar el cerebro–. Para Watanabe, “Si se sobreaprende la habilidad, el estado del cerebro cambia muy rápido de ser plástico a estable”, lo cual significa que el cerebro tiene más tiempo de “congelar” la habilidad previniendo de olvidarla. 

Es decir que para aprender un tema es recomendable “sobreaprender” –repetir y repetir– la base para comprender así lo complejo. Si bien se dice que hay un riesgo del olvido con el paso del tiempo, la realidad es que existen numerosas técnicas para mantener el conocimiento en un periodo a largo plazo; como por ejemplo, dar tiempo a que suceda el aprendizaje sin necesidad de mezclar los temas.