El océano Pacífico ecuatorial muestra una transformación silenciosa pero constante. En abril de 2026, los registros más recientes confirman un proceso de calentamiento progresivo que podría marcar el inicio de un nuevo evento de El Niño. Aunque algunos escenarios plantean la posibilidad de un fenómeno extremadamente intenso, la evidencia científica actual sugiere cautela. Comprender qué está ocurriendo bajo la superficie del mar es clave para anticipar el comportamiento del clima en los próximos meses.
El Niño 2026: condiciones actuales del océano Pacífico
El fenómeno de El Niño 2026 se construye a partir de señales físicas medibles. De acuerdo con la NOAA (Climate Prediction Center), la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 —indicador principal del sistema ENSO— ha pasado de -0.6 °C a -0.2 °C entre marzo y principios de abril, situándose dentro del rango de neutralidad climática.

Sin embargo, el dato más relevante no está solo en la superficie. A aproximadamente 300 metros de profundidad, se ha identificado una extensa masa de agua cálida con anomalías de hasta +6 °C, desplazándose hacia la superficie. Este fenómeno, conocido como “onda Kelvin”, suele ser un precursor directo del desarrollo de El Niño. En paralelo, la región Niño 1+2, frente a las costas de Perú, ya presenta condiciones cálidas sostenidas desde febrero, lo que refuerza la tendencia general del sistema.
Modelos climáticos: ¿qué tan probable es un superNiño?
El análisis de modelos climáticos permite proyectar distintos escenarios para El Niño 2026. El modelo europeo ECMWF, considerado uno de los más avanzados a nivel global, ha mostrado en su actualización de abril una señal relevante: la mayoría de sus simulaciones superan anomalías de +2 °C durante el segundo semestre del año, e incluso algunos escenarios alcanzan valores cercanos a +3 °C hacia octubre. Estos valores entrarían en la categoría de eventos muy fuertes, comúnmente llamados “superNiño”, en referencia a episodios históricos como 1997-98 o 2015-16.
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No obstante, es importante subrayar que este término no forma parte de la clasificación oficial, sino que se utiliza de manera informal para describir eventos extremos. A pesar de estas proyecciones, otros modelos ofrecen una perspectiva más moderada. El International Research Institute (IRI), que integra múltiples modelos dinámicos y estadísticos, sitúa el pico de intensidad en torno a +1.0 a +1.5 °C, lo que corresponde a un evento fuerte, pero no necesariamente excepcional.
Probabilidades y pronóstico oficial para 2026
Los pronósticos probabilísticos reflejan un aumento sostenido en la confianza sobre la formación de El Niño 2026. Según la actualización del 9 de abril de la NOAA:
• Existe un 80 % de probabilidad de condiciones neutrales hasta el trimestre abril-junio
• La probabilidad de desarrollo de El Niño asciende al 61 % para mayo-julio
• El fenómeno tiene altas probabilidades de mantenerse activo hasta finales de año
• Existe aproximadamente un 25 % de probabilidad de que sea muy fuerte (≥ +2.0 °C)

Estos datos indican que, si bien el desarrollo del fenómeno es altamente probable, su intensidad aún no está completamente definida. La dispersión entre modelos refleja la complejidad del sistema climático global y la sensibilidad de sus variables.
La incertidumbre climática y la “barrera de primavera”
Uno de los factores más importantes a considerar en el pronóstico de El Niño 2026 es la llamada “barrera de predictibilidad de primavera”. Este fenómeno limita la precisión de los modelos climáticos durante esta época del año, debido a la transición estacional en el Pacífico. Durante este periodo, pequeñas variaciones en las condiciones oceánicas pueden generar diferencias significativas en los resultados de los modelos.

Por esta razón, los organismos oficiales recomiendan interpretar las proyecciones con cautela y dar mayor peso a las tendencias consistentes entre múltiples sistemas. En este contexto, hablar de un evento extremo con total certeza resulta prematuro. Aunque existen señales claras de calentamiento, el comportamiento final del fenómeno dependerá de la interacción entre océano y atmósfera en los próximos meses.
Lo que ocurre en el mar no se queda en el mar
El desarrollo de El Niño 2026 podría tener consecuencias significativas a escala global. Históricamente, este fenómeno altera los patrones de lluvia y temperatura, generando sequías en algunas regiones y precipitaciones intensas en otras. En América Latina, por ejemplo, El Niño suele asociarse con lluvias por encima del promedio en la costa del Pacífico de Sudamérica, mientras que en otras zonas puede provocar condiciones más secas. También influye en la actividad ciclónica, las temperaturas globales y los ecosistemas marinos, afectando la pesca y la biodiversidad. Si el evento alcanza una intensidad elevada, estos efectos podrían amplificarse. Sin embargo, incluso un evento moderado puede generar alteraciones relevantes en los sistemas climáticos regionales.

El escenario actual indica que El Niño 2026 es cada vez más probable, impulsado por un océano Pacífico en calentamiento y señales consistentes en múltiples indicadores. Aunque algunos modelos sugieren la posibilidad de un evento extremadamente intenso, el consenso científico apunta, por ahora, a un fenómeno fuerte pero dentro de los rangos históricos conocidos. En un sistema climático complejo y dinámico, la evolución de los próximos meses será determinante. ¿Estamos ante un episodio más o frente a uno de los eventos más intensos del siglo?




