La neurociencia está sobrepasando a la ciencia ficción más futurista. Muestra de ello es el cultivo de “organoides” (pequeños órganos) en laboratorios, como los minicerebros que creció recientmente un equipo de neurocientíficos dirigido por el biologista brasileño Alysson Muotri. Estos investigadores usaron células madre para crecer cientos de minicerebros en tan sólo 10 meses.

Las células madre forman el tejido cortical de estos minicerebros, es decir, la delgada capa que cubre ambos hemisferios del cerebro y donde se alojan 10,000 millones de neuronas. Este tejido, clave en nuestra inteligencia y la de miles de otras formas de vida, es el encargado de la sinapsis –la comunicación entre neuronas y células– y, por lo tanto, de nuestros procesos cognitivos mas elementales.

Crecer minicerebros es algo que la neurociencia ha hecho desde 2013. Pero ahora, por primera vez han generado ondas cerebrales.

¿Significa esto que se podrían crear minicerebros conscientes de sí?

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Los minicerebros cultivados y estudiados por el equipo de Muotri han comenzado a generar ondas cerebrales de una potencia nunca vista en estos organoides. Lo más asombroso es que las ondas cerebrales no son sincrónicas, como lo son en los adultos. En cambio, las ondas son caóticas, como las generadas en los bebés de 25 a 39 semanas de edad.

Según algunos investigadores de la comunidad neurocientífica, este hito podría servir para entender mejor los desórdenes cerebrales en etapas tempranas del desarrollo cerebral, lo que a su vez podría ayudar a mejorar los tratamientos de algunas condiciones, tales como la epilepsia en niños.

Pero, ¿debe tomarse demasiado en serio a los minicerebros, siendo que no son sino una diminuta simulación?

Según dijo Muotri para la revista Nature, los organoides no están ni cerca de ser cerebros humanos reales, pues no contienen todos los tipos celulares que comprenden la corteza cerebral y no se conectan a otras regiones del cerebro. Así que este hallazgo no es sino una gran zona gris de la cual nadie sabe aún su potencial. Lo que es seguro es que “crecer conciencias” en laboratorios –una cuestión que éticamente preocupa a la comunidad– seguirá siendo algo que sólo ocurre en la ciencia ficción.

Los minicerebros no aportarán mucho al estudio de los orígenes de la conciencia…

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Pero esta investigación, publicada en Society for Neuroscience, nos podría dotar de nuevos elementos sobre el desarrollo de la inteligencia, sobre todo en las etapas más difíciles de estudiar, que son las de los procesos durante la gestación.

 

* Imágenes: 1) CC, edición Ecoosfera; 2) Science Daily, edición Ecoosfera