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MEDIO AMBIENTE

El meteorito colosal que ocasionó un ‘Ojo de Cristal’ en el Ártico

La Tierra no está exenta de cruzar su trayectoria con objetos potencialmente peligrosos, el más claro ejemplo de esto es el enorme asteroide que terminó por estrellarse en lo que ahora es la Península de Yucatán y que ocasionó la quinta extinción masiva, hace unos 65 millones de años atrás. Pero este no ha sido el único caso en donde un objeto cósmico, terminó por colarse en la atmósfera terrestre para luego colisionar con la superficie del planeta, dejando a su paso una profunda huella geológica. Quizá menos conocido pero igualmente importante que Chicxulub, también existe un profundo cráter en el Ártico canadiense que los inuit llaman ‘Ojo de Cristal’ y que fue creado por el impacto de un meteorito colosal que se estrelló contra la Tierra.

Al norte de la provincia de Quebec en Canadá, yace una enorme cicatriz en la superficie de la tierra, que fue creada por la colisión violenta de un meteorito hace millones de años. Un cráter de 3.5 kilómetros de diámetro dentro de las aguas heladas del Ártico, forma un ojo azul índigo que es perceptible desde el espacio y ha formado parte importante del desarrollo de los pueblos tradicionales que habitan en aquella región del globo terráqueo.

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La formación más importante del Pleistoceno

Según los investigadores, el cráter cuyo nombre formal es Pingualuit Impact Crater, pudo haber sido creado hace 1.4 millones de años, cuando un meteorito de tamaño colosal impactó contra el planeta. Aunque se desconocen las características del objeto, se sabe que tenía el tamaño suficiente como para impactar con la fuerza equivalente a la explosión de 8 mil 500 bombas atómicas.

Desde entonces, el cráter vive en las aguas heladas del Ártico y aunque es de un tamaño muy grande, pasó desapercibido para los humanos hasta que en 1943 la tripulación de un avión de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, notó el gran ‘Ojo de Cristal’ en la superficie. La lejanía de la formación geológica impidió que en aquel momento se emprendiera una expedición de reconocimiento del lugar, hasta 1950 cuando los geólogos finalmente recopilaron la información necesaria para determinar la causa del misterioso cráter.

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Se supo entonces que la causa de Pingualuit había sido la colisión de un meteorito. Actualmente el gran cráter alberga un enorme lago de unos 267 metros de profundidad y es una de las formaciones más importantes del Pleistoceno, pues por sus características asombrosas, es probable que conserve las condiciones de aquella era remota.

Los investigadores han encontrado que no se encuentra conectado a ningún otro cuerpo acuoso, lo cual resulta extraño por tratarse de roca de meteorito. Y aunque existen varias lagunas a su alrededor, no existe conexión alguna con el ‘Ojo de Cristal‘. Es por esto que es de gran relevancia para entender la historia geológica, pues no ha sido contaminado con agentes externos a él y por ello brinda información relevante sobre los cambios drásticos del clima como las últimas glaciaciones que se dieron en aquella época.

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En ese sentido, la vida que habita allí que son en su mayoría algas, podrían ser las mismas que habitaron aquella gran laguna, hace 1.4 millones de años atrás. Es un referente único en el planeta y la vida en él, un laboratorio en condiciones naturales que nos habla del pasado de nuestra Tierra.



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