¡Hulk también salva al planeta! Mark Ruffalo apuesta por una granja sostenible con energía solar y frutillas

Granja sostenible con paneles solares en las montañas Catskill, Nueva York, estilo de vida rural de Mark Ruffalo.

Mark Ruffalo no solo interpreta a un personaje que salva el mundo: compró una antigua granja lechera de más de 20 hectáreas en Callicoon, en el norte de Nueva York, y la convirtió en un refugio familiar con paneles solares, huerta propia y campos de heno. Lejos de las cámaras, el actor vive allí de forma permanente con su esposa Sunrise Coigney y sus tres hijos, apostando por un modelo de vida sostenible que va bastante más allá de un discurso de premiación.

Una granja lechera convertida en refugio familiar

La propiedad en Callicoon no fue siempre lo que es hoy. Ruffalo y su familia la compraron como casa de descanso, pero con el tiempo decidieron instalarse permanentemente en las montañas Catskill. Lo que antes era tierra dedicada a la ganadería lechera pasó a convertirse en un espacio que combina cultivos, campos de heno y una huerta de la que la familia recoge fresas para consumo propio.

El actor integró paneles solares en su granja como parte de la infraestructura cotidiana, no como declaración política. La energía limpia abastece la propiedad y reduce su dependencia de combustibles fósiles, en una demostración bastante literal de que el compromiso ambiental puede empezar por el patio de tu propia casa.

Activismo que no se queda en el discurso

Mark Ruffalo es una de las voces más reconocidas en la oposición al fracking en Estados Unidos, un método de extracción de gas y petróleo cuestionado por sus posibles efectos en los acuíferos y los ecosistemas locales. Para él, el argumento no es abstracto: vive en una región donde el agua y el suelo son parte de su vida diaria.

Esa coherencia entre lo que dice y cómo vive es lo que hace que su historia resulte más interesante que la del actor que firma cheques para causas ambientales desde un penthouse en Los Ángeles. La granja en Catskill funciona como prueba de que una vida más conectada con la naturaleza no requiere renunciar a la comodidad, sino repensar cómo se construye.

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