Cuando muere una mascota, la mayoría de las familias elige entre el entierro o la cremación. Pero Hagámonos Composta, una iniciativa mexicana fundada por Gerardo Montes de Oca, propone algo diferente: que el cuerpo de tu perro o gato se convierta en composta orgánica en aproximadamente cinco meses, y que esa composta pueda nutrir la planta favorita de quien ya no está.
Cómo funciona el proceso y qué recibe la familia
El compostaje de animales de compañía no es nuevo en el mundo, pero en México, Hagámonos Composta es de las pocas iniciativas que lo llevan a escala familiar y con un componente emocional claro. El proceso dura alrededor de cinco meses y es completamente natural: sin químicos, sin incineración, sin intervención industrial. Al final, la familia puede recibir la composta resultante para nutrir una planta, un árbol o el rincón del jardín que el animal más frecuentaba. Es, literalmente, cerrar el ciclo.
Lo que distingue a esta propuesta de una cremación convencional no es solo lo ecológico, sino el ritual que construye alrededor del duelo. No te entregan cenizas en una caja; te dan tierra viva. Y esa diferencia, para quien ha perdido a un animal que fue parte de su vida cotidiana durante años, el duelo por una mascota puede cambiar completamente cómo se vive la pérdida. La planta crece, y en cierta forma, el animal también.
El sueño más grande: que los humanos también podamos regresar a la tierra
Gerardo Montes de Oca, fundador de la iniciativa, no oculta que su visión va más allá de las mascotas. Quiere que algún día en México los humanos también puedan elegir el compostaje como forma de despedida, en lugar del entierro o la cremación. En países como Estados Unidos ya existen empresas que ofrecen este servicio para personas —Washington fue el primer estado en legalizarlo, en 2019— pero en México los obstáculos legales siguen siendo importantes. Las leyes funerarias no contemplan esta opción, y el debate bioético ni siquiera ha arrancado en serio en el país.
Que alguien en México esté pensando en eso desde el nicho de las mascotas no es menor. Es, en muchos sentidos, la manera más honesta de empezar: normalizando primero la idea con los animales que amamos, abriendo la conversación poco a poco, construyendo infraestructura emocional antes de intentar cambiar marcos legales. Montes de Oca sabe que está trabajando en la orilla de lo que la cultura mexicana aún no tiene palabras para nombrar bien.




