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MEDIO AMBIENTE

Cueva de los Tayos: de cómo Neil Armstrong y una civilización subterránea están conectados

Siete años habían pasado desde que Neil Armstrong pisara por primera vez la Luna, cuando el icónico astronauta, descendió hasta las entrañas de la Tierra para visitar la Cueva de los Tayos. Para admirar el extraño mundo esta vez no tuvo que salir del planeta, sino que por el contrario, se inmiscuyó en una aventura hacia las profundidades subterráneas. Esta es la historia de una cueva que ha estado rodeada de misticismo desde su descubrimiento y que es protagonista de cientos de historias conspiranóicas.

La Cueva de los Tayos

La Cueva de los Tayos ya era bien conocida por los pueblos ancestrales de lo que hoy en día es Ecuador, pueblos que reciben el nombre de Shuar o Jíbaros. Pero no fue hasta el 21 de julio de 1969 (curiosamente unos días después de que Armstrong pisara la Luna), que el mundo supo de la existencia de una de las cavernas más antiguas del mundo que según algunos, guardaban secretos de civilizaciones subterráneas inteligentes.

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El hallazgo se dio a conocer al mundo gracias a Juan Móricz, un investigador de ascendencia húngara y nacionalizado argentino. Móricz era un gran apasionado por la antropología y las lenguas antiguas, que en su búsqueda por establecer contacto con los Shuar, terminó descubriendo una de las cuevas más misteriosas del mundo.

Pero no fue per se la cueva que recibe su nombre por ser el hogar de los tayos, la que llamó la atención del mundo. Móricz aseguró haber encontrado dentro del lugar una biblioteca metálica, que según se trataba de una especie de plancha metálica con grabados en ella que recordaba los hallazgos de la cultura sumeria.

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“He descubierto en la región oriental, provincia de Morona Santiago, dentro de los límites de la República del Ecuador, objetos preciosos de valor cultural e histórico para la humanidad que consisten en láminas metálicas que contienen la relación histórica de toda una civilización perdida”, dijo Móricz a El Universo de Guayaquil el 6 de agosto de 1976.

Numerosas teorías comenzaron a surgir a partir de las declaraciones de Móricz e incluso se escribieron libros sobre el tema. Uno de ellos fue el publicado por Erich von Däniken ‘El oro de los dioses’, en donde se afirmaba la existencia de una supuesta civilización subterránea inteligente.

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Neil Armstrong y la expedición de 1976

De inmediato el mundo posó sus ojos en Ecuador y la misteriosa cueva, pues muchos se preguntaron si dentro de ella podría haber indicios de alguna civilización inteligente distinta de la humanidad o que quizá no hubiésemos descubierto todavía. Por esta razón, los gobiernos de Ecuador e Inglaterra financiaron una gran expedición para finalmente desvelar los secretos de la Cueva de los Tayos.

Fue precisamente en esta aventura que Neil Armstrong formó parte del equipo de expedición de la Cueva de los Tayos que descendió por sus intrincadas paredes en 1976. Él y el equipo bajaron a rappel durante 63 metros en un caverna con dos metros de ancho. Luego llegaron a una cavidad de 68 metros de largo y 7.8 metros de ancho, en donde existen ahora campamentos para los aventureros que se adentran en ella.

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Actualmente se sabe que la cueva es más compleja que esto y de hecho, existen túneles que ni siquiera los Shuar conocen. La última expedición extendida fue la que realizó el cineasta Miguel Garzón en 2017, para filmar un documental que retrata la maravilla subterránea. El mismo Garzón dijo que la misteriosa cueva es “mundo está lleno de vida. Hay insectos, arañas, tarántulas, serpientes, pájaros tayos. Es muy sorprendente”.

Los geólogos creen que la Cueva de Tayos data de hace unos 200 millones de años y que está compuesta principalmente por roca kárstica, lo cual resulta muy extraño pues en Sudamérica existen muy pocas cuevas como esta. También estiman que su longitud subterránea podría extenderse a lo largo de 460 kilómetros, por los cuales se bifurcan caminos submarinos e intrincadas cavernas angostas.

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Sobre la supuesta biblioteca metálica, no se sabe con exactitud si realmente existió o todo formó parte de una teoría que mezcla la magia de la naturaleza, lo incomprensible que puede llegar a ser el planeta y el deseo por la existencia de civilizaciones no humanas de gran inteligencia. No hay indicios hasta ahora de tales hallazgos.


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