Las comunidades indígenas atesoran un sinfín de saberes ancestrales: un cúmulo de sabiduría que sustenta lo que los pueblos originarios de América identifican como el “buen vivir”. Pero el hecho de que el pasado sea un referente vital en la cosmovisión indígena no significa que las nuevas generaciones no sean capaces de reinventar el presente y el futuro, transformándolo a partir de su propia concepción del mundo.

Así es como muchas comunidades indígenas en México han sorteado la vorágine contemporánea que reclama progreso e innovación, la cual les impone una lógica que les es extraña y los mantiene rezagados. No obstante, los indígenas no sólo se han resistido a desaparecer, sino que han sabido utilizar la tecnología a su favor, integrándola a su cosmovisión.

Un ejemplo de ello está en las comunidades indígenas que actualmente gestionan sus propias telecomunicaciones.

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Se trata de sistemas de telecomunicación comunitarios a partir de los cuales los indígenas de distintas regiones del país utilizan lo que debería ser un bien común: el espectro radioeléctrico. Ellos han aprendido a sacarle provecho para hacer sus propias redes comunitarias de comunicación: desde Internet, hasta radio y telefonía celular.

Así, sus palabras se las lleva el viento…

Porque una de las organizaciones que han trabajado en estos proyectos de evolución comunitaria en Chiapas es el colectivo Ik’ta K’op, una palabra en tzeltal cuya traducción es “palabra en el viento”. Este colectivo se ha dedicado a la instalación de redes inalámbricas para irradiar el Internet a diversas comunidades a donde no llega este servicio. Es el caso de Abasolo, el primer municipio donde el colectivo comenzó a trabajar aprovechando la señal satelital de una empresa estadounidense –la cual consiguió una de las familias–, que utilizó para expandir la señal mediante antenas en los techos. Es así que el Internet llega ahora hasta al 40% de la comunidad.

Los habitantes de Abasolo también están creando sus propios contenidos digitales en tzeltal.

Israel Tonatiuh Lay Arellano, investigador del Instituto de Gestión del Conocimiento y del Aprendizaje en Ambientes Virtuales (IGCAAV), define así estos nuevos paradigmas tecnológicos en el mundo indígena:

Ellos lo entienden como la capacidad de decidir qué hacer con Internet, porque no quieren pelearse con la tecnología. No es sólo un asunto de conexión, sino de cómo se organizan y qué hacen con esa tecnología, tanto para propósitos educativos como comerciales.

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Es estimulante saber que, aun siendo una de las poblaciones más marginadas respecto a los avances tecnológicos, los indígenas han podido hacer valer su derecho a la comunicación. Y no sólo nos comprueban que los pueblos originarios no están “rezagados”, ni se oponen a evolucionar como sociedad, sino todo lo contrario. Y saben mejor que nosotros cómo gestionar sus necesidades comunicativas y digitales, aunque el Estado y las empresas se olviden de ellos.

Los tzeltales han hecho del Internet parte de su “buen vivir”, que ellos llaman Lekil Kuxlejal.

De esta forma, nos dan una indeleble lección de evolución colectiva: la gestión de los entornos digitales debe estar en nuestras manos. No debemos dejarnos rezagar por los avances tecnológicos o informáticos: debemos aprender a usar las innovaciones y aprovecharlas para crear una sociedad menos competitiva y consumista, con más solidaridad y autonomía en su lugar.

Así, los indígenas nos dejan pensando: ¿cómo podemos replicar esto en las grandes urbes? Y más aún: ¿seguiremos dejando nuestra vida digital en manos de los algoritmos de las industrias tech, o nos haremos internautas autónomos?

 

Imágenes: 1) Global Voices, edición Ecoosfera; 2) Tic-ac, edición Ecoosfera; 3) CDI