Mucho más arriba de la Tierra, dos anillos gigantes de partículas energéticas (ahora tres) están atrapadas en el campo magnético del planeta y crean un ambiente dinámico; se trata del cinturón de Van Allen. Sin embargo, tras la aparición de su tercer franja, la preocupación para próximas expediciones crece, ¿cuál es la razón?
En comparación a la capa interna y externa del cinturón de Van Allen, la tercer capa formada en medio de ambas podría durar meses o años. Y a pesar de la preocupación, no impiden que los seres humanos viajen al espacio. De hecho, ayudan a proteger la Tierra de la radiación mortal de las tormentas solares y del viento solar que, de lo contrario, llegarían a la Tierra.
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¿La radiación del cinturón de Van Allen es una protección a la Tierra?
El cinturón de Van Allen se considera el primer descubrimiento importante de la era espacial -en 1958– y su hallazgo determinó que estaba formado por un cinturón interior y otro exterior que se extendían más de 40.000 kilómetros por encima de superficie de la Tierra.
Desde que iniciaron las expediciones a la Luna (Apolo 17, 1972), la ciencia ha sido consciente de está aparición que irradia una cantidad importante de radiación, si bien, desde hace más de 50 años ningún humano se ha atravesado con ellos, las nuevas expediciones como la misión Artemis 2 de la NASA (llevada a cabo en septiembre de 2025) necesitaran pasar a través de él.
Aunque será por debajo del cinturón interior, que comienza a unas 1.600 millas (1.600 km) de altura y se extiende hasta 12.800 millas (12.800 km), no quita la preocupación por un tercer cinturón de Van Allen, y sus consecuencias, luego de ser descubierto por el satélite cúbico CIRBE (Colorado Inner Radiation Belt Experiment ) de la NASA. Pero, no hay de que temer, según la NASA.
Como asegura la institución, los cinturones de Van Allen pueden reaccionar en respuesta a los cambios en el Sol; a veces, puede aparecer un tercer cinturón debido a que están compuestos de radiación de alta energía atrapada que en contacto con la energía solar forman una extensión de estos círculos al rededor de la Tierra. De esta forma, contrarrestan su impacto a la humanidad.
Si bien eso es positivo, la carga queda expuesta pues los cinturones atrapan electrones y protones energéticos, lo que aumenta su radiación y puede afectar a satélites, provocar fallos o daños incluso a naves espaciales. De ahí, la necesidad de monitorear dichos cinturón.




