Durante unas semanas a inicios de 2024, el mundo contuvo el aliento: el asteroide 2024 YR4, de unos 60 metros de diámetro, parecía tener una preocupante posibilidad de impactar la Tierra el 22 de diciembre de 2032. Aunque ese escenario fue descartado, los ojos de los astrónomos no se han desviado de la roca, porque ahora la amenaza se dirige a otro objetivo cercano: la Luna.
Las últimas estimaciones, basadas en datos del Telescopio Espacial James Webb, elevan al 4.3% la probabilidad de que el asteroide se estrelle contra la superficie lunar. Si ocurre, el espectáculo visual desde la Tierra podría ser impactante… pero las consecuencias para nuestros satélites podrían ser devastadoras.

Millones de fragmentos lunares disparados al espacio
Un estudio liderado por Paul Wiegert, astrónomo de la Universidad de Western Ontario, advierte que el impacto de 2024 YR4 en la Luna sería el más violento de los últimos 5 mil años. La colisión, comparable en energía a una explosión nuclear, lanzaría hasta 100 millones de kilogramos de escombros lunares al espacio.
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Aunque nuestro planeta estaría protegido de estos fragmentos por la atmósfera, los satélites en órbita baja y media no correrían con la misma suerte. Especialmente si el impacto ocurre en la cara de la Luna que mira hacia la Tierra, algo que tiene un 50% de posibilidad.

Una tormenta de meteoritos sobre los satélites
La gravedad terrestre podría atraer hasta un 10% del material expulsado, lo que significa millones de fragmentos viajando a velocidades supersónicas. Aunque muchos serían tan pequeños como una canica, su velocidad —decenas de miles de metros por segundo— los convertiría en proyectiles capaces de destrozar paneles solares, sensores, cámaras o antenas satelitales.
“Una piedra de un centímetro que viaja a esa velocidad es, literalmente, como una bala en el espacio”, advierte Wiegert. Según las simulaciones, la cantidad de meteoros en órbita podría multiplicarse por mil en los días posteriores al impacto. Y con el crecimiento exponencial de satélites comerciales, científicos y de defensa que se espera para 2032, el riesgo es aún más alto.

Starlink, GPS, comunicaciones y clima: Todo está en juego
Actualmente, la Tierra tiene más de 9 mil satélites activos. Para 2032, se espera que la cifra supere los 20 mil, en gran parte por megaconstelaciones como Starlink, OneWeb o proyectos similares en China e India.
Estos dispositivos son esenciales para:
- Navegación GPS y servicios de ubicación
- Comunicaciones móviles y satelitales
- Monitoreo climático y meteorológico
- Observación terrestre y defensa
- Internet en zonas remotas
Un aumento repentino de micro-meteoritos podría desatar una cascada de fallos en órbita, desde la pérdida de conexión en ciertas regiones hasta la caída de sistemas de alerta temprana.

¿Y si tratamos de desviarlo?
Aunque el asteroide tiene solo el 4.3 % de probabilidad de impactar la Luna —y solo 2 % en su lado visible—, los científicos no descartan preparar una misión defensiva si los cálculos futuros confirman una trayectoria de impacto.
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“El tiempo está a nuestro favor”, dice Wiegert. “Podría ser un buen objetivo para una misión de desviación como la que ya hicimos con Dimorphos en 2022”. No obstante, advierte que si el asteroide se acerca demasiado a la Tierra, intentarlo desviar podría ser arriesgado, ya que un error mínimo cambiaría su rumbo hacia nosotros.

Un espectáculo desde la Tierra… pero con consecuencias invisibles
Para los observadores del cielo, la colisión lunar sería una lluvia de meteoros espectacular durante varias noches. Pero mientras miramos al cielo con asombro, en la órbita invisible a nuestros ojos podrían estar ocurriendo fallos en cadena, satélites estropeados o pérdida de conectividad a gran escala.
El estudio aún no ha sido revisado por pares, pero ya fue enviado a Astrophysical Journal Letters y está generando inquietud en la comunidad científica.
Más allá del evento puntual, los expertos señalan que este caso pone en evidencia la necesidad urgente de proteger la infraestructura orbital, especialmente en un contexto de crecimiento acelerado del tráfico espacial.




