Una reforma histórica avanza en México para prohibir los espectáculos con delfines, orcas y focas en cautiverio. La Cámara de Diputados aprobó por unanimidad la llamada Ley Mincho, un paso clave en la defensa de los derechos de los mamíferos marinos y en la transformación de cómo el país se relaciona con estos animales.
Con 415 votos a favor, esta nueva legislación —ya avalada previamente por el Senado— ahora espera su publicación en el Diario Oficial de la Federación para entrar en vigor. Pero, ¿qué prohíbe exactamente esta ley? ¿Qué pasará con los delfinarios que ya operan en México?

Una ley que responde a una historia de maltrato
La ley lleva el nombre de Mincho, un delfín que sufrió un accidente grave durante un espectáculo en un hotel de la Riviera Maya en 2020. Durante una rutina acrobática, Mincho se golpeó contra una plancha de concreto, resultando gravemente herido. A pesar de ello, fue obligado a seguir trabajando.
El caso generó una ola de indignación en redes sociales. Posteriormente, la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) clausuró el delfinario en el Hotel Barceló, donde ocurrió el incidente. Desde entonces, el delfín se encuentra en rehabilitación en Cancún, pero sus posibilidades de recuperación siguen siendo limitadas.
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A raíz de esta historia, la organización Animal Heroes impulsó una campaña ciudadana que culminó con la aprobación de la “Ley Mincho”, considerada por muchos como un parteaguas en la legislación ambiental de México.

¿Qué prohíbe la Ley Mincho?
La nueva reforma incluye modificaciones a la Ley General de Vida Silvestre y establece nuevas restricciones para la tenencia y uso de mamíferos marinos en el país. Estas son las principales disposiciones:
- Prohibición de la reproducción en cautiverio, salvo que sea con fines de conservación.
- Prohibición de adquirir nuevos ejemplares de mamíferos marinos.
- Prohibición de espectáculos acrobáticos con delfines, orcas, focas y otros.
- Prohibición de tanques de concreto como hábitat permanente para estas especies.
Además, establece que los cetáceos solo podrán mantenerse en corrales marinos o, en su defecto, en instalaciones abiertas con intercambio de agua natural, ya sea por mareas o por sistemas de bombeo. Esto representa un cambio radical respecto al uso de estanques cerrados en parques acuáticos y resorts.

Fin de los espectáculos marinos: ¿Qué pasará con los delfinarios?
La ley otorga un periodo de transición de 18 meses para que las instalaciones que actualmente operan bajo este modelo cesen sus actividades y se adapten al nuevo marco legal. Esto significa que parques acuáticos y centros turísticos que ofrecían nados con delfines o espectáculos marinos deberán cerrar, reconvertirse o transformarse en santuarios que prioricen el bienestar animal.
Según datos de Animal Heroes, el 85% de los delfines en cautiverio se encuentran en el estado de Quintana Roo, lo que convierte a esta entidad en un foco de atención para la implementación de la ley. La organización ha señalado que trabajará de la mano con autoridades estatales para fomentar la creación de santuarios y asegurar un retiro digno para los ejemplares actualmente en cautiverio.

Una victoria para la ciencia y la empatía
Jerónimo Sánchez, director de Animal Heroes, celebró la aprobación de la ley como “una victoria de la razón, la ciencia y la empatía”, y aseguró que este avance legislativo coloca a México en la ruta para erradicar prácticas que, por décadas, han disfrazado el sufrimiento animal de entretenimiento.
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Si bien el uso de delfines y orcas en espectáculos fue durante años parte del atractivo turístico en distintas zonas del país, cada vez más estudios demuestran el impacto negativo del encierro en la salud física y emocional de estos animales, cuya inteligencia y sensibilidad los hace especialmente vulnerables al cautiverio.

¿Y ahora qué sigue?
La Ley Mincho aún debe ser promulgada oficialmente por el Ejecutivo federal, pero su aprobación por ambas cámaras del Congreso ya representa un hito. Organizaciones ambientalistas y defensores de los derechos animales coinciden en que este es solo el comienzo: el objetivo final es poner fin a todos los delfinarios del país.
México se une así a una tendencia mundial que busca proteger a los animales marinos del encierro y la explotación, reconociendo que su lugar está en el océano, no en una alberca de concreto.




