En redes sociales, los cerdos miniatura o “mini-pigs” parecían la mascota perfecta: inteligentes, tiernos y supuestamente del tamaño de un bulldog. Pero detrás del boom mediático se esconde una verdad incómoda: estos animales no se quedan pequeños, requieren cuidados especializados, y están siendo abandonados masivamente cuando dejan de ser “tiernos” y comienzan a comportarse como lo que son… cerdos.

El caso de Pereira: 30 minipigs abandonados
El ejemplo más reciente y alarmante ocurrió en Pereira, Colombia, donde 30 minipigs fueron abandonados en un sector rural. Fue un caso inédito por su magnitud, pero no aislado. De esos 30 animales, solo se logró rescatar a cuatro, gracias a la intervención de autoridades locales y la fundación MiniOink, dedicada a su protección. El resto —según hipótesis— fue atacado por perros, murió o fue recogido sin control por vecinos.
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El concejal de esta localidad, Héctor Hernández, explicó que se trata de un problema creciente: “Ya veníamos detectando maltrato, ventas ilegales en la vía pública y criaderos sin regulación, pero nunca algo así de masivo”, advirtió.

El engaño detrás de los mini-pigs
Una de las principales causas del abandono es el engaño sistemático por parte de criaderos, que aseguran a los compradores que el animal nunca superará los 15 o 20 kilos. La verdad es otra: un mini-pig puede llegar a pesar entre 35 y 100 kilos y medir hasta 60 cm de altura. No son mini para siempre. Ni son una raza en sí misma, sino una clasificación creada para investigaciones científicas, y luego explotada comercialmente.
Además, muchos criadores separan a los cerditos de sus madres a los pocos días de nacidos y los venden mintiendo sobre su edad, asegurando que no hay que alimentarlos mucho para que “no crezcan”. Todo esto deteriora la salud física y mental del animal.
Ángela Castillo, veterinaria y fundadora de MiniOink Colombia, señala que los cerdos miniatura necesitan vivir en exteriores, con tierra, pasto y espacio para expresar su comportamiento natural. Si son confinados en departamentos, desarrollan ansiedad, depresión, conductas destructivas e incluso agresividad. “Ahí es cuando se rompe el vínculo con el humano y llegan los abandonos”, explica.

Moda internacional, problema global
El caso de Pereira no es único. En Puerto Rico, España, Canadá, Estados Unidos y ahora México se han reportado casos similares. En 2020, medios internacionales alertaban sobre una “invasión de cerdos vietnamitas” en zonas rurales, luego de años de abandono. Lo que empezó como una tendencia viral, se convirtió en un problema ambiental y ético de grandes proporciones.
En Guadalajara, por ejemplo, el refugio Gotita Lanz recibe de tres a cinco solicitudes diarias de personas que ya no quieren a sus minipigs.

¿Qué debería cambiar?
Colombia ha dado un primer paso al crear la normativa 069276, que regula la tenencia y comercialización de cerdos miniatura. Esta incluye requisitos como vacunación, desparasitación, esterilización temprana e incluso la implantación de un microchip de 15 dígitos para identificar al animal.
En México, aún no existe una regulación específica, pero activistas y cuidadores proponen que se adopte un esquema similar. Paloma, cuidadora de Chona la Lechona —una famosa minipig que creció mucho más de lo que prometieron— creó un grupo de Facebook para ayudar a que los cerditos abandonados encuentren nuevos hogares.

Los mini-pigs no son mascotas para todos
Quienes deseen tener uno deben saber que:
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- Pueden vivir hasta 30 años.
- Necesitan espacio abierto, tierra y estimulación constante.
- Sus colmillos crecen toda la vida, por lo que requieren desgaste anual bajo anestesia.
- Deben ser esterilizados para evitar comportamientos agresivos.
- No son juguetes ni perros rosados con hocico.

La mejor solución es la prevención
Organizaciones como MiniOink y refugios independientes insisten en que el abandono de mini-pigs no se solucionará con más adopciones, sino con información veraz y regulación estricta. La moda pasa, pero los animales viven años. Y cuando dejan de caber en el departamento o de parecer “bonitos”, muchos terminan en la calle, enfermos o muertos.
Antes de adoptar un minipig, pregúntate si estás dispuesto a convivir 30 años con un animal de 100 kilos. Si la respuesta es no, entonces no es la mascota para ti.




