Por primera vez en más de un siglo, los parisinos y turistas podrán sumergirse legalmente en el río Sena. Lo que durante décadas fue sinónimo de aguas turbias, contaminación y prohibiciones, ahora se presenta como un ejemplo de transformación ecológica urbana. Pero entre selfies acuáticas y banderas verdes, surge una pregunta incómoda: ¿está realmente limpio el Sena para nadar? La reapertura promete un nuevo vínculo entre ciudad y naturaleza, aunque no todos están convencidos.
París vuelve a nadar… pero no sin reservas
La noticia es histórica: después de 100 años de prohibición, el gobierno parisino habilitó tres puntos oficiales para nadar en el Sena, justo a tiempo para el verano y tras la inversión de 1.400 millones de euros para sanear el río. Las zonas están ubicadas cerca de Notre Dame, la Torre Eiffel y el este de París, con acceso gratuito y vigilancia permanente.

Todo esto forma parte del plan ecológico que acompañó la organización de los Juegos Olímpicos de París 2024, donde el Sena fue protagonista de competiciones como triatlón y natación en aguas abiertas. Pero más allá del evento deportivo, este proyecto busca dejar un legado ambiental duradero… al menos, esa es la promesa.
Un megaproyecto para limpiar un ícono urbano
El plan de limpieza del Sena fue ambicioso. Se construyó un depósito subterráneo gigante para contener aguas residuales durante lluvias intensas, se obligó a embarcaciones y casas flotantes a conectarse al sistema de alcantarillado, y se mejoraron las plantas de tratamiento de aguas en áreas periféricas de la ciudad.

Según el vicealcalde Pierre Rabadan, los análisis diarios muestran que la calidad del agua cumple con los estándares europeos. Para garantizar la seguridad, se implementó un sistema de banderas como en las playas: verde si todo está bien, rojo si hay riesgo por corriente o bacterias. Desde principios de junio, los niveles se han mantenido dentro del rango aceptado… con algunas excepciones.
Expertos independientes piden cautela
Aquí es donde empieza el debate. Dan Angelescu, fundador de Fluidion, una empresa que monitorea la calidad del agua, asegura que el método oficial subestima los niveles de bacterias. “La calidad del agua en el Sena es muy variable. Solo hay unos pocos días en la temporada donde nadar es realmente seguro”, declaró.

Esto pone en duda la efectividad de los métodos actuales y plantea un tema más amplio: ¿cuán transparente debe ser la ciencia detrás de una decisión pública? Aunque los Juegos Olímpicos impulsaron una mejora sin precedentes, la ciencia ciudadana y los estudios independientes sugieren que el riesgo no ha desaparecido por completo.
Entre ilusión, ecología y un poco de asco
Muchos parisinos están entusiasmados. Lucile Woodward, influencer del fitness y entrenadora, fue una de las primeras en lanzarse al agua junto a la alcaldesa Anne Hidalgo. “Cuando la gente vea a cientos nadando y disfrutando, ¡todos querrán venir!”, aseguró con optimismo.

Pero no todos están tan convencidos. En redes sociales y medios locales, abundan los comentarios escépticos: basura flotante, agua turbia, olor dudoso. El agente inmobiliario Enys Mahdjoub lo resumió bien: “No tengo miedo de nadar… pero me da un poco de asco”. Este contraste entre el relato oficial y las percepciones ciudadanas abre un debate necesario sobre la confianza pública en las decisiones ambientales y la forma en que se comunica el riesgo.
¿Chapuzón simbólico o real transformación?
Hasta fines de agosto, los tres espacios estarán abiertos para mayores de 10 o 14 años, según la ubicación, con socorristas y horarios establecidos. El proyecto busca ser más que un verano viral: la visión de largo plazo es que el Sena sea un río habitable, incluso potable, en el futuro. Mientras tanto, poder nadar allí ya es un logro. ¿Pero es un logro real o una victoria de imagen?

El regreso del baño al Sena despierta emoción, orgullo y también muchas dudas. El río más famoso de París pasó de ser símbolo de abandono a icono de renovación. Pero en esta historia, la pregunta clave no es si podemos nadar, sino si estamos listos para hacerlo sabiendo todos los riesgos. ¿Qué preferimos: el símbolo o la seguridad?




