¿Calor en Alaska? Aunque suene a paradoja, por primera vez en la historia registrada, partes del estado más frío de Estados Unidos están bajo una alerta oficial por calor extremo. Un hecho que, más allá del titular curioso, refleja cómo el cambio climático está transformando incluso los lugares que parecían inalterables.

Una advertencia histórica para un estado acostumbrado al frío
El Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos (NWS) emitió el 12 de junio la primera advertencia por calor para Alaska, particularmente en la región interior, incluyendo ciudades como Fairbanks, Tanana, Fort Yukon y Eagle. Las temperaturas alcanzaron los 29 °C (85 °F) y podrían rozar los 32 °C (89 °F), según lo pronosticado.
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Pero, ¿por qué ahora? Hasta el 1 de junio de 2025, el NWS solo emitía “declaraciones especiales del clima” para este tipo de condiciones. El cambio no refleja una ola de calor sin precedentes —aunque es inusual para junio—, sino una actualización del sistema para transmitir con mayor claridad los riesgos reales del calor en un entorno que no está preparado para él.

¿No es para tanto? No si vives en Alaska
Aunque en otras regiones del mundo una temperatura de 29 °C podría considerarse agradable, en Alaska representa un riesgo serio. ¿La razón? La mayoría de las viviendas y edificios no cuentan con aire acondicionado y están diseñadas para retener el calor, no para disiparlo. Esto las convierte en verdaderos hornos cuando sube la temperatura.
“Las personas pueden intentar ventilar sus casas por la madrugada”, explicó Rich Thoman, especialista en clima del Centro de Evaluación Climática de Alaska. “Pero si hay humo por incendios forestales —algo común en los veranos recientes—, deben mantener las ventanas cerradas y el calor se acumula rápidamente”.
Solo en 2024, Fairbanks ha experimentado más de 100 horas con humo denso que reduce la visibilidad, el tercer año consecutivo con este tipo de condiciones, una tendencia sin precedentes en la historia moderna del estado.

Más que calor: Derretimiento, incendios y un futuro incierto
El calor no viene solo. A la par de esta primera alerta, el NWS emitió avisos de inundación en el norte de Alaska por el rápido derretimiento de hielo y nieve, lo cual podría provocar el desbordamiento de ríos y daños en carreteras, pistas de aterrizaje y otras infraestructuras.
Además, algunas zonas permanecen bajo alertas de bandera roja, un término que advierte condiciones ideales para incendios forestales grandes y peligrosos. Todo esto ocurre en un estado donde la población, la infraestructura y los ecosistemas no están preparados para afrontar este tipo de amenazas climáticas simultáneas.

¿Estamos viendo los efectos del cambio climático?
Aunque esta alerta en particular no responde a un evento récord —Fairbanks ya había alcanzado los 32 °C en años anteriores—, el contexto sí es alarmante. En los últimos 60 años, Alaska ha aumentado su temperatura promedio anual en 1.7 °C, el doble del ritmo del resto de Estados Unidos.
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“Adaptarse no será tan simple como abrir una ventana”, señaló Thoman. “La infraestructura fue construida para el frío. Prepararla para el calor costará miles de millones, si no es que billones de dólares”.

Una advertencia que probablemente se repetirá
Este aviso de calor puede ser el primero, pero difícilmente será el último. Las temperaturas extremas en Alaska ya no son una rareza anecdótica, sino una señal clara de que el cambio climático no perdona latitudes.




