México acaba de sumar 39 nuevas especies de luciérnagas descubiertas en Oaxaca, Chiapas y Guerrero, llevando el total nacional a 346 especies conocidas. El hallazgo posiciona al país como el segundo con mayor diversidad de luciérnagas en el mundo, solo detrás de Brasil. Pero hay un detalle que convierte este descubrimiento científico en algo más: algunas de esas nuevas especies llevan el nombre de Mario Molina, Rodolfo Neri Vela y Julia Carabias.
Por qué importa que México sea el segundo país con más luciérnagas del mundo
No es un ranking menor. Que México ocupe el segundo lugar global en diversidad de luciérnagas, solo detrás de Brasil, habla de ecosistemas que todavía funcionan: bosques húmedos, selvas y zonas de montaña donde estos insectos necesitan oscuridad real, humedad estable y suelos limpios para reproducirse. Las luciérnagas son, en términos prácticos, un indicador de salud ambiental. Donde están ellas, hay un ecosistema que aún no colapsó.
Las 39 especies nuevas fueron documentadas principalmente en Oaxaca, Chiapas y Guerrero, tres estados con alta biodiversidad pero también con presión constante sobre sus territorios. El hecho de que se descubran especies nuevas no significa que estén seguras: significa que apenas las estamos conociendo justo cuando más las necesitamos proteger. Como suele pasar con lo mexicano, el patrimonio natural del país existe antes de que terminemos de inventariarlo.
Mario Molina, Rodolfo Neri Vela y Julia Carabias: los mexicanos que ahora brillan literalmente
Nombrar una especie es un acto de memoria. Los investigadores eligieron honrar a tres figuras que marcaron la historia científica y ambiental de México: Mario Molina, premio Nobel de Química y uno de los primeros en alertar sobre el daño a la capa de ozono; Rodolfo Neri Vela, el primer y único mexicano que ha viajado al espacio; y Julia Carabias, ecóloga y exsecretaria de Medio Ambiente que dedicó décadas a la conservación de selvas tropicales.
Que sus nombres ahora iluminen literalmente los bosques mexicanos tiene algo poético que CC no va a fingir que no le mueve algo. Una luciérnaga que parpadea en la oscuridad de Chiapas con el apellido Molina grabado en los registros científicos es, sin dramatizar, una forma de hacer permanente lo que de otra manera solo viviría en libros de texto.
El total de 346 especies reconocidas en México convierte al país en un referente global para el estudio de estos insectos, y abre la puerta a nuevas investigaciones sobre comportamiento, bioluminiscencia y conservación.




