México es el segundo país del mundo con mayor riqueza de hongos silvestres comestibles, solo detrás de China. El INIFAP estima que en territorio mexicano existen alrededor de 200 mil especies de hongos, pero la ciencia apenas ha logrado identificar entre 9 mil y 11 mil, menos del 6% del total. Cada temporada de lluvias, entre julio y septiembre, los bosques mexicanos florecen con formas y colores que todavía esperan nombre. La funga de México —término científico para el reino fungi, distinto de la flora y la fauna— es uno de los patrimonios naturales más grandes del continente y uno de los menos estudiados.
De las hongueras a los hongos zombi: lo que guarda el bosque mexicano
De las cerca de 400 especies comestibles documentadas en México, más de 200 tienen usos medicinales registrados, según la doctora Magdalena Martínez Reyes del Colegio de Posgraduados. Eso convierte al país no solo en una despensa fúngica extraordinaria, sino en un repositorio vivo de conocimiento que comunidades nahuas, mazatecas, tlahuicas y mixtecas han preservado durante siglos. Las llamadas ‘hongueras’ —mujeres campesinas que salen de madrugada en plena temporada, conocida popularmente como ‘hongosto’— son las guardianas reales de ese saber. Sin ellas, gran parte del conocimiento sobre qué se puede comer, cómo prepararlo y dónde crece simplemente desaparecería. Tlaxcala, Oaxaca y el Estado de México concentran algunas de las comunidades con mayor tradición micológica del país.
Y luego están las especies que parecen salidas de otro planeta. En 2025, investigadores del CUCBA de la Universidad de Guadalajara documentaron por primera vez en México seis nuevas especies de ‘hongos zombi’ del género Ophiocordyceps en los bosques de Jalisco, uno de los estados más ricos en biodiversidad fúngica del país. Estos organismos parasitan hormigas y modifican su comportamiento antes de causarles la muerte. Una de las nuevas especies fue nombrada Ophiocordyceps deltoroi en honor al cineasta Guillermo del Toro, cuya película El laberinto del fauno y su trabajo con criaturas de otro mundo hicieron el nombre particularmente apropiado. Vale aclarar: estos hongos son altamente específicos de hospedero y no representan ningún riesgo para los humanos, por más que The Last of Us haya hecho popular el escenario contrario.
Bioluminiscencia, micoturismo y el patrimonio que puede desaparecer antes de conocerlo
Entre las especies más llamativas de la funga mexicana están los hongos bioluminiscentes de los géneros Mycena y Omphalotus, capaces de emitir luz en la oscuridad gracias a reacciones bioquímicas que involucran luciferasa. De las más de 112 especies bioluminiscentes conocidas en el mundo, México alberga ejemplares que investigadores de la Universidad de Guadalajara describieron en publicaciones indexadas en 2023. No son organismos raros ni difíciles de encontrar para quien sabe dónde buscar; son parte del ecosistema de cualquier bosque templado mexicano bien conservado.
El problema es que ese ecosistema está bajo presión. La deforestación, la escasez de micólogos especializados y el desconocimiento popular —que lleva a confundir especies comestibles con tóxicas, algunas de ellas letales como la Amanita phalloides— amenazan tanto la biodiversidad como el conocimiento tradicional vinculado a ella. México ocupa además el primer lugar mundial en especies de hongos psicoactivos, pero esa riqueza tampoco se ha traducido en investigación ni en políticas de conservación a la altura. El micoturismo y las ferias gastronómicas de temporada son pasos en la dirección correcta, pero el margen para actuar sigue siendo enorme: más de 190 mil especies estimadas esperan ser descritas, nombradas y comprendidas. Muchas podrían desaparecer antes de que eso ocurra.




