La Laguna de Cuyutlán es el cuarto humedal costero más grande de México y uno de los ecosistemas más ricos del Pacífico mexicano. Hoy también es el escenario de una disputa que enfrenta a un gigante natural contra la lógica del crecimiento portuario: la ampliación del Puerto de Manzanillo amenaza con avanzar sobre el Vaso II, una de sus zonas más sensibles, poniendo en jaque los manglares, la pesca artesanal y la producción de sal que Colima lleva siglos perfeccionando.
Qué está en juego en el Vaso II
El proyecto de ampliación portuaria no apunta a tierra vacía. El Vaso II de Cuyutlán es una franja de manglar activo donde conviven especies de aves migratorias, criaderos de peces y la infraestructura natural que regula el microclima de toda la costa colimense. Quitarlo no es mover un obstáculo: es desconectar una red que tomó décadas construirse sin intervención humana.
La comunidad que más lo siente es la de los pescadores artesanales, quienes han trabajado estas aguas por generaciones sin flotas industriales ni subsidios federales. Para ellos, Cuyutlán no es patrimonio abstracto: es el lugar donde pusieron sus redes esta mañana. Y junto a ellos, los salineros de Colima, custodios de una de las pocas producciones de sal artesanal que sobreviven en el país, cuya viabilidad depende directamente de la salud de la laguna. Puedes entender mejor el impacto humano de este tipo de decisiones si piensas en los pueblos que desaparecen cuando el desarrollo llega sin consulta.
Semarnat dijo que no, pero la historia no terminó
En enero de 2026, Semarnat negó la autorización ambiental al proyecto presentado para la ampliación del puerto. Fue una victoria concreta para las organizaciones que llevan años documentando el valor ecológico del humedal. Pero ‘negó’ no significa ‘cerró el caso’.
La discusión se reinicio, lo que en términos prácticos significa que el expediente sigue vivo y que la presión sobre Cuyutlán no se ha disuelto. Este patrón —rechazo inicial seguido de reingreso bajo otra figura jurídica o con un proyecto reformulado— no es nuevo en México cuando hay intereses económicos de este tamaño de por medio. El Puerto de Manzanillo es uno de los puertos de carga más importantes del país, y su expansión tiene respaldo comercial suficiente para intentarlo más de una vez.
El riesgo real no es que alguien quiera destruir un humedal por destruirlo. El riesgo es que la lógica del desarrollo logístico termine por hacer que ‘el cuarto humedal costero más grande de México’ suene a dato menor frente a columnas de toneladas de carga movilizadas por año.




