Funga es ahora una palabra oficial. El Cambridge Dictionary la incorporó en 2026 como el término colectivo para todos los hongos de una región o periodo, completando la triada flora, fauna y funga que la comunidad científica lleva años impulsando. No es solo un logro lingüístico: durante décadas, la ausencia de esa palabra dejó a los hongos fuera de leyes de biodiversidad, políticas de conservación y programas educativos en todo el mundo.
Cómo nació el término y quién lo puso en el mapa
La palabra circulaba de forma ocasional desde alrededor del año 2000, pero no tenía peso científico formal. Eso cambió en 2018 cuando los micólogos Francisco Kuhar, Giuliana Furci, Elisandro Ricardo Drechsler-Santos y Donald H. Pfister publicaron un artículo en la revista IMA Fungus donde delimitaron el concepto y propusieron su uso sistemático. El paper se tituló ‘Delimitation of Funga as a valid term for the diversity of fungal communities: the Fauna, Flora & Funga proposal (FF&F)’. Eligieron ‘funga’, derivado del latín fungus, porque era paralelo e intuitivo frente a ‘flora’ y ‘fauna’, mucho más accesible que alternativas técnicas como mycobiota o mycota.
Desde ahí, la campaña Fauna, Flora y Funga (impulsada por la Fungi Foundation que dirige Furci) convirtió ese argumento académico en presión política real. En 2021, la IUCN Species Survival Commission y Re:wild fueron las primeras organizaciones globales en adoptar el lenguaje oficialmente. La Convención de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica también respaldó la inclusión del tercer término, y hoy más de 20 países lo usan de forma oficial o semi-oficial. El reconocimiento del Cambridge Dictionary en 2026 fue el cierre simbólico que la comunidad micológica estaba esperando.
Por qué una sola palabra puede cambiar cuánto se protege un reino entero
Los hongos no son plantas ni animales. Forman un reino propio con funciones que ningún otro organismo replica: descomponen materia orgánica y reciclan nutrientes, forman micorrizas que permiten a la mayoría de las plantas absorber agua y minerales del suelo, regulan el carbono del suelo y son la base de medicamentos, alimentos y procesos industriales fundamentales. Sin embargo, durante siglos las leyes ambientales, los tratados internacionales y los planes de conservación hablaban exclusivamente de ‘flora y fauna’. Los hongos simplemente no cabían en ese lenguaje.
El problema no era solo poético. Sin un término colectivo, los hongos quedaban fuera del alcance legal de muchas regulaciones de biodiversidad. No podías proteger algo que el idioma no nombraba junto a lo demás. ‘Funga’ corrige esa omisión y da a los hongos el mismo estatus nominal (y potencialmente legal) que plantas y animales llevan siglos teniendo. Es el tipo de cambio que parece pequeño hasta que entiendes todo lo que habilita: inventarios, políticas, presupuestos, educación.
- Giuliana Furci y la Fungi Foundation




