Mientras el 60% de las chinampas de Xochimilco se apagan en el abandono, un grupo de jóvenes ha decidido cambiar la historia. Desde bailarinas que hoy cultivan plantas medicinales hasta cineastas que se enamoraron de la tierra, las nuevas generaciones están regresando al campo para recuperar un patrimonio en peligro. A través de la Escuela Campesina, estos jóvenes no solo producen alimentos, también siembran identidad, esperanza y un futuro agroecológico para la Ciudad de México.
Escuela Campesina, los jóvenes que rescatan Xochimilco
En una ciudad donde la mayoría de los campesinos tiene entre 45 y 60 años, la presencia de jóvenes en las chinampas parece casi un acto de rebeldía. De acuerdo con la Encuesta Nacional Agropecuaria 2019, apenas el 2% de los agricultores en México tienen entre 18 y 30 años.

En Xochimilco, ese relevo generacional estaba en riesgo, hasta que la Escuela Campesina, impulsada por Arca Tierra y la Iniciativa Agroecológica Xochimilco, abrió sus puertas para formar nuevas generaciones de agricultores. Su modelo es práctico y comunitario: aprender de campesino a campesino, sumergirse en la vida chinampera y redescubrir técnicas que combinan lo ancestral con la agroecología.
Voces jóvenes en las chinampas
Javier Ibarra, de la primera generación, recuerda el inicio como una prueba de resistencia. “Nos adaptamos al modo de vida de los productores nativos, y eso nos dio la fuerza para replicar su modelo en la Escuela Campesina”. En la segunda generación, Iliana López descubrió que el campo no tiene que limitarse a sembrar y cosechar: “El campo puede ser arte, diseño, administración… también es espacio para nosotras las mujeres”.

Su grupo inició con 25 personas y solo se graduaron ocho mujeres, lo que para ella simboliza la recuperación de un espacio históricamente femenino. Hoy, Zalo Contreras, integrante de la generación actual, dice que trabajar la tierra es también mantener vivo el recuerdo de su abuelo campesino. Aunque sueña con ser director de cine, quiere usar esa mirada para contar las historias de Xochimilco: “Estar aquí cambió mi visión por completo. Ahora estoy enamorado de mi tierra y de mis raíces”.
Agroecología, el lenguaje de esta generación
Los jóvenes de la Escuela Campesina apuestan por la agroecología y la agricultura sintrópica, un enfoque que se inspira en la naturaleza para regenerar suelos y ecosistemas. En lugar de maquinaria pesada, usan herramientas manuales y rescatan el papel del ahuejote, árbol endémico que sostiene las chinampas y fortalece los cultivos.

También integran biofiltros para limpiar el agua y dedican espacios a plantas medicinales, convencidos de que estas curan tanto la tierra como a las personas. La agricultura, para ellos, no es solo producción: es arte, memoria y resistencia frente al olvido urbano.
Juventud como esperanza para el campo
Las chinampas de Xochimilco son mucho más que paisajes pintorescos: son patrimonio de la humanidad, sistemas agrícolas milenarios y fuente de alimentos para la Ciudad de México. Pero sin jóvenes que las trabajen, ese legado corre el riesgo de desaparecer.

El regreso de nuevas generaciones a la tierra significa más que cosechas: representa la defensa de un territorio, una identidad cultural y una forma de vida. En palabras de Nadia Ramírez, otra estudiante: “El campo es sustento, pero también es herencia. La Escuela Campesina nos da las herramientas para no perderla”.

En un mundo donde la urbanización y la indiferencia parecen avanzar sin freno, los jóvenes de Xochimilco son prueba de que otra historia es posible. Con sus manos, su creatividad y sus sueños, están devolviendo vida a las chinampas abandonadas y demostrando que el campo aún puede enamorar a nuevas generaciones. La pregunta es inevitable: ¿qué pasaría si más jóvenes decidieran mirar hacia sus raíces y sembrar futuro en la tierra que parecía perdida?




