En un gesto que marca distancia frente a los modelos de desarrollo tradicionales, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, anunció que no se llevará a cabo la ampliación del Puerto del Sauzal, al norte de Ensenada, si la población no lo aprueba. Con esta declaración, la mandataria federal responde a una creciente presión ciudadana y ambientalista que ha calificado la obra como una amenaza directa al ecosistema costero y a la identidad surfista de la región.

Un proyecto industrial que puso en alerta a toda Ensenada
El megaproyecto planteado por la Administración del Sistema Portuario Nacional (Asipona) buscaba transformar el actual Puerto del Sauzal, originalmente pesquero, en un complejo industrial de grandes dimensiones, capaz de recibir hasta 6 millones de contenedores al año, en comparación con los 450 mil actuales.
La obra implicaría:
- Construcción de nuevos muelles y almacenamiento de hidrocarburos
- Dragado de 60 hectáreas de fondo marino
- Ampliación de la escollera en 4 kilómetros
- Redefinición del Puerto de Ensenada como destino turístico
Pero la propuesta encontró resistencia casi inmediata por parte de organizaciones ambientalistas, surfistas, pescadores artesanales y habitantes de El Sauzal, quienes desde hace años defienden esta zona como un santuario marino y cultural.
“No vamos a construir nada que no quiera la gente”
Durante su reciente visita a Baja California, Claudia Sheinbaum fue contundente: “Quiero decirles a todas y todos los ensenadenses que no vamos a construir nada que no esté de acuerdo la población. Siempre va a haber diálogo. Si el puerto no están de acuerdo, no se va a construir.”
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La postura de la presidenta coincide con el rechazo expresado a través de más de 10 mil firmas reunidas en la plataforma Change.org, donde ciudadanos exigen la cancelación del megaproyecto portuario. Para muchos, la obra es vista como un intento por imponer un modelo extractivista y privatizador, alejado de las necesidades reales de la población local.
Una joya del surf mexicano en peligro
La Bahía de Todos Santos, donde se ubican los puertos de Ensenada y El Sauzal, fue reconocida en 2014 como la primera Reserva Mundial de Surf en México. Sus rompientes constantes y la calidad de olas durante todo el año han convertido a playas como San Miguel, Tres Emes y Stacks en mecas internacionales para surfistas.
Según el Programa Maestro de Desarrollo Portuario de la Secretaría de Marina, esta zona tiene características únicas para el surf: olas continuas que no se cierran bruscamente, lo que la distingue incluso de otras playas mundialmente famosas.
El temor es claro: la transformación del puerto en un centro industrial destruiría estas playas, afectando el turismo, el deporte y el estilo de vida costero de Ensenada.
El pasado ya lo había advertido
Este proyecto no es nuevo. Ya en 2010 fue cancelado tras la oposición de científicos y organizaciones civiles que denunciaron falta de transparencia en el Manifiesto de Impacto Ambiental, así como la incapacidad de infraestructura urbana para sostener un megaproyecto de ese tamaño.
Según la activista Claudia Turrent, residente de El Sauzal, la reactivación del plan en 2024 ignora deliberadamente los dictámenes previos de la Semarnat, que en su momento emitió una aprobación negativa.
“No necesitamos un puerto industrial, necesitamos agua y salud”
La petición ciudadana insiste en que los 5 mil 745 millones de pesos previstos para la ampliación del puerto deberían invertirse en resolver problemas prioritarios de la región:
- Falta de servicios de salud pública
- Calle deterioradas y transporte deficiente
- Plantas de tratamiento de aguas residuales que aún contaminan el mar
- Saneamiento de arroyos y conservación del agua
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Además, advierten que el aumento masivo en el tráfico marítimo pondría en riesgo la pesca artesanal, colapsaría la única vía de acceso a la ciudad y reduciría la calidad de vida de los habitantes ensenadenses.
Una pausa para reflexionar sobre el futuro costero de México
El caso de Ensenada abre un debate urgente sobre qué tipo de desarrollo queremos en México: uno centrado en el crecimiento industrial a toda costa, o un modelo que escuche a las comunidades, respete el medio ambiente y priorice el bienestar colectivo.
Por ahora, la presidenta ha puesto un alto al proyecto. Pero la pregunta que queda en el aire es: ¿será esta una victoria definitiva para los defensores del mar… o solo una pausa estratégica?