En el corazón de Michoacán, una comunidad indígena que desafió al crimen organizado y al abandono gubernamental está dando una lección de vida y resiliencia. A pesar de haber perdido más de 12 mil hectáreas de bosque a causa de la tala ilegal impulsada por grupos delictivos, la comunidad purépecha de Cherán ha logrado reforestar cerca de 10 mil hectáreas de pinos, devolviéndole el verde al paisaje y el agua a los manantiales que estuvieron a punto de secarse.
Desde que instauraron un gobierno autónomo en abril de 2011, tras expulsar a los talamontes y al crimen organizado, los habitantes de Cherán han trabajado sin descanso para recuperar su territorio. Lo han hecho con recursos propios, con trabajo comunitario y con una conciencia ambiental que desafía al modelo extractivista que ha arrasado otras regiones de la Meseta Purépecha.

De bosque saqueado a bosque vivo
La tala ilegal comenzó a intensificarse en 2007, cuando grupos delictivos comenzaron a invadir el territorio de Cherán. El golpe ambiental fue brutal: los 10 manantiales que alimentaban a la comunidad comenzaron a secarse. La escasez de agua fue el punto de quiebre. “Cuando llegaron hasta el manantial de La Cofradía, supimos que podíamos perderlo todo”, recordó Reynaldo Durán, miembro del consejo comunal.
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Semillas de resistencia
Lejos de rendirse, Cherán organizó una recuperación forestal sin precedentes. Gracias a la temporada de lluvias de los últimos años y a un manejo sustentable del territorio, zonas devastadas como el cerro de San Miguel comenzaron a reverdecer. Hoy, 14 años después de haber sido arrasado, el cerro vuelve a ser hogar de pinos, cedros y árboles frutales.
La comunidad ha establecido 17 viveros productivos gracias al programa Sembrando Vida, más uno comunal que en 2023 produjo más de 150 mil plantas. Su meta: reforestar al menos 6 mil hectáreas más, sin recurrir a la tala indiscriminada, solo aprovechando árboles caídos por plagas o incendios.

El bosque no se cambia por aguacates
Cherán también ha sido firme en su decisión de no permitir plantaciones de aguacate en su territorio, a diferencia de otras comunidades que han cedido al monocultivo. “El bosque es el que conserva la humedad y proporciona agua. Nos estábamos quedando sin bosque y sin agua. Hoy vivimos las consecuencias de ese pasado”, declaró Durán Velázquez.
Los aguacateros, impulsados por la demanda internacional y la presión del crimen organizado, han transformado amplias zonas boscosas de Michoacán en terrenos agrícolas, agravando la crisis hídrica y desplazando a especies nativas.

Un modelo replicable: La ronda forestal indígena
A nivel estatal, el gobierno de Michoacán entregará 10 millones de plantas para reforestación, de las cuales tres millones serán para pueblos indígenas. Pero el Consejo Supremo Indígena de Michoacán, liderado por Pavel Guzmán, advierte que sin organización comunitaria, poco sobrevivirá.
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Por eso han propuesto la creación de una ronda forestal intercomunal, compuesta por brigadas indígenas capacitadas y pagadas en conjunto por las comunidades autónomas y el gobierno estatal. La experiencia lo demuestra: cuando las comunidades protegen sus bosques, el 80% de los árboles sembrados logra sobrevivir, en comparación con apenas un 5% o 15% cuando no hay vigilancia.

Una esperanza verde en medio del despojo
La recuperación forestal de Cherán no es solo un logro ambiental, es una declaración política, cultural y espiritual. En un país donde los defensores del territorio suelen ser silenciados o asesinados, esta comunidad purépecha ha demostrado que la autonomía, el trabajo colectivo y el amor por la tierra pueden revertir incluso los peores daños.
Aunque los efectos de la tala ilegal y el saqueo del agua aún se sienten, el bosque vuelve a respirar, y con él, la esperanza de un futuro más justo y sustentable para los pueblos originarios de México.




