En Nezahualcóyotl, donde el concreto domina y el verde escasea, un pequeño milagro brota desde el asfalto. Se trata del primer bosque de bolsillo de México, sembrado en el terreno de la Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl (UTN), con una técnica japonesa que acelera el crecimiento forestal y promete combatir las altas temperaturas urbanas, la pérdida de biodiversidad y el olvido ecológico.

¿Qué es un bosque de bolsillo y por qué nació en Neza?
El método utilizado se llama técnica Miyawaki, en honor al botánico japonés Akira Miyawaki, quien ideó una fórmula para reforestar espacios urbanos con alta densidad y velocidad. Consiste en plantar hasta tres árboles por metro cuadrado, utilizando exclusivamente especies nativas, lo que garantiza su adaptación y crecimiento acelerado.
Este tipo de bosques maduran en solo tres años, alcanzando en poco tiempo lo que a un ecosistema tradicional le tomaría décadas. La idea es sencilla pero poderosa: devolverle a la tierra lo que el desarrollo urbano le quitó.
Y si hay un lugar en México que necesita urgentemente esta solución, es Nezahualcóyotl. Construido sobre el antiguo lecho del lago de Texcoco, Neza enfrenta condiciones hostiles: un suelo salino, pocas áreas verdes y una expansión urbana sin planeación que ha dejado al municipio entre los más calurosos y densamente poblados del país.

Del gris al verde: Cómo se sembró el primer bosque Miyawaki en México
El proyecto nació como una colaboración internacional sin precedentes. La organización británica SUGi, especializada en crear bosques urbanos alrededor del mundo, brindó apoyo técnico y financiamiento. Desde Chile, el colectivo Symbiotica envió a tres expertos para supervisar la plantación.
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En mayo de este año, más de 300 voluntarios —entre vecinos, estudiantes y organizaciones locales— participaron en la siembra de 1,500 plantas de 36 especies distintas, todas originarias del Valle de México. Entre ellas, encinos, ahuehuetes, salvias y otras que no solo refrescan, sino que ayudan a restaurar el suelo y atraer polinizadores.

El concepto de “Satoyama” en Neza: Armonía entre naturaleza y ciudad
La idea que inspira este proyecto no es nueva, sino ancestral. En Japón, el concepto de “satoyama” se refiere a la coexistencia sostenible entre comunidades humanas y la naturaleza. Literalmente significa “pueblo-montaña”, y se basa en la gestión responsable de bosques y cultivos para el bienestar común.
Traer esta noción a Neza —uno de los municipios con menos áreas verdes por habitante en México— es un acto de justicia climática. Porque no se trata solo de plantar árboles, sino de reconectar a las personas con su entorno, mejorar la salud pública y crear espacios resilientes frente al cambio climático.

¿Por qué importa tanto un bosque en 100 metros cuadrados?
En un municipio donde el 60% del suelo está cubierto de concreto y la temperatura ha aumentado 1.5 °C en la última década, este pequeño bosque es más que un gesto simbólico: es un laboratorio vivo.
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Mediante sensores y observación, se medirá su efecto en la reducción del calor, la recuperación del suelo, y el retorno de aves e insectos. Además, servirá como modelo para replicar la técnica Miyawaki en otras zonas de la Zona Metropolitana del Valle de México que también sufren las consecuencias del calentamiento urbano.

Sembrar futuro en tierra árida
Neza no fue elegido al azar. Los impulsores del proyecto identificaron zonas con mayor efecto de isla de calor, marginación e inundaciones. En todas, el oriente de la ciudad encabezaba la lista.
Este bosque no cambiará todo de un día para otro, pero sí representa un nuevo comienzo. Es una semilla verde en medio del gris, una bocanada de oxígeno que invita a imaginar otro tipo de ciudad: más justa, más fresca, más habitable.




