Dos capibaras bebé acaban de instalarse en el San Francisco Zoo & Gardens, marcando el regreso de la especie a ese recinto después de casi 10 años de ausencia. Tienen apenas 4 meses de vida, pesan entre 15 y 20 kg cada uno, y ya comparten hogar con algunas de las criaturas más llamativas del zoológico. Lo mejor: todavía no tienen nombre.
Los roedores más grandes del mundo, ahora en San Francisco
La capibara es el roedor más grande que existe sobre la Tierra. Un dato que parece exagerado hasta que lo ves de frente: estos dos hermanitos —un macho y una hembra— ya rondan los 15 y 20 kilogramos con apenas cuatro meses encima, y de adultos pueden superar los 50 kg con facilidad. Son animales originarios de América del Sur, sociales por naturaleza y conocidos por llevarse bien con casi cualquier especie, lo que los hace especialmente atractivos para zoológicos con colecciones mixtas.
En su nuevo hogar del San Francisco Zoo & Gardens, los recién llegados comparten espacio con un tapir llamado Pacha, un oso hormiguero gigante, un pudú —el ciervo más pequeño del mundo— y dos tortugas gigantes. Es, sin exagerar, uno de los vecindarios más heterodoxos del mundo animal. Para las capibaras, que en estado silvestre viven en grupos numerosos cerca de ríos y lagos, la compañía no solo es bienvenida: es necesaria. La convivencia entre especies en cautiverio
Sin nombre y con todo por delante
Los dos recién llegados todavía no tienen nombre oficial, y eso, lejos de ser un detalle menor, es una invitación abierta. El zoológico no ha anunciado un proceso de votación, pero la pregunta ya circula entre quienes los siguen en redes: ¿cómo llamarías a estos hermanitos?
La llegada de esta pareja de capibaras no es solo una buena noticia para los visitantes del zoológico. Es también una señal de que los programas de gestión de fauna en cautiverio siguen activos y funcionales: conseguir animales jóvenes y sanos de esta especie requiere coordinación entre recintos, y el hecho de que el San Francisco Zoo haya podido incorporarlos después de casi una década sin capibaras dice algo sobre el estado actual de esas redes de conservación. Dos hermanitos de cuatro meses, sin nombre aún, que ya pesan lo que un adolescente humano promedio y tienen toda una vida por delante entre tapires y tortugas. Bienvenidos.




