El cielo ya no es lo que era y esta vez no fue en México ni en Estados Unidos: los restos de un cohete Falcon 9 de SpaceX ahora cruzaron el cielo de Almería, en plena noche de San Juan, dejando tras de sí una estela incandescente… y una gran polémica. El Observatorio Astronómico de Calar Alto no se quedó callado: denunció la escena como una forma más de contaminación del cielo. Porque, al parecer, SpaceX no solo contamina México, también siembra sus residuos sobre Europa. Y lo que muchos vieron como un espectáculo, los expertos lo definen como basura espacial. Literalmente.
El cielo de España, invadido por basura espacial
En la madrugada del 24 de junio de 2025, a las 00:13 (hora local), una extraña mancha brillante surcó el firmamento andaluz. La gente miraba hacia arriba con asombro. ¿Un cometa? ¿Un meteorito? Nope. Según el Observatorio de Calar Alto, era la segunda etapa de un cohete Falcon 9 de SpaceX quemándose al reentrar en la atmósfera.
Como si de un portal a otro mundo se tratara, nuevamente las cámaras de Calar Alto captan la reentrada de la segunda etapa de un Falcon 9 de SpaceX.
Y no es la primera vez. pic.twitter.com/JsM8QMTlzD
— Galileo de Almería (@GalileoAlmeria) June 26, 2025
Ese fragmento pertenecía a la misión Transporter-14, lanzada apenas un día antes desde Vandenberg, California. Su carga: más de 70 objetos, incluyendo cápsulas con ADN y cenizas humanas. Para la empresa Celestis, socia de SpaceX, era una ceremonia espacial. Para Calar Alto, un acto de contaminación sin control.
El lado más incómodo del negocio espacial
SpaceX no es solo innovación y lanzamientos históricos. También es contaminación orbital y caída de residuos, algo que se ha denunciado previamente desde países como México, donde partes de cohetes han terminado en zonas rurales. Ahora, le tocó a España. Y la crítica no se hizo esperar.

Porque mientras muchos celebraban la Noche de San Juan con fuegos artificiales, el cielo europeo era atravesado por basura espacial estadounidense, producto de una industria espacial cada vez más privatizada, menos regulada y mucho más… lucrativa. La ciencia debería inspirar, pero cuando se convierte en negocio, empieza a dejar una huella tóxica, tanto en la Tierra como en la atmósfera.
¿Restos humanos en el cielo?
La parte más polémica: las cápsulas con cenizas humanas. Más de 150, mezcladas con muestras de ADN, fueron enviadas al espacio como una forma de conmemoración “cósmica”. Pero ¿qué pasa cuando esos homenajes regresan convertidos en basura ardiente sobre zonas habitadas? Desde Calar Alto fueron tajantes: “Aunque pueda parecer un homenaje poético, representa un acto más de contaminación del patrimonio celeste”. El cielo, dicen, es un bien común que estamos destruyendo sin darnos cuenta, y cada lanzamiento deja su marca, especialmente cuando no hay una estrategia de recuperación de residuos.

¿Quién cuida el cielo? Es de todos, pero no todos lo respetan
La crítica de fondo no es contra un cohete en particular, sino contra una tendencia global que va al alza: más lanzamientos, más objetos en órbita, más fragmentos incontrolables, más cielos manchados. Y lo peor es que nadie está trazando límites claros.

Para los astrónomos, la contaminación espacial es como el cambio climático: silenciosa, acumulativa, pero devastadora. Y lo que antes era exclusivo de grandes potencias ahora está dominado por empresas privadas como SpaceX, que convierten el cielo en un vertedero orbital mientras venden el espacio como un lujo para millonarios. Entonces, ¿quién defiende el cielo? ¿Quién regula lo que se lanza y lo que cae?

La tecnología también contamina, y su impacto no conoce fronteras. Lo que ayer fue un problema en México, hoy afecta a España, y mañana… probablemente a todos. Un cosmos lleno de secretos se está convirtiendo en un paraíso en peligro, con estelas de fuego que no traen esperanza, sino advertencias. La pregunta ya no es si podemos llegar más lejos, sino: ¿cuánto estamos dispuestos a sacrificar para hacerlo?




