Día internacional de los pueblos indígenas: ¿por qué todos debemos estar agradecidos con ellos?

Los pueblos indígenas y las comunidades locales son actores fundamentales en la conservación del patrimonio natural y cultural del planeta.

En 1994 la Asamblea General de las Naciones Unidas decretó que el 9 de agosto de cada año se celebraría el Día internacional de los pueblos indígenas. Más allá del gesto protocolario o el reconocimiento simbólico de esta efeméride, existen varias, y muy buenas, razones para celebrar la presencia de estos grupos, para valorarla y agradecerla. Sin importar nuestra ubicación geográfica, ideología o postura, todos los habitantes de este planeta debiéramos reconocer activamente el papel que los pueblos indígenas desempeñan en un rubro que es crucial para la subsistencia de nuestra especie: el cuidado y conservación del medioambiente.

Para dimensionar lo anterior te compartimos el siguiente dato: ¿Sabías que el 80% de la biodiversidad del planeta está resguardada por pueblos indígenas?. A lo largo de la historia humana estos grupos, además de cultivar un riquísimo patrimonio cultural –vía ese vasto cúmulo de tradiciones, usos y costumbres–, han velado por los entornos naturales donde se asientan, aprovechando sus recursos de forma armónica y sustentable, y demostrando así al resto que la conservación de un área natural, y su simultáneo aprovechamiento, son actividades compatibles. 

América Latina es una de las regiones con mayor población indígena, y donde existe una mayor biodiversidad. Organizaciones civiles como el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS) advierten que, tan solo en México, el 39 % de los bosques y el 60 % de las selvas se encuentran en regiones indígenas. Asimismo, muchas de las principales Áreas Naturales Protegidas cuentan con población indígena, que ha contribuido a la generación y conservación de la biodiversidad a través de su uso sostenible.

¿Y cómo ha logrado México la sostenibilidad de estos ecosistemas?

En las tierras de propiedad social de México, ocurre un fenómeno peculiar: comunidades indígenas y locales están tomando las riendas de la conservación y manejo de su territorio. La aparición de numerosos de estos grupos que hoy aprovechan sustentablemente los bosques y selvas del país, es un caso ejemplar que está adquiriendo cada vez mayor relevancia. Existen muchos ejemplos loables de empoderamiento de comunidades forestales indígenas que a través del manejo y aprovechamiento de sus recursos naturales han logrado consolidar empresas comunitarias.  Ejemplo de ello son los ejidos de Amanalco, en el Estado de México; Ixtlán de Juárez y San Pedro el Alto, en Oaxaca; San Juan Nuevo, en Michoacán y el Ejido Caobas, en Quintana Roo.  

Estas comunidades y unas 900 más operan en los estados de Chihuahua, Durango, Jalisco, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Campeche, Quintana Roo, Veracruz, Puebla, Hidalgo y Edomex. De hecho, el 90% de la producción forestal nacional proviene de bosques manejados por comunidades y ejidos que controlan en diferentes grados los procesos productivos. Sin embargo, existen numerosas afrentas para estos grupos, debido a que las políticas públicas dirigidas a las regiones campesinas han permitido el despojo de tierras y el desarrollo e inversión de grandes proyectos agroindustriales privados sobre territorios indígenas y campesinos.

En este sentido, y con motivo del Día Internacional de los pueblos indígenas, el Consejo Civil Mexicano emitió un comunicado en el que llama a los tomadores de decisiones a promover decididamente el desarrollo de las comunidades y pueblos indígenas de México, puesto que se debe:

hacer una revisión crítica de la intervención gubernamental en las zonas rurales e indígenas, pues a lo largo de los años se ha puesto énfasis en el desarrollo de programas asistenciales y subsidio al consumo, lo que ha resultado contraproducente y ha generado graves daños a las economías locales.

Es urgente instrumentar cambios profundos en la intervención gubernamental orientada a las comunidades campesinas e indígenas, y tomar las medidas necesarias para asegurar la alineación de la inversión pública hacia el campo ya que hasta ahora ésta se ha quedado en los discursos y en la retórica. Hoy cada dependencia opera de manera aislada, sectorialmente, sin la voluntad de coordinar acciones, sin un enfoque de desarrollo territorial y con programas claramente contradictorios que resultan nocivas para las comunidades y sus territorios.



Amarnos a nosotros mismos en tiempos ensimismados

¿Será posible reinventar al amor propio y llevarlo más allá del culto al individuo?

Amar es desgarrarnos para cosernos; rompernos para pegarnos. Amar es alejarnos para volver, dañarnos para curar. Amar es el más extravagante de los hábitos: un acto efímero en su eternidad. Un péndulo de Foucault oscilando infinitamente.

De entre estas ambivalencias e incertidumbres que constituyen la esencia de esta pasión humana, se alza un aparente antagonismo entre el amor al otro, por un lado, y el de aquel que guardamos para nosotros mismos, por otro.

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Ilustración: Henn Kim

Ambos pasan en nuestros tiempos por una crisis que los hace parecer irrealizables y, en ocasiones, también irreconciliables: no hay tiempo de amar a otros porque estamos muy ocupados procurándonos a nosotros mismos. O no nos amamos porque estamos muy ocupados salvando el mundo.

No obstante, amarnos a nosotros parece ser, verdaderamente, el principio desde el cual se desdobla el resto de nuestros actos. Por eso Ron Padgett, nuestro Paterson de carne y hueso, escribe:

Take care of things close to home first. Straighten up your room before you save the world. Then save the world.

(Encárgate de las cosas cercanas a casa primero. Arregla tu cuarto antes de salvar el mundo
Luego salva el mundo)

Parece urgente amarnos si queremos ser capaces de amar a otros en algún momento. Porque si no nos amamos, ¿cómo amar a otros? Tal parece la aritmética de las relaciones humanas: su lógica intrínseca.

Pero el amor no es reductible a operaciones matemáticas. Recuperar el amor propio en estos tiempos es más difícil, quizá, que nunca en la historia. Somos presa fácil de los vacuos discursos sobre el amor, cuya retórica cínica invita a amarnos desde el narcisismo y la mezquindad. Existen también los sustitutos inverosímiles: en lugar de amar, nos sumimos en nuestra psique depresiva y cultivamos un odio que poco a poco nos carcome.

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Ante esas condiciones decadentes, es urgente plantear hipótesis radicales. ¿Qué tal si la única forma de recuperar el amor propio fuera admitiendo que no hay una hoja de ruta que nos marque cómo hacerlo? Suena desolador: si algo buscamos son respuestas tangibles, concretas y que nos den soluciones inmediatas.

Pero amar es precisamente lo contrario a todo ello. Amar –afortunadamente– no es una ciencia, y por ello no existen métodos para aprender a amarnos ni para amar a otros. Por eso, aún en nuestros tiempos ensimismados, el amor sigue siendo un resquicio de libertad para quien se atreve a mirar desde ahí.

Aunque quizá una de las pocas cosas que se pueda afirmar sobre esa cosa contradictoria que es el amor (cuya semántica, por cierto, es el mayor reto de los lingüistas) es que, tanto aquel amor que nos profesamos a nosotros mismos, como el que profesamos a los demás, son indisociables. Ambos tienen una autonomía relativa, tanto como nosotros la tenemos de los demás. Pero su aparente antagonismo o dualidad es producto de nuestra época, y no es sino una ilusión, como muchas de las que sustentan nuestras creencias.

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El amor es una totalidad que sólo puede sobrevivir como tal, retroalimentandose cada una de sus partes de lo uno y lo otro. Hay necesidad mutua, incluso cósmica, entre los tipos de amor, tal y como la hay en el individuo para con los otros, a quienes necesita para poder ser y desdoblarse en sus infinitas posibilidades.

Si algo resume esta idea en una cotidianidad sólo aparentemente sencilla, pero en realidad sumamente compleja, es esta otra metáfora de Padgett en su poema Love:

That is what you gave me

I become the cigarette and you the match

Or I the match and you the cigarette

Blazing with kisses that smoulder towards heaven

(Eso fue lo que me diste: yo me convertí
en cigarrillo y tú en fósforo
o yo en fósforo y tú en cigarrillo
brillando con besos ardiendo hacia el cielo)

El amor propio sólo puede cultivarse cuando aprendemos a ser ya sea el cigarrillo o el fósforo. Es una relación dinámica que ocurre todo el tiempo, todos los días. No hay principios ni finales. No hay identidades definidas permanentemente. Sólo fósforos, cigarrillos y las chispas que simbolizan la valentía que implica amarnos y amar en un mismo tiempo.  

 

*Ilustración principal: Sivan Karim 

 



5 razones por las que el nuevo plan para el Nevado de Toluca podría ser una gran noticia

El aprovechamiento regulado del bosque del Nevado de Toluca podría ser lo mejor que le pudiera pasar a esta hermosa área natural.

Recientemente se desató gran polémica en torno al Nevado de Toluca. A raíz de la publicación de un Plan de Manejo para esta zona, circularon una serie de artículos que lo interpretaron como una maniobra para “privatizar” y explotar comercialmente el área. Como consecuencia, y entendiblemente, se generó un amplio rechazo de la sociedad contra éste.

Sobra decir que la defensa de una sociedad ante lo que percibe como una amenaza en contra de sus áreas naturales protegidas es algo celebrable. Sin embargo, si se profundiza con detalle en los objetivos, parece que se trata de un problema de desinformación; de hecho, estas podrían ser muy buenas noticias no solo para los bosques de la zona del Nevado de Toluca, también para los habitantes de las comunidades que ahí radican.

En este sentido, combatir el nuevo plan de manejo es un claro despliegue de buena voluntad pero que, como bien señala este artículo reciente, estaría apuntando en contra del fin compartido: conservar los bosques del Nevado de Toluca. Además, vale la pena recalcar que frenar esta iniciativa no solo prolongaría el mal manejo que hasta ahora, durante casi 8 décadas, ha padecido el Parque Nacional del Nevado –desde tala clandestina, asentamientos caóticos y deterioro a causa de actividades agrícolas y ganaderas, hasta políticas prohibicionistas que impiden el cuidado del bosque de manera adecuada–, también se estaría negando la posibilidad de que las comunidades locales aprovechen, de manera controlada y sustentable, los recursos de sus bosques y, paralelamente, funjan como efectivos guardianes del área. 

Antes de exponer las varias razones por las que en lugar de una amenaza latente podríamos estar ante muy buenas noticias, es importante enfatizar que mucho dependerá de una correcta implementación del manejo forestal comunitario –comenzando por la evaluación de cada una de las propuestas que se elaboren dentro del nuevo esquema–, pero por ahora, todo indica que es un gran paso a favor del bosque y las comunidades. 

A continuación te enlistamos algunas razones por las que este plan podría ser una solución loable para conservar de una manera más efectiva este Parque Nacional y, con él, mejorar la calidad de vida de sus comunidades:

Beneficios ambientales

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1) Conservación

La conservación de los bosques se garantiza mediante la presencia legal y organizada de las comunidades y los propietarios ejidales, pues estos se encargan de su cuidado y mantenimiento, además de combatir la tala clandestina. 

Existe un antecedente importante para demostrar lo anterior,  la Unión de Ejidos Emiliano Zapata que incluye varios ejidos dentro del área del Nevado de Toluca, llevan aprovechando durante más de 30 años los recursos forestales, de acuerdo a un plan de manejo, presume hoy una tasa de deforestación cero, es decir en la zona bajo su manejo.

2) Es una medida loable contra el cambio climático

Está plenamente demostrado que el manejo forestal comunitario contribuye, de manera significativa y con muy bajo costo, a disminuir la emisión de gases de invernadero (algo que por cierto ayudaría a que México cumpla el compromiso dentro del reciente Acuerdo de Paris). 

 

Beneficios económicos

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3) Activación económica del área

Se abre una importante coyuntura para que las comunidades se beneficien del aprovechamiento maderable y se activen económicamente. Recordemos que en hoy más de 2,400 comunidades manejan sus bosques en México, de las cuales casi mil operan empresas forestales comunitarias con resultados bastante alentadores.

 

Beneficios sociales

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4) Los derechos humanos

En este plan se prevén también los derechos humanos, específicamente los de las comunidades rurales que han habitado estos bosques y quienes por cierto tienen un papel fundamental en su cuidado y gestión. De igual forma, para evitar la toma de decisiones imprecisas por parte de la autoridad es necesario que quienes viven en estos bosques, y se benefician de ellos, intervengan activamente en su regulación y cuidado.

5) La regulación y las delimitaciones crean decisiones conscientes

En el marco legislativo de casi cualquier orden, optar por una regulación en vez de una prohibición permite generar alternativas viables para todos. La prohibición total de la tala de árboles excluye a los habitantes de la zona de tomar decisiones sobre las áreas naturales que les rodean e impide actuar a tiempo frente a problemáticas como un área forestal invadida por plaga. En este caso, con el Plan de Manejo, se reconocerían las facultades de las comunidades para ejercer su responsabilidad sobre los bosques que a lo largo de generaciones han habitado.

* Imágenes: Veo Verde; CCMSS.