¿Cuántos tickets de compra resguardas en tu cartera? Sí, esta es una de las acciones más comunes… Compras algo, te dan el ticket y resulta que no lo tiras, solo lo guardas por meses en tu cartera. Pero, detrás de este gesto rutinario puede esconderse una amenaza silenciosa para la salud.
La mayoría de los tickets impresos en papel térmico contienen bisfenol A (BPA), un compuesto químico que desde hace décadas está en la mira de la ciencia.

El problema es que no se trata de una sustancia inocente: el BPA es un disruptor endocrino, es decir, puede alterar el sistema hormonal. Esto lo relaciona directamente con enfermedades que afectan de manera especial a las mujeres, como problemas de fertilidad, alteraciones en el embarazo e incluso cáncer de mama.
Estudios han señalado que el riesgo no se limita a exposiciones prolongadas o masivas. Incluso pequeñas cantidades de contacto repetido, como ocurre al recibir tickets a diario, pueden acumularse en el organismo y provocar efectos adversos.
Investigaciones señalan los múltiples riesgos de los tickets de compra
Investigaciones de universidades como la de Granada muestran que 9 de cada 10 recibos contienen BPA, mientras que otras, como la de Calgary, advierten que hasta los fetos podrían verse afectados por esta sustancia durante el embarazo.
El caso es más alarmante en trabajadoras de supermercados, gasolineras o farmacias, quienes manipulan decenas de tickets cada día. Para ellas, la exposición deja de ser ocasional y se convierte en un riesgo constante y crónico.

Aunque varios países han avanzado en la regulación del BPA —Francia lo prohibió desde 2013 y la Unión Europea lo retiró del papel térmico en 2020—, los reemplazos no son necesariamente más seguros. En muchos casos se sustituyó con bisfenol S (BPS), un compuesto químico similar cuyo impacto en la salud todavía genera debate entre especialistas.
Algunas medidas para generar el cambio
La situación refleja un problema más amplio: la lentitud de los marcos regulatorios frente a la evidencia científica. Según el European Environmental Bureau, sustancias catalogadas como inseguras pueden permanecer hasta 16 años en circulación antes de que exista un control efectivo. Mientras tanto, millones de personas siguen expuestas.

Frente a este panorama, lo más recomendable es minimizar el contacto con los tickets: evitar arrugarlos, escribir sobre ellos o guardarlos junto a los alimentos. Aunque parecen medidas simples, pueden reducir considerablemente la exposición mientras la ciencia y las leyes avanzan.
Lo que parece un pedazo de papel sin importancia es, en realidad, un recordatorio de que lo cotidiano también puede ser riesgoso, y que nuestra salud —en especial la de las mujeres— merece estar en el centro de las decisiones sobre los químicos que usamos todos los días.




