Cada vez que un sismo provoca el colapso de edificios, comienza una carrera contrarreloj para localizar a personas atrapadas. En medio de las labores de búsqueda suele surgir una pregunta recurrente: ¿cuánto puede sobrevivir una persona bajo los escombros tras un sismo? Aunque durante años se ha hablado de un límite de entre cinco y siete días, la evidencia científica demuestra que no existe un tiempo fijo.
¿Cuánto puede sobrevivir una persona bajo los escombros tras un sismo?
No existe una cifra exacta que determine cuánto tiempo puede sobrevivir una persona bajo los escombros tras un sismo. Los especialistas coinciden en que las primeras 24 a 72 horas constituyen el periodo con mayores probabilidades de rescatar personas con vida, motivo por el cual la respuesta de los cuerpos de emergencia se concentra con máxima intensidad durante ese intervalo. Conforme pasan los días, las probabilidades disminuyen de manera considerable debido a la deshidratación, las lesiones, la falta de oxígeno y las condiciones del entorno.

La idea de que nadie puede sobrevivir después de siete días proviene de análisis estadísticos realizados tras numerosos terremotos alrededor del mundo. Sin embargo, el llamado “límite de siete días” no representa una regla absoluta, sino una estimación basada en la experiencia de cientos de operaciones de rescate. Los protocolos del Grupo Asesor Internacional de Operaciones de Búsqueda y Rescate (INSARAG), coordinado por las Naciones Unidas, establecen que las labores continúan mientras exista una probabilidad razonable de hallar personas con vida.
Los factores que determinan la supervivencia bajo los escombros
La supervivencia depende de varios factores que actúan al mismo tiempo. Las llamadas bolsas de aire (espacios vacíos que quedan entre vigas, muebles o losas tras un colapso) permiten respirar durante más tiempo y representan una de las principales razones por las que algunas personas logran sobrevivir varios días. También resulta determinante el acceso al agua, ya que el cuerpo humano puede resistir entre tres y siete días sin hidratarse, aunque esta cifra cambia según la temperatura, el esfuerzo físico y el estado de salud.

Las lesiones sufridas durante el derrumbe también modifican el pronóstico. Hemorragias graves, traumatismos o el denominado síndrome de aplastamiento reducen significativamente las posibilidades de supervivencia. A ello se suman factores como la temperatura ambiental, la presencia de humo o polvo y la capacidad de la persona para conservar la calma y limitar sus movimientos, lo que ayuda a ahorrar energía y disminuir la pérdida de líquidos.
¿Qué hacer si una persona queda atrapada bajo los escombros?
Las recomendaciones emitidas por organismos especializados como el Instituto Geofísico de Ecuador buscan aumentar las probabilidades de supervivencia mientras llegan los equipos de rescate. La primera medida consiste en mantener la calma, limitar los movimientos para evitar levantar polvo y cubrir nariz y boca con una prenda para reducir la inhalación de partículas. También es importante no utilizar encendedores ni cualquier otra fuente de ignición debido al riesgo de fugas de gas.

Para llamar la atención de los rescatistas se recomienda golpear tuberías o estructuras metálicas en lugar de gritar constantemente, ya que esto permite conservar energía y evitar una mayor deshidratación. Si existe acceso a agua, debe consumirse con moderación y, cuando sea posible, conservar el calor corporal utilizando la ropa disponible o materiales cercanos hasta la llegada de los cuerpos de emergencia.

La supervivencia bajo los escombros tras un sismo no puede resumirse en un número fijo de días. Aunque la mayoría de los rescates con vida ocurre durante las primeras 72 horas y las probabilidades disminuyen considerablemente después de una semana, factores como la existencia de bolsas de aire, el acceso a humedad, la gravedad de las lesiones y las condiciones ambientales pueden modificar por completo el desenlace. Por ello, los protocolos internacionales mantienen las labores de búsqueda mientras existan indicios razonables de vida, recordando que cada rescate responde a circunstancias únicas y que la esperanza no depende únicamente del paso del tiempo.




