La prohibición del Rojo 3 en México marca uno de los cambios regulatorios más importantes en materia de aditivos alimentarios de los últimos años. El 28 de mayo de 2026, la Secretaría de Salud publicó en el Diario Oficial de la Federación el acuerdo que elimina oficialmente la eritrosina de la lista de colorantes permitidos en alimentos, bebidas y suplementos alimenticios. La decisión llega después de que las autoridades detectaran que la exposición de la población mexicana supera más del doble de la Ingesta Diaria Admisible considerada segura. Aunque el debate sobre sus riesgos lleva décadas, la medida coloca nuevamente en el centro de la conversación la seguridad de los aditivos presentes en los productos de consumo cotidiano.
¿Qué es el Rojo 3 y por qué se utilizaba tanto?
La eritrosina, también conocida como Rojo 3, FD&C Red No. 3 o E127, es un colorante sintético derivado del petróleo cuyo nombre químico es 2′,4′,5′,7′-tetraiodofluoresceína. Su principal característica es proporcionar un intenso tono rojo cereza que se mantiene estable frente al calor, la luz y distintos niveles de acidez, cualidades muy valoradas por la industria alimentaria.

Durante décadas fue utilizado en productos como gomitas, gelatinas, paletas, cereales, bebidas saborizadas, helados, postres y confitería. Su presencia era especialmente común en alimentos dirigidos al público infantil, donde los colores brillantes suelen desempeñar un papel importante en la percepción del producto. Sin embargo, detrás de ese atractivo visual existe una larga historia de cuestionamientos científicos y regulatorios.
La evidencia científica detrás de la prohibición del Rojo 3
La preocupación sobre este colorante no es nueva. Desde la década de 1980, diversos estudios realizados en ratas macho encontraron que altas dosis de eritrosina podían provocar tumores en la glándula tiroides. Los investigadores identificaron que el compuesto alteraba procesos relacionados con las hormonas tiroideas y aumentaba la producción de la hormona estimulante de la tiroides (TSH), favoreciendo el desarrollo de hiperplasia y tumores en estos animales.

No obstante, la situación es más compleja en humanos. Hasta la fecha, no existe evidencia concluyente de que el Rojo 3 provoque cáncer en personas bajo los niveles habituales de consumo alimentario. Organismos internacionales han señalado que el mecanismo observado en ratas no se replica de la misma forma en el organismo humano. Aun así, la existencia de resultados positivos en animales ha mantenido al colorante bajo vigilancia durante décadas y ha impulsado restricciones en distintos países.
¿Por qué México decidió eliminarlo ahora?
La razón principal detrás de la prohibición no fue únicamente el potencial riesgo cancerígeno observado en estudios animales. De acuerdo con Cofepris, el factor determinante fue que la exposición estimada de la población mexicana supera ampliamente los límites considerados seguros por organismos internacionales. La Ingesta Diaria Admisible (IDA) para la eritrosina es de 0.1 miligramos por kilogramo de peso corporal al día. Sin embargo, las evaluaciones realizadas por las autoridades mexicanas calcularon una exposición teórica de aproximadamente 0.231 miligramos por kilogramo diario, más del doble de lo recomendado.

Este escenario resulta especialmente preocupante en niños, quienes suelen consumir una mayor cantidad de productos con colorantes artificiales en relación con su peso corporal. Ante esta situación, las autoridades aplicaron el denominado principio precautorio, una estrategia utilizada cuando existe incertidumbre científica pero también indicios suficientes para considerar que un riesgo podría afectar la salud pública. Bajo este enfoque, se opta por reducir o eliminar la exposición mientras se protege a la población.
Los productos que podrían cambiar en los próximos años
La prohibición no implica una desaparición inmediata del colorante. Las empresas contarán con un periodo de transición de 24 meses, hasta aproximadamente mayo de 2028, para reformular sus productos y agotar existencias. Durante ese tiempo, todavía podrán encontrarse artículos que contengan eritrosina en los puntos de venta. Entre los productos potencialmente afectados se encuentran gelatinas, dulces, gomitas, paletas, cereales, bebidas saborizadas, flanes, helados, polvos para preparar bebidas, productos de repostería y algunos suplementos alimenticios.
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Sin embargo, es importante señalar que no todos los alimentos de color rojo contienen Rojo 3. Muchas marcas ya utilizan alternativas como el carmín de cochinilla, extractos de betabel, antocianinas u otros colorantes sintéticos autorizados. La transición también representa una oportunidad para impulsar ingredientes de origen natural. México destaca como productor de materias primas utilizadas para colorantes alternativos, particularmente cochinilla y betabel, recursos que podrían adquirir mayor relevancia dentro de la industria alimentaria.
Un cambio alineado con la tendencia internacional
La decisión mexicana se suma a una tendencia regulatoria observada en distintas partes del mundo. En enero de 2025, la FDA de Estados Unidos prohibió el uso del Rojo 3 en alimentos y medicamentos ingeribles mediante la aplicación de la Cláusula Delaney, que impide la autorización de sustancias asociadas al cáncer en animales. La Unión Europea, Australia y Nueva Zelanda también han establecido restricciones importantes para este colorante. Aunque las evaluaciones científicas continúan señalando que el riesgo directo para los seres humanos es bajo, cada vez más autoridades consideran que la combinación entre evidencia animal y altos niveles de exposición justifica adoptar medidas preventivas.

La prohibición del Rojo 3 en México refleja cómo la regulación alimentaria evoluciona conforme avanza el conocimiento científico y cambian los patrones de consumo. Más allá del debate sobre su potencial carcinogénico, la decisión responde a una preocupación concreta: una exposición superior a los límites considerados seguros para la población. Mientras la industria trabaja en reformular miles de productos durante los próximos dos años, el caso de la eritrosina recuerda que incluso los ingredientes más comunes pueden esconder complejas preguntas sobre salud pública, evidencia científica y prevención. ¿Será este el inicio de una revisión más amplia de los colorantes artificiales presentes en nuestra alimentación?




