Con la llegada del frío, muchas personas recurren a calefactores, anafres o braseros para mantener el calor en sus hogares. Sin embargo, cada año este hábito deja un saldo preocupante de intoxicaciones por monóxido de carbono, un gas tan peligroso como invisible. No tiene olor, color ni sabor, y puede provocar desde mareos leves hasta la muerte en cuestión de minutos. Su presencia pasa desapercibida, lo que lo convierte en uno de los riesgos más letales del invierno.
¿Qué es el monóxido de carbono y por qué es tan peligroso?
El monóxido de carbono (CO) se genera por la combustión incompleta de materiales como gas, carbón, leña o kerosene. Cuando se inhala, este gas desplaza el oxígeno en la sangre, impidiendo que llegue a los órganos vitales. Es por eso que se le llama “el asesino silencioso”: actúa sin señales claras y puede afectar a toda una familia mientras duerme.

Los primeros síntomas suelen parecer inofensivos (dolor de cabeza, mareos, náuseas o somnolencia) y fácilmente se confunden con una gripe o una intoxicación alimentaria. Pero si la exposición continúa, pueden aparecer confusión, pérdida del conocimiento e incluso paro respiratorio. Sin ventilación adecuada, una simple noche de frío puede convertirse en tragedia.
¿Por qué aumenta el riesgo en invierno?
Durante los meses fríos, la mayoría de las personas mantienen las ventanas cerradas para conservar el calor, reduciendo el flujo de aire fresco. Esta falta de ventilación hace que el monóxido de carbono se acumule rápidamente. Además, muchos aparatos de calefacción funcionan sin una salida al exterior o no han sido revisados en años, lo que incrementa las posibilidades de una combustión defectuosa.

Expertos en toxicología explican que la afinidad del monóxido por la hemoglobina es 250 veces mayor que la del oxígeno, por lo que incluso una exposición leve puede tener efectos graves. En casos crónicos, se han reportado problemas de memoria, fatiga constante o dificultad para concentrarse, producto de intoxicaciones repetidas y no detectadas.
Los errores más comunes que pueden costar vidas
Cada invierno se repiten los mismos descuidos. Uno de los más frecuentes es encender estufas o calefactores sin una revisión previa. Aunque funcionen, pueden tener fallas invisibles en las conexiones o en la ventilación. Otro error habitual es bloquear las rejillas de ventilación para evitar el ingreso de aire frío, sin saber que esas aberturas son las que permiten liberar los gases tóxicos.

También es común usar hornos o anafres para calentar habitaciones, o dormir con braseros encendidos, prácticas extremadamente peligrosas. Los especialistas recuerdan que una llama azul indica buena combustión, mientras que una llama amarilla o naranja puede significar liberación de monóxido de carbono.
¿Cómo prevenir la intoxicación en casa?
La buena noticia es que la intoxicación por monóxido de carbono se puede prevenir casi por completo. La clave está en la ventilación, el mantenimiento y la atención a los signos de peligro. Revisa tus aparatos de gas al menos una vez al año con un técnico calificado. Nunca tapes las rejillas de ventilación y deja siempre una pequeña abertura en las ventanas, incluso durante la noche.

Evita usar hornos o anafres dentro de habitaciones cerradas, y si es posible, instala detectores de monóxido de carbono, dispositivos que emiten una alarma ante la presencia del gas. Si varias personas presentan mareos o náuseas en el mismo lugar, apaga los aparatos, ventila y sal al aire libre de inmediato antes de buscar ayuda médica.
En temporada de frío, lávate las manos frecuentemente con agua y jabón, cúbrete la nariz y boca al toser o estornudar, con un pañuelo desechable o el ángulo interno del brazo.
Te compartimos algunas recomendaciones para evitar intoxicaciones por monóxido de carbono. pic.twitter.com/4p0ERK0dpm— Secretaría de Salud del Estado de México (@SaludEdomex) November 11, 2025
El monóxido de carbono no se ve ni se huele, pero puede estar presente en cualquier hogar. Cada temporada de frío, miles de personas resultan intoxicadas por desconocimiento o descuido, algo que podría evitarse con acciones simples. Ventilar, revisar y mantener la precaución son gestos pequeños que salvan vidas. En un invierno que promete ser más severo, la verdadera pregunta es: ¿estás respirando aire seguro en tu casa?




