Ya no queremos castigar a unos para premiar a otros y, eventualmente, castigar a los segundos para privilegiar, una vez más, a los primeros. Estamos hartos de la siempre decepcionante alternancia. No importa si es izquierda, derecha o “centro”, pareciera que desde hace tiempo todas las partes políticas juegan, a fin de cuentas, dentro de la misma cancha. Una, por cierto, indudablemente fallida.

No, ya no necesitamos ídolos ni salvadores. Estamos cansados de radiantes abstracciones y promesas vacuas. En cambio, estamos urgidos, más que nunca, de ideas frescas y actos honorables, de sensibilidad e inteligencia, de empatía práctica y nuevos paradigmas.

 

Política contemporánea

El pasado mayo, tras triunfar en las elecciones presidenciales de su país, el actual mandatario de Ucrania, Volodímir Zelenski, emitió un discurso donde se delinearon un par de las facetas que esperaríamos de la “nueva política”. El también actor y comediante, que asume el poder en medio de un conflicto armado, apeló a un par de ideas fundamentales para la política de hoy: la colectividad por sobre ídolos o salvadores, y la necesidad de pensar en términos de generaciones y no de elecciones. 

Se trata de nociones bastante simples, pero que proyectan una visión que atiende ingredientes indispensables: la empatía, incluir y hacer responsable a toda la población, una visión no “inmediatista” sino que asume un compromiso con las futuras generaciones, y una especie de rehumanización de la práctica política.  

Obviamente, su discurso inaugural (que puedes leer completo aquí en inglés) no es garantía de que su gobierno se vaya verdaderamente a regir por estos preceptos. Sin embargo, tiene algo refrescante escuchar fragmentos del mensaje que Zelenski dio, y aprovechar la ocasión para reflexionar un poco sobre el espíritu de la política en nuestros días. 

Tras mi victoria en la elección, mi hijo de 6 años me dijo: “Papá, dicen en la TV que Zelenski es presidente, ¿eso quiere decir que yo también soy presidente?”. En ese momento me pareció chistoso, pero luego me di cuenta de que era verdad. Porque cada uno de nosotros es presidente. No sólo el 73% que votaron por mí, sino el 100% de los ucranianos. Esto no es sólo mío, esto es una victoria común. Y esta es una oportunidad que compartimos y de la cual todos somos responsables. 

Desde ahora, cada uno de nosotros es responsable por el país que dejaremos a nuestros hijos. Cada uno de nosotros, desde su propio lugar, puede hacer todo por la prosperidad de Ucrania. 

Por eso no quiero imágenes mías en sus oficinas, porque el presidente no es un ícono, ídolo o retrato. En su lugar, cuelguen fotos de sus hijos y mírenlas cada vez que vayan a tomar una decisión