Para las culturas del México prehispánico el movimiento de los astros influía en sus vidas, en las decisiones que tomaban y por supuesto, en los fenómenos naturales de la tierra como terremotos y sequías.
A veces se modificaban fechas importantes para que coincidieran con eventos astronómicos de igual importancia.
Por ejemplo, la fundación de la gran Tenochtitlán quedó registrada bajo un eclipse solar que ocurrió el 13 de marzo de 1325, lo que dio origen al mito de la batalla entre Huitzilopochtli y Coyolxauhqui.
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Tzitzimime los demonios que destruían la tierra cada eclipse
la mitología es la manera con la que nuestros ancestros explicaban fenómenos naturales y los eclipses no son la excepción.
Las tzitzimime, por ejemplo, son mujeres descarnadas con garras en sus manos, pies y ojos en sus articulaciones.
Se cree que son las estrellas que brillan alrededor del sol durante un eclipse y que aprovechan la oscuridad para bajar y comerse a los humanos.
“Los tzitzimime descenderán de los cielos como bestias terribles, jaguares y perros, para devorar a toda la humanidad antes del eclipse”
Para cuidarse de todo mal que pudiera acontecer durante el fenómeno, los aztecas iban armados con un cuchillo de pedernal blanco que simbolizaba la luna.
Para los aztecas, los más susceptibles durante estos fenómenos eran los niños, a quienes protegían de convertirse en ratón usando una máscara de maguey.

Hablando claramente de los demonios eclipsados
Las tzitzimime eran estrellas, constelaciones o planetas en los cielos, los cuales, bajo ciertas circunstancias, eran considerados funestos. Durante los eclipses de Sol se creía que descendían a la tierra para devorar a los seres humanos; en otras palabras, eran considerados visibles a través del oscurecimiento de los cielos.
El tzitzimime representa la dualidad de la vida y la muerte, de la creación y la destrucción.
Los Tzitzimitl, aparecen en el Código Borgia, como demonios estelares que vivían en la oscuridad. Su objetivo final era esperar hasta que tanto los humanos como los dioses no pudieran mantener vivo al mundo, y luego atacar y destruir a la humanidad. La ceremonia azteca especial llamada Xiuhmolpilli o La unión de los años servía para garantizar que continúen existiendo cada 52 años, la duración de un siglo azteca.
Es por eso que al final de cada siglo se llevaba a cabo un ritual de “Fuego Nuevo” en el que se apagaban todos los hogares aztecas menos uno. De la única llama que quedaba encendida se encendió un nuevo fuego que prometía un nuevo comienzo para todos. Si no se lograba el fuego nuevo la oscuridad descendería sobre los aztecas y el aterrador Tzitzimime vendría a destrozar a todos los seres mortales.




