Una piedra de hielo de más de 16 centímetros de diámetro cayó recientemente en Illinois, Estados Unidos, durante una intensa tormenta eléctrica. Este evento ha vuelto a poner sobre la mesa una preocupación creciente entre la comunidad científica: el aumento del granizo extremo y su posible relación con el cambio climático. Investigaciones recientes sugieren que las tormentas capaces de producir enormes bloques de hielo podrían volverse más frecuentes durante las próximas décadas. Aunque el granizo ha existido desde siempre, las condiciones atmosféricas están cambiando y podrían estar favoreciendo fenómenos cada vez más intensos y destructivos.
¿Cómo se forma el granizo extremo dentro de una tormenta?
El granizo se origina en el interior de nubes de tormenta muy desarrolladas. Allí, las corrientes de aire ascendentes transportan gotas de agua hacia capas de la atmósfera donde las temperaturas están por debajo de los 0 °C. Estas gotas se congelan y comienzan a acumular nuevas capas de hielo mientras permanecen suspendidas en la nube.

El tamaño final del granizo depende principalmente de la fuerza de estas corrientes ascendentes. Cuanto más tiempo permanezca la piedra de hielo flotando dentro de la tormenta, más capas puede acumular. Cuando alcanza un peso superior a la capacidad del viento para sostenerla, cae hacia la superficie. Las tormentas más intensas son capaces de generar granizos gigantes, algunos comparables al tamaño de una pelota de béisbol o incluso de un pomelo.
El papel del cambio climático en las tormentas severas
Los científicos han encontrado evidencia de que el calentamiento global está modificando varios factores clave para la formación del granizo. Uno de los más importantes es la capacidad del aire caliente para retener humedad. Por cada grado Celsius que aumenta la temperatura global, la atmósfera puede almacenar aproximadamente un 7% más de vapor de agua. Esta humedad adicional funciona como combustible para las tormentas. Como resultado, se desarrollan corrientes ascendentes más potentes y duraderas que permiten que las piedras de hielo crezcan durante más tiempo.

Una atmósfera más cálida no necesariamente crea más tormentas, pero sí puede hacerlas más intensas. Paradójicamente, el aumento de las temperaturas también provoca que los granizos pequeños se derritan con mayor facilidad antes de llegar al suelo. Esto significa que, mientras disminuyen los eventos con piedras de hielo pequeñas, aumentan aquellos capaces de generar granizos mucho más grandes que logran sobrevivir al descenso.
Los estudios que alertan sobre un futuro con más granizos gigantes
Una investigación internacional publicada en la revista científica Nature proyecta que los eventos con granizo superior a 30 milímetros podrían aumentar entre un 38% y un 47% hacia finales de este siglo, dependiendo de los niveles de emisiones de gases de efecto invernadero. Para llegar a esta conclusión, los investigadores desarrollaron modelos computacionales capaces de simular el crecimiento del granizo dentro de las nubes.

El sistema fue validado utilizando datos de aproximadamente 14.000 tormentas reales registradas entre 2014 y 2021, lo que permitió comprobar su precisión antes de proyectar escenarios futuros. Los resultados indican que América del Norte, Europa y algunas regiones de Asia serían las zonas con mayor riesgo de experimentar tormentas de granizo severas. Además, los daños económicos asociados a estos fenómenos podrían incrementarse entre un 36% y un 42% hacia finales del siglo XXI.
¿Existe un límite para el tamaño del granizo?
Los modelos meteorológicos sugieren que, bajo condiciones atmosféricas extremas, el granizo podría alcanzar diámetros cercanos a los 27 centímetros, un tamaño similar al de una bola de boliche. Aunque los registros históricos actuales se encuentran alrededor de los 20 centímetros, los especialistas consideran que las tormentas modernas ya poseen algunos de los ingredientes necesarios para generar granizos aún más grandes. La combinación de altas temperaturas, abundante humedad y corrientes ascendentes extremadamente fuertes crea un escenario propicio para que se produzcan estos eventos excepcionales. Por ello, el granizo se ha convertido en uno de los fenómenos más estudiados dentro del contexto del cambio climático y los eventos meteorológicos extremos.

El aumento del granizo extremo representa una de las formas más visibles en las que el cambio climático está alterando el comportamiento de la atmósfera. La evidencia científica indica que las tormentas severas tienen cada vez más capacidad para producir piedras de hielo de gran tamaño, incrementando los riesgos para las personas, la infraestructura y la agricultura. Comprender estos cambios es fundamental para prepararse ante un futuro en el que los fenómenos meteorológicos extremos podrían convertirse en una realidad cada vez más frecuente. ¿Estamos adaptando nuestras ciudades y sistemas de protección al ritmo que exige el nuevo clima?




