El universo nunca deja de sorprendernos, y esta vez el protagonista es nada menos que el agujero negro supermasivo en el centro de nuestra galaxia, la Vía Láctea. Con la ayuda del Telescopio Espacial James Webb, los astrónomos han podido observar a “Sagitario A”, revelando un espectáculo de luces cósmico que parece sacado de una discoteca intergaláctica.

Este coloso invisible, con una masa equivalente a unos 4 millones de soles, está rodeado por un torbellino de gas y polvo conocido como disco de acreción. Y aquí es donde ocurre la magia: el disco no es un mar en calma, sino un hervidero de actividad, lanzando destellos y llamaradas sin previo aviso.

Algunas son breves parpadeos que duran apenas unos segundos, mientras que otras son auténticas explosiones de energía que pueden extenderse por días. Incluso hay fluctuaciones más sutiles que se prolongan por meses, demostrando que el ritmo de “Sagitario A” es tan caótico como fascinante.
¿Por qué brilla “Sagitario A”?
Para averiguarlo, un equipo liderado por Farhad Yusef-Zadeh, de la Universidad Northwestern en Illinois, utilizó la cámara de infrarrojo cercano (NIRCam) del telescopio Webb para monitorear el agujero negro durante un año. Con sesiones de observación de entre 8 y 10 horas, lograron un registro de actividad sin precedentes. Lo que encontraron los dejó atónitos: no solo las esperadas bengalas, sino un auténtico festival de fuegos artificiales cósmicos, con entre cinco y seis destellos intensos por día, además de numerosas ráfagas menores.
Here’s a timelapse of the flickering black hole at the center of the Milky Way. Video via NASA, ESA, CSA, Farhad Yusef-Zadeh (Northwestern), Howard Bushouse (STScI), Alyssa Pagan (STScI). 🔭
— EarthSky (@earthskyscience.bsky.social) 18 de febrero de 2025, 10:59
Yusef-Zadeh y su equipo sospechan que estos destellos son producto de dos procesos distintos. Las pequeñas chispas podrían deberse a turbulencias en el disco de acreción, que comprimen el plasma y generan ráfagas de radiación, algo similar a las llamaradas solares. En cambio, las erupciones más potentes parecen estar relacionadas con un fenómeno más extremo: la reconexión magnética. Este proceso ocurre cuando líneas de campo magnético se entrelazan y se rompen, liberando enormes cantidades de energía y acelerando partículas hasta casi la velocidad de la luz.
Un enigma en constante evolución
Lo más fascinante de todo es que no se ha identificado un patrón predecible en esta actividad. Como describe Yusef-Zadeh:
“Vimos un brillo burbujeante y cambiante… ¡y de repente, boom! Una gran explosión de luz, seguida de calma nuevamente. Cada vez que lo observábamos, su comportamiento era completamente distinto”.
Estos nuevos hallazgos no solo nos permiten entender mejor la naturaleza de los agujeros negros, sino que también nos dan pistas sobre la evolución y dinámica de nuestra propia galaxia. El estudio, publicado en The Astrophysical Journal Letters, nos deja claro que, aunque creamos conocer el cosmos, siempre habrá algo nuevo y asombroso por descubrir.
Así que la próxima vez que mires al cielo nocturno, recuerda que en el corazón de la Vía Láctea hay un gigante invisible, bailando al ritmo de su propia luz.




