El océano Pacífico no es una masa de agua estática, sino un sistema en movimiento constante donde el calor viaja a través de corrientes invisibles que pueden cambiar el clima del planeta. Entre estos procesos destaca la onda de Kelvin, una perturbación oceánica que transporta energía térmica a lo largo del ecuador y que, en ciertas condiciones, puede intensificar fenómenos como El Niño. En 2026, los monitoreos meteorológicos han detectado nuevas ondas de este tipo que podrían aumentar la temperatura del Pacífico oriental. Entender la relación entre la onda de Kelvin y El Niño es clave para comprender por qué algunos eventos climáticos se vuelven especialmente intensos y disruptivos a escala global.
Onda de Kelvin y El Niño en el océano Pacífico: el mecanismo oculto del calor
La onda de Kelvin es una forma de onda oceánica ecuatorial que se desplaza de oeste a este a lo largo del Pacífico, atrapada cerca del ecuador por la rotación de la Tierra. Se genera cuando los vientos alisios se debilitan o cambian su patrón, permitiendo que una masa de agua cálida acumulada en el Pacífico occidental comience a desplazarse. Este movimiento no es superficial únicamente: afecta la termoclina, la capa que separa el agua cálida superficial del agua fría profunda. Estas ondas pueden viajar a velocidades de hasta 2–3 metros por segundo y tardar semanas o meses en cruzar el océano.

Su importancia radica en que transportan calor y modifican la estructura interna del océano, elevando el nivel del mar y profundizando la capa cálida en regiones específicas. Aunque parecen invisibles desde la superficie, su impacto es profundo y acumulativo. Cuando estas ondas alcanzan el Pacífico oriental, cerca de Sudamérica, pueden contribuir a un aumento significativo de la temperatura superficial del mar. Este proceso es uno de los ingredientes que pueden detonar o reforzar El Niño.
El Niño y el calentamiento anómalo del Pacífico ecuatorial
El Niño es la fase cálida del fenómeno ENSO (El Niño-Oscilación del Sur) y se caracteriza por un calentamiento anómalo del océano Pacífico ecuatorial central y oriental. En condiciones normales, los vientos alisios empujan el agua cálida hacia el oeste, cerca de Indonesia, mientras que en el este se mantiene un afloramiento de aguas frías y ricas en nutrientes. Durante un evento de El Niño, estos vientos se debilitan o incluso se invierten, lo que permite que el agua cálida se desplace hacia el este.

Cuando esto ocurre, la temperatura del océano puede aumentar entre 0.5°C y más de 2°C por encima del promedio, alterando patrones atmosféricos globales. El resultado no es local. El Niño modifica la circulación atmosférica y provoca efectos en cascada: lluvias intensas en Sudamérica, sequías en Australia e Indonesia, inviernos más húmedos en algunas regiones de Norteamérica y alteraciones en la actividad de huracanes en el Atlántico.
Cómo la onda de Kelvin intensifica El Niño
La relación entre ambos fenómenos es directa: la onda de Kelvin actúa como un “vehículo” que transporta el calor necesario para fortalecer El Niño. Cuando ocurre un pulso de viento del oeste en el Pacífico, se generan ondas Kelvin cálidas (downwelling), que profundizan la termoclina y desplazan agua cálida hacia el este. Este proceso tiene tres efectos clave. Primero, eleva la temperatura del mar en el Pacífico oriental, debilitando el afloramiento de agua fría. Segundo, incrementa el nivel del mar en regiones cercanas a América del Sur.
El Niño was sparked by a Kelvin wave that shifted huge amounts of warm water from west to east across the undersea Pacific since April.
And now, a new Kelvin wave is forming.
Yet more warm water will move toward the eastern Pacific and El Niño forecasts may trend even stronger. pic.twitter.com/Me2Y8sItWd
— Ben Noll (@BenNollWeather) June 17, 2026
Tercero, refuerza la retroalimentación atmosférica conocida como mecanismo de Bjerknes, en la que el calentamiento reduce aún más los vientos alisios, amplificando el fenómeno. En 2026, los sistemas de monitoreo oceánico han detectado una nueva onda de Kelvin propagándose en el Pacífico. Su presencia sugiere una mayor transferencia de calor hacia el este, lo que podría intensificar un El Niño ya en desarrollo o prolongar su duración más allá de lo habitual.
Impactos globales de un El Niño reforzado por ondas Kelvin
Cuando El Niño se intensifica por la acción de múltiples ondas de Kelvin, los impactos pueden amplificarse significativamente. Uno de los efectos más importantes es el aumento de eventos extremos de precipitación. Un océano más cálido libera más vapor de agua a la atmósfera, lo que puede generar lluvias torrenciales e inundaciones en regiones vulnerables. Al mismo tiempo, otras zonas experimentan sequías prolongadas debido a la reorganización de la circulación atmosférica. En Indonesia y Australia, por ejemplo, El Niño suele asociarse con condiciones secas y aumento del riesgo de incendios forestales.

El impacto también alcanza los océanos. Las temperaturas elevadas reducen la productividad biológica en zonas de afloramiento, afectando pesquerías fundamentales como la de anchoveta en Perú. Además, el aumento de la temperatura superficial del mar puede modificar la formación de ciclones tropicales, desplazando su actividad hacia otras regiones. A escala global, estos cambios contribuyen incluso a variaciones en la temperatura media del planeta, ya que el océano libera parte del calor acumulado hacia la atmósfera.
Ondas de Kelvin, cambio climático y un Pacífico más inestable
La interacción entre ondas de Kelvin y El Niño no ocurre en un sistema estable. El océano actual se desarrolla en un contexto de calentamiento global, lo que añade una capa adicional de complejidad. Con temperaturas de base más altas, las anomalías cálidas asociadas a El Niño pueden alcanzar valores más extremos. Además, una atmósfera más cálida retiene más humedad, lo que intensifica las lluvias asociadas a estos eventos.

Esto significa que un mismo episodio de El Niño puede generar impactos más severos que en décadas anteriores, incluso si su intensidad oceánica no cambia drásticamente. En este contexto, la presencia de ondas de Kelvin adicionales en 2026 aumenta la preocupación científica, ya que podrían actuar como detonantes o amplificadores de un sistema ya sensible. La combinación de dinámica oceánica activa y condiciones climáticas globales más cálidas incrementa la probabilidad de extremos más frecuentes.

La onda de Kelvin y El Niño forman parte de una red de procesos interconectados que regulan el clima del planeta. Lo que ocurre en el Pacífico no se queda en el Pacífico: se propaga a través de la atmósfera y afecta patrones climáticos en todos los continentes. Cuando múltiples ondas coinciden con condiciones favorables, El Niño puede intensificarse de forma significativa. La pregunta que queda abierta no es solo cómo evoluciona este fenómeno en 2026, sino qué tan preparado está el sistema global para responder a sus efectos en un océano cada vez más cálido.




