Cada vez que escuchamos nombres como “Katrina”, “Gilberto” o “Odile”, sabemos que no estamos hablando de personas, sino de huracanes que marcaron historia. Pero, ¿quién decide cómo se llaman estas poderosas tormentas? ¿Por qué algunos nombres se repiten y otros desaparecen para siempre?
Detrás de esos nombres aparentemente simples hay una organización internacional, un sistema muy meticuloso y una larga historia de evolución meteorológica.

¿Por qué los huracanes tienen nombre?
Nombrar los ciclones tropicales es una estrategia práctica para evitar confusiones cuando hay más de una tormenta activa. Antes de usar nombres, los meteorólogos se referían a los ciclones por sus coordenadas, lo cual era poco efectivo y propenso a errores, especialmente en transmisiones de radio o informes navales.
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Asignarles nombres breves, fáciles de recordar y comunicar, facilita el seguimiento de las tormentas, tanto para los meteorólogos como para el público en general. Imagina dos tormentas simultáneas: una avanzando por el Golfo de México y otra por la costa atlántica. Si ambas se identificaran solo por su posición, las confusiones serían inevitables. Los nombres ayudan a salvar vidas.

¿Quién nombra oficialmente a los huracanes?
El organismo encargado de nombrar a los huracanes es la Organización Meteorológica Mundial (OMM). Esta institución con sede en Ginebra mantiene listas rotativas de nombres predeterminados, separados por regiones oceánicas.
En el caso del Atlántico y el Pacífico nororiental (que incluye a México), existen seis listas con nombres ordenados alfabéticamente, que se reutilizan cada seis años. Por ejemplo, la lista usada en 2025 volverá a utilizarse en 2031, salvo que uno de los nombres sea retirado por razones especiales.

¿Cuándo se le pone nombre a un huracán?
Un ciclón tropical recibe nombre cuando alcanza la categoría de tormenta tropical, es decir, cuando sus vientos sostenidos superan los 63 km/h (39 mph). Si sus vientos aumentan a más de 119 km/h (74 mph), entonces pasa a ser un huracán.
Así, no todos los nombres de las listas llegan a convertirse en huracanes; algunos quedan solo como tormentas tropicales.
¿Qué nombres se usarán en 2025?
Pacífico (2025)
Alvin, Barbara, Cosme, Dalila, Erick, Flossie, Gil, Henriette, Ivo, Juliette, Kiko, Lorena, Mario, Narda, Octave, Priscilla, Raymond, Sonia, Tico, Velma, Wallis, Xina, York y Zelda.
Atlántico (2025)
Andrea, Barry, Chantal, Dexter, Erin, Fernand, Gabrielle, Humberto, Imelda, Jerry, Karen, Lorenzo, Melissa, Nestor, Olga, Pablo, Rebekah, Sebastien, Tanya, Van y Wendy.

¿Se pueden repetir los nombres?
Sí, pero solo si el huracán no fue especialmente devastador. En cambio, si una tormenta causa destrucción significativa o pérdidas humanas graves, su nombre se retira del listado y nunca vuelve a usarse por respeto a las víctimas.
Algunos ejemplos notables de nombres retirados:
- Katrina (2005) – devastó Nueva Orleans.
- Gilberto (1988) – uno de los huracanes más intensos en el Caribe.
- Manuel (2013) – causó severas inundaciones en México.
La decisión de retirar un nombre se toma en reuniones anuales de la OMM con representantes de países afectados.

¿Y antes, cómo se nombraban los huracanes?
Antes del sistema moderno, los huracanes se nombraban de forma más informal. Algunos recibían el nombre del santo del día en que tocaban tierra, como el “Huracán de Santa Ana”. Otros eran nombrados por el lugar afectado (ej. el Gran Huracán de Galveston de 1900) o incluso por barcos que resultaban dañados, como el “Huracán de Antje”.
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Durante la Segunda Guerra Mundial, los meteorólogos militares de Estados Unidos comenzaron a usar nombres en clave (Able, Baker, Charlie…), y en 1953 se introdujo oficialmente el uso de nombres femeninos. Más tarde, en 1978 para el Pacífico y 1979 para el Atlántico, se adoptó el sistema actual que alterna nombres masculinos y femeninos.

Un nombre, una historia
Detrás de cada nombre hay una historia climática, social y humana. Al escuchar nombres como Ingrid, Odile o Wilma, no solo recordamos fenómenos meteorológicos, sino también las comunidades que se vieron afectadas, los esfuerzos de evacuación, la solidaridad y la resiliencia.
Por eso, el sistema de nombres no solo cumple una función práctica, sino también simbólica. Nos ayuda a entender y a no olvidar.




