Una roca que podría ser un pedazo de la Luna, atrapada en una danza orbital con la Tierra desde hace siglos, será el próximo objetivo en la ambiciosa carrera espacial de China. La misión Tianwen-2 despegará el 29 de mayo rumbo a un asteroide tan enigmático como cercano: Kamo’oalewa, una cuasiluna que gira alrededor del Sol con una trayectoria tan similar a la nuestra, que por momentos parece estar ligado a la Tierra por un invisible lazo gravitacional.
El objeto, descubierto en 2016 desde el Observatorio de Haleakala, en Hawái, ha sido descrito como una “miniluna”, aunque su nombre científico es más preciso: un cuasisatélite, o cuasiluna. Este pequeño asteroide de apenas 50 metros de diámetro ha permanecido en una órbita sincronizada con la Tierra durante más de un siglo y podría continuar así por cientos de años más. Lo verdaderamente fascinante, sin embargo, es la posibilidad de que no sea un simple pedazo de roca, sino un fragmento arrancado de la Luna misma hace miles de millones de años.

¿Esta cuasiluna era parte de nuestro satélite más importante?
Las sospechas sobre el origen lunar de Kamo’oalewa nacen de su extraño brillo, distinto al de la mayoría de los asteroides conocidos. Su composición superficial podría coincidir con la del regolito lunar —el polvo y fragmentos que cubren la superficie de nuestro satélite— lo que ha llevado a varios científicos a plantear que se trata de un trozo de la Luna expulsado tras un impacto catastrófico.
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La sonda china Tianwen-2, desarrollada por la Administración Nacional del Espacio de China (CNSA), se prepara para una misión sin precedentes en ese país: recolectar muestras directamente de una cuasiluna. Esta aventura científica se suma al creciente historial de logros espaciales chinos, que ya incluyen la recolección de polvo del lado oculto de la Luna.

Una misión de alto riesgo y gran recompensa
El lanzamiento está previsto para el 29 de mayo, a bordo del cohete Long March 3B. Tianwen-2 está compuesta por un orbitador y un módulo de reingreso que viajarán más de 4.65 millones de kilómetros —unas 12 veces la distancia a la Luna— para llegar a su objetivo.
Una vez en la órbita del asteroide, la sonda estudiará su superficie durante varios meses antes de descender con un brazo robótico para recoger regolito. Si todo sale bien, las muestras regresarán a la Tierra en un plazo estimado de dos años y medio.
Los científicos chinos esperan que esta misión no solo confirme si Kamo’oalewa proviene de la Luna, sino que también aporte nueva información sobre los asteroides cercanos a la Tierra (NEOs), muchos de los cuales representan amenazas potenciales para el planeta.
China’s first ever asteroid flyby and sample-return mission is set to begin this Thursday. Dubbed Tianwen-2, the mission will perform a close fly-by and sampling of near-Earth asteroid 2016 HO3 (also known as Kamo’oalewa) while investigating a comet 331P. What do you guys think! pic.twitter.com/Vu7xZCUmVZ
— Chenchen Zhao (@Cstechbeat) May 26, 2025
Cuasiluna: Una compañera silenciosa en el cosmos
Aunque parezca sorprendente, las cuasilunas no son un fenómeno raro. Gracias a los sistemas modernos de detección y a los algoritmos de seguimiento orbital, se han identificado varios asteroides que han acompañado a la Tierra durante semanas, décadas o incluso siglos.
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A diferencia de una luna real, estos cuerpos no están ligados gravitacionalmente a la Tierra, sino que comparten nuestra órbita alrededor del Sol, creando la ilusión de ser satélites. Muchos de ellos pasan desapercibidos y desaparecen tan misteriosamente como llegaron, pero Kamo’oalewa es una rareza: ha permanecido estable durante más de 100 años y su órbita sugiere que podría quedarse por otros 300.

El legado de las rocas espaciales
Si la misión Tianwen-2 tiene éxito, China se unirá a la élite de naciones que han traído material de asteroides a la Tierra. Recordemos que la NASA logró algo similar con su misión OSIRIS-REx y el asteroide Bennu, revelando que las muestras tenían 4,500 millones de años y contenían componentes esenciales para la vida como aminoácidos y nucleobases.
Ahora, el turno es de Tianwen-2. Con ella, China no solo quiere explorar el pasado remoto del sistema solar, sino también demostrar que puede competir —y quizás liderar— en la nueva era de la exploración espacial.




