El hallazgo de ADN humano en cuevas de la península ibérica ha abierto una nueva línea de investigación en arqueología y genética. Un equipo internacional detectó material genético antiguo en paredes de cuevas de España y Portugal, algunas de ellas asociadas al arte rupestre más antiguo de Europa. Lo inesperado no es solo la antigüedad del ADN, sino el hecho de que las superficies rocosas pueden conservar información biológica durante miles de años. Este descubrimiento plantea una nueva forma de entender cómo los seres humanos dejaron huella en los espacios que habitaron.
ADN humano en cuevas: un hallazgo inesperado en el arte rupestre
La investigación se desarrolló en el marco del proyecto FIRST ART, centrado originalmente en el estudio químico y la datación del arte rupestre en la península ibérica. Las cuevas analizadas incluyen sitios emblemáticos como Maltravieso, Altamira, Escoural y Covarón, entre otras. El objetivo inicial no era buscar ADN, sino estudiar pigmentos y costras minerales asociadas a las pinturas. Sin embargo, durante el análisis de las muestras, los investigadores identificaron algo inesperado: trazas de ADN humano antiguo conservadas en las paredes de las cuevas.

El hallazgo fue publicado en la revista Nature Communications y ha sido considerado una evidencia inédita en este tipo de contextos arqueológicos. Este resultado amplía el alcance del estudio del arte rupestre, ya que no solo permite analizar las manifestaciones artísticas, sino también rastros biológicos de quienes ocuparon o visitaron estos espacios.
¿Cómo se conservó el ADN humano en cuevas?
El equipo científico analizó 24 paneles de arte rupestre distribuidos en 11 cuevas de España y Portugal. Se tomaron muestras de pigmento, superficies sin pintura, costras calcíticas, sedimentos e incluso herramientas utilizadas en la aplicación de pigmentos. Mediante técnicas de secuenciación genética, se identificó ADN humano en cinco de las 54 muestras analizadas. En algunos casos, el material genético apareció en zonas sin pigmento, lo que indica que su preservación no depende exclusivamente del arte rupestre.

En la Cueva de Escoural (Portugal), el ADN se encontró en una costra calcítica pigmentada. En la Cueva del Covarón (España), apareció en superficies aparentemente neutras utilizadas como control. Estos resultados sugieren que las paredes de las cuevas pueden actuar como superficies de fijación natural para material biológico, preservándolo durante largos periodos.
¿Qué tipo de información reveló el ADN humano en cuevas?
El análisis genético permitió determinar que algunas de las muestras corresponden a individuos femeninos, otras a un individuo masculino y algunas no pudieron ser clasificadas. También se identificó ADN mitocondrial y nuclear, lo que confirma la buena preservación del material en ciertos contextos. La antigüedad mínima estimada del ADN es de aproximadamente 2,000 años, aunque en algunos casos podría ser mayor debido a condiciones específicas de conservación, como el sellado natural de las cuevas por derrumbes.

Los investigadores señalan que no es posible vincular directamente este ADN con los autores del arte rupestre. Podría corresponder tanto a artistas como a visitantes posteriores que entraron en contacto con las superficies.
ADN humano en cuevas: implicaciones para la arqueología
Este hallazgo introduce una nueva perspectiva en el estudio de la ocupación humana en cuevas. Hasta ahora, la información sobre antiguos habitantes dependía principalmente de restos óseos, herramientas o sedimentos. La posibilidad de recuperar ADN directamente de las paredes amplía significativamente las fuentes de información disponibles. El concepto de que las cuevas puedan funcionar como “archivos biológicos naturales” permite reconstruir aspectos de la vida humana antigua con mayor detalle.

Esto incluye posibles patrones de movilidad, sexo de individuos presentes y relaciones biológicas, incluso en ausencia de restos materiales tradicionales. Además, abre la puerta a estudiar otros sitios arqueológicos con técnicas mínimamente invasivas, lo que reduce la necesidad de excavaciones destructivas.
Un nuevo enfoque para entender el pasado humano
Aunque todavía existen limitaciones, como la dificultad para asociar el ADN con individuos específicos o eventos concretos, el hallazgo representa un avance significativo en arqueogenética. Las paredes de las cuevas no solo conservan expresiones artísticas, sino también rastros invisibles de quienes las habitaron. La investigación sugiere que estos espacios pueden contener una memoria biológica más amplia de lo que se pensaba, donde el arte y la vida cotidiana se entrelazan en el mismo soporte físico. Si las cuevas pueden conservar ADN durante miles de años, surge una pregunta inevitable: ¿cuántas historias humanas siguen aún ocultas en sus paredes?

El descubrimiento de ADN humano en cuevas de España y Portugal redefine la forma en que se estudia el pasado humano. La posibilidad de recuperar material genético directamente de superficies rocosas convierte a las cuevas en archivos biológicos excepcionales, capaces de complementar la información arqueológica tradicional. Aunque aún no es posible relacionar estos rastros directamente con los autores del arte rupestre, el hallazgo demuestra que el registro humano va mucho más allá de los objetos o pinturas visibles. Las paredes, silenciosas durante milenios, comienzan ahora a revelar una parte distinta de la historia humana.




