La Malinche, esa montaña majestuosa que abraza Puebla y Tlaxcala, está en el centro de una tormenta. El gobernador Alejandro Armenta quiere transformar 51 hectáreas de este Área Natural Protegida en el Ecoparque Tlalli Malinche, un megaproyecto con estadios, hoteles y tirolesas que promete ser un paraíso turístico. Pero para muchos, este plan huele a déjà vu: es la reencarnación de la fallida “Suiza poblana”, un sueño que los pobladores frenaron hace dos décadas.
La “Suiza Poblana”: ¿desarrollo o devastación?
Imagina construir un estadio, un hotel, una tirolesa, go karts y hasta un cablebús… en plena montaña. Eso es lo que propone el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, con el Ecoparque Tlalli Malinche. Lo pinta como un “rescate ambiental” y un centro de alto rendimiento deportivo, pero la realidad es que el proyecto está en terrenos protegidos del Parque Nacional La Malinche. Desde hace décadas, distintos gobiernos han soñado con convertir esta zona en la “Suiza poblana”, un complejo turístico que se ve bonito en papel, pero que nunca ha podido avanzar sin chocar con la resistencia social, la falta de permisos legales y los graves riesgos ecológicos.

El parque que ya empezó… sin permisos
Aunque todavía no se aprueba su Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), el gobierno estatal ya arrancó obras: caminos abiertos con maquinaria pesada dentro del Área Natural Protegida. Esto va totalmente en contra del Programa de Manejo del Parque, que prohíbe este tipo de construcciones. Y aquí es donde todo se vuelve más turbio: la empresa que presentó inicialmente la MIA, Brudeo Solutions Construcción, fue creada hace apenas tres años, no tiene antecedentes de proyectos similares y está vinculada a una persona con perfil de criminalista, no de constructora.

Comunidades ignoradas, biodiversidad en riesgo
Las comunidades indígenas de La Resurrección y Canoa, directamente afectadas por el proyecto, no han sido consultadas. Y eso no es un detalle menor: las leyes mexicanas y acuerdos internacionales exigen que se les informe y se respete su decisión antes de cualquier obra en sus territorios. Además, La Malinche es hogar de especies únicas y fuente de agua para miles de personas. Alterar su ecosistema con hoteles, lagos artificiales y eventos masivos no es desarrollo; es una amenaza directa a su equilibrio natural.

La promesa del “rescate ambiental” suena hueca
El gobernador insiste en que el Ecoparque será un proyecto ecológico y educativo. Habla de reforestación, de combate a la tala ilegal, de promover el deporte. Pero ¿cómo confiar cuando se empieza sin estudios, sin permisos y sin diálogo con las comunidades? Y mientras él habla de un “modelo bioético de alto cuidado”, la Profepa ya detectó que hay obras en marcha dentro del parque sin autorización, y la Semarnat admite que el proyecto todavía está en evaluación.

No es la primera vez que quieren explotar la montaña
Este tipo de propuestas no son nuevas. Ya en los años 2000, gobiernos priistas intentaron proyectos similares. El caso más sonado fue cuando los pobladores retuvieron al entonces gobernador Melquíades Morales para que firmara un desistimiento del proyecto. Incluso hay rumores de que el exgobernador Mario Marín habría comprado terrenos en la zona, usando prestanombres, lo que alimenta la desconfianza actual.

¿Y ahora qué?
El futuro del Ecoparque Tlalli Malinche está en juego. La Semarnat asegura que la obra solo podrá continuar si respeta las normas de protección ambiental, algo que, hasta ahora, no se está cumpliendo. Mientras tanto, organizaciones ambientales, comunidades indígenas y ciudadanos siguen presionando para frenar este megaproyecto antes de que cause un daño irreversible.
La Malinche no es solo un paisaje; es vida, historia y sustento. El Ecoparque Tlalli Malinche podría traer beneficios económicos, pero a un costo que quizás no podamos pagar: ecosistemas destruidos, agua en riesgo y comunidades ignoradas. La pregunta no es si Puebla necesita desarrollo turístico. La verdadera pregunta es: ¿a qué costo?




