Durante los últimos años, hablar de sequía en México era casi sinónimo de crisis, escasez y alertas constantes. Sin embargo, 2026 arrancó con un giro inesperado que pocos veían venir: el país vive su nivel más bajo de sequía en seis años, justo antes de la temporada de calor. Gracias a lluvias atípicas, ciclones tropicales y un cierre de año sorprendentemente húmedo, el panorama hídrico cambió de forma drástica. No es magia ni suerte: es un fenómeno climático con datos muy claros… y con lecciones importantes para el futuro.
Sequía en México: el dato que cambia la conversación en 2026
Al 15 de enero de 2026, la sequía en México afecta solo al 7.4% del territorio nacional, de acuerdo con el Monitor de Sequía de la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Para ponerlo en contexto: en mayo de 2024, el país vivía su punto más crítico, cuando 76% del territorio registraba sequía de moderada a excepcional.

Este descenso no es menor. Es el nivel más bajo desde enero de 2020, y significa que 2,168 municipios, de un total de 2,478, están actualmente libres de esta condición. En otras palabras, más del 87% del país respira con mayor tranquilidad frente al estrés hídrico.
¿Qué provocó esta caída histórica en la sequía en México?
La respuesta corta: lluvia, mucha lluvia, pero bien distribuida. Durante la temporada de lluvias y ciclones tropicales de 2025, México fue impactado por ocho ciclones tropicales, más de 40 ondas tropicales y la influencia directa del Monzón de Norteamérica, también conocido como monzón mexicano.

Estas condiciones generaron precipitaciones intensas en el centro, centro-occidente, oriente y sur del país, además de la península de Yucatán. A diferencia de otros años, la lluvia no se concentró solo en una región, sino que se distribuyó de forma más equilibrada. Ese detalle fue clave para reducir la sequía de manera sostenida, y no solo momentánea.
Presas llenas y un sistema hídrico que se recupera
Uno de los indicadores más claros de esta recuperación está en las presas. Al cierre de la temporada de lluvias de 2025, el almacenamiento nacional de agua alcanzó el 72%, superando el 64% registrado en 2024. Más de 80 presas del país rebasaron el 100% de su Nivel de Aguas Máximas Ordinarias, algo poco común en años recientes.

El caso más simbólico es el del Sistema Cutzamala, vital para el Valle de México. En 2026, su almacenamiento llegó al 97%, cuando apenas un año antes se encontraba alrededor del 67%. Este dato cambió por completo la narrativa de crisis inmediata, aunque no elimina los retos a largo plazo.
El invierno que siguió apagando la sequía en México
Cuando parecía que el impacto positivo terminaría con la temporada de lluvias, el invierno sorprendió. Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, varios frentes fríos, corrientes en chorro polar y subtropical, además de tres tormentas invernales, mantuvieron las precipitaciones activas.

Durante la primera quincena de enero, se registraron lluvias por arriba del promedio climatológico en regiones como Sonora, Chihuahua, Coahuila y Tabasco. Estados como Zacatecas y San Luis Potosí incluso eliminaron por completo zonas catalogadas como “anormalmente secas”. El resultado: una sequía que siguió retrocediendo cuando normalmente se intensifica.
¿Significa esto que la crisis hídrica terminó?
No exactamente. Aunque solo 7.4% del país presenta sequía de moderada a excepcional, otros reportes señalan que cerca del 26% del territorio aún muestra algún grado de afectación, aunque leve. El alivio es real, pero no permanente. Especialistas y autoridades coinciden en algo: el cambio climático sigue siendo un factor impredecible. Un año húmedo no borra una década de estrés hídrico, pero sí demuestra que la combinación de fenómenos naturales y mejor gestión del agua puede marcar la diferencia. Este momento es más bien una pausa valiosa para replantear cómo usamos, cuidamos y distribuimos el recurso.

La sequía en México pasó de ser una amenaza casi total en 2024 a uno de sus niveles más bajos en 2026, gracias a lluvias intensas, presas recuperadas y un invierno inusualmente activo. Es una buena noticia, sí, pero también un recordatorio: el agua no sobra, solo se administra mejor cuando el clima lo permite. Este respiro abre una ventana para aprender, planear y no repetir los errores del pasado. Si el clima ya hizo su parte, la pregunta es inevitable: ¿estamos listos para hacer la nuestra antes de que el ciclo vuelva a cambiar?




