El comportamiento del clima mundial podría experimentar un giro importante en los próximos meses. De acuerdo con la NOAA, existe un 62% de probabilidad de que El Niño 2026 se desarrolle entre junio y agosto, con posibilidades de intensificarse hacia finales de año. Este fenómeno, impulsado por el calentamiento del Pacífico ecuatorial, no solo altera las lluvias y temperaturas, sino que también modifica la actividad de huracanes y eventos extremos. Comprender su evolución permite anticipar impactos en regiones clave como México, donde el clima depende en gran medida de estos ciclos oceánicos.
¿Qué es El Niño y cómo se forma?
El Niño es una fase del fenómeno climático conocido como ENSO (El Niño-Oscilación del Sur). Ocurre cuando los vientos alisios en el océano Pacífico se debilitan, permitiendo que aguas más cálidas de lo normal se acumulen en la región ecuatorial oriental. Este cambio aparentemente localizado tiene efectos globales, ya que altera la circulación atmosférica.
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Cuando estas aguas alcanzan anomalías de al menos +1.5 °C durante varios meses, se considera un evento fuerte o incluso “super El Niño”. Actualmente, los modelos climáticos estiman una probabilidad cercana al 33% de que este escenario ocurra a finales de 2026, lo que lo convertiría en uno de los eventos más relevantes desde el registrado en 2023-2024.
Un cambio en marcha: lo que indican los pronósticos
El escenario actual indica una transición clara. La Niña, que dominó los últimos meses, está perdiendo fuerza y dará paso a condiciones neutrales durante la primavera. Posteriormente, el desarrollo de El Niño se vuelve cada vez más probable.
A transition from La Niña to ENSO-neutral is expected in the next month, with #ENSO-neutral favored through MJJ 2026 (55% chance). El Niño is likely to emerge In JJA 2026 (62% chance) and persist through at least the end of 2026. (1/2) https://t.co/5zlzaZ1aZx pic.twitter.com/6Fe9Yl6l86
— NWS Climate Prediction Center (@NWSCPC) March 12, 2026
Para el periodo junio-agosto de 2026, los especialistas señalan que el fenómeno podría establecerse de forma progresiva y mantenerse activo hasta el invierno. Aunque la intensidad aún es incierta —debido a la conocida “barrera de predictibilidad” de primavera—, el consenso apunta a un evento al menos moderado, con posibilidad de fortalecerse hacia finales del año.
Donde nacen los huracanes… y donde El Niño los frena
Uno de los efectos más relevantes de El Niño ocurre en la temporada de huracanes del Atlántico. El calentamiento del Pacífico incrementa el cizallamiento vertical del viento, una condición que dificulta la formación y fortalecimiento de ciclones tropicales. En términos generales, esto suele traducirse en temporadas menos activas en el Atlántico, con menor número de tormentas y huracanes intensos.

En contraste, el Pacífico oriental —donde se ubican las costas occidentales de México— puede presentar condiciones más favorables para ciclones. Esto implica que, aunque el Atlántico podría registrar menor actividad, el riesgo no desaparece, sino que se redistribuye geográficamente. En cuanto a las temperaturas, El Niño no modifica de forma significativa los promedios del verano por sí solo. Sin embargo, al sumarse al calentamiento global, puede contribuir a episodios de calor más intensos o prolongados en distintas regiones del planeta.
¿Cómo afectará El Niño 2026 a México?
En México, los efectos varían según la región y la época del año. Durante el verano, cuando el fenómeno apenas comienza a desarrollarse, los cambios suelen ser moderados. Aun así, existe una tendencia a menor precipitación en el centro del país, lo que puede favorecer condiciones de sequía en zonas del Bajío y el Altiplano. Por otro lado, el Pacífico mexicano podría experimentar mayor actividad ciclónica, incrementando el riesgo en estados como Guerrero, Oaxaca, Michoacán y Jalisco.

Este comportamiento contrasta con la posible disminución de huracanes en el Atlántico. El mayor impacto suele presentarse en invierno. Si El Niño se fortalece y persiste, el norte y noreste del país podrían recibir más lluvias y descensos de temperatura, acompañados de frentes fríos más intensos. En cambio, el centro podría enfrentar condiciones más secas, lo que tendría implicaciones para el abastecimiento de agua y la agricultura.
Cuando El Niño se encuentra con un planeta en calentamiento
El desarrollo de El Niño 2026 ocurre en un contexto de temperaturas globales elevadas. Eventos recientes han demostrado que la combinación de variabilidad natural y calentamiento global puede amplificar los efectos climáticos, generando récords de temperatura y fenómenos extremos. El evento de 2023-2024, considerado uno de los más intensos registrados, contribuyó a anomalías térmicas significativas en diversas regiones. Si un nuevo episodio alcanza niveles similares, podría reforzar tendencias actuales como olas de calor, lluvias intensas o sequías prolongadas.

El Niño 2026 representa un cambio relevante en el sistema climático global, con implicaciones que van desde la actividad de huracanes hasta la distribución de lluvias en México. Aunque aún existen incertidumbres sobre su intensidad, los datos actuales apuntan a un evento con potencial de influir en múltiples regiones durante los próximos meses. Entender estos patrones no solo permite anticipar escenarios, sino también dimensionar cómo fenómenos naturales, combinados con el cambio climático, están redefiniendo el equilibrio del planeta. La pregunta no es solo qué tan fuerte será El Niño, sino cómo se adaptarán las sociedades a sus efectos cada vez más visibles.




