Cada año, millones de partículas de arena y minerales viajan desde el norte de África hasta América, recorriendo miles de kilómetros sobre el océano Atlántico. Durante 2026, el polvo del Sahara en México volverá a presentarse en distintas regiones del país, especialmente entre junio y julio. Aunque suele llamar la atención por los cielos brumosos y los atardeceres rojizos que provoca, también influye en las lluvias, las temperaturas y la calidad del aire. Se trata de un fenómeno completamente natural que los especialistas monitorean constantemente para conocer su evolución y sus posibles efectos.
¿Qué es el polvo del Sahara y cómo llega hasta México?
El polvo del Sahara está formado por diminutas partículas minerales que se desprenden del desierto más grande del mundo. Los fuertes vientos las elevan hasta formar la Capa de Aire Sahariano (SAL), una masa de aire cálido y seco que viaja entre 2 y 6 kilómetros de altitud.

Impulsada por los vientos alisios, esta nube puede recorrer entre 7,000 y 10,000 kilómetros en apenas una semana. Aunque el Sahara libera cientos de millones de toneladas de polvo cada año, solo cerca del 4 % logra llegar al continente americano. Su desplazamiento es seguido mediante imágenes satelitales de la NASA, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y la Conagua.
¿Qué estados de México serán los más afectados en 2026?
Los primeros pulsos del fenómeno se registraron entre finales de mayo y principios de junio, con una llegada importante a la Península de Yucatán entre el 3 y el 7 de junio. Un nuevo episodio comenzó entre el 27 y 28 de junio, extendiéndose hacia los primeros días de julio con concentraciones que, de acuerdo con los pronósticos, permanecerán entre bajas y moderadas. Las entidades con mayor presencia serán Quintana Roo, Yucatán y Campeche, seguidas por la vertiente del Golfo de México, donde se incluyen Tabasco, Veracruz y Tamaulipas.

El fenómeno también alcanzará la costa del Pacífico sur, con efectos en Chiapas, Oaxaca, Guerrero y Michoacán, mientras que en estados del noreste como Nuevo León podrá observarse una ligera bruma atmosférica. En contraste, el centro del país, incluida la Ciudad de México y el Estado de México, recibirá concentraciones mínimas debido a que la Sierra Madre Oriental funciona como una barrera natural, limitando el avance de la nube de polvo hacia el Altiplano.
¿Cómo modifica el clima durante su paso?
La principal característica de la Capa de Aire Sahariano es que transporta aire muy cálido y seco, lo que dificulta la formación de nubes y reduce temporalmente las precipitaciones en las regiones bajo su influencia. Durante julio de 2026, este fenómeno coincidirá con el inicio de la canícula y con el paso de diversas ondas tropicales, provocando un comportamiento climático contrastante: mientras algunas zonas experimentarán lluvias intensas por otros sistemas meteorológicos, otras registrarán periodos más secos, temperaturas elevadas y una sensación de calor más intensa.

Además de disminuir la humedad, esta masa de aire favorece la cizalladura del viento, un factor que dificulta el desarrollo de tormentas tropicales y huracanes en el Atlántico. Entre sus efectos más visibles también destacan los cielos brumosos, la reducción de la visibilidad y los característicos amaneceres y atardeceres rojizos o anaranjados, producto de la forma en que las partículas minerales dispersan la luz solar.
¿Representa un riesgo para la salud?
Para la mayoría de las personas, las concentraciones previstas durante 2026 no representan un riesgo importante. No obstante, sí pueden causar irritación en ojos, nariz y garganta, además de agravar enfermedades respiratorias como el asma, las alergias o la EPOC. En eventos más intensos pueden aumentar las concentraciones de partículas PM10 y PM2.5, por lo que las autoridades recomiendan consultar la calidad del aire, evitar actividades físicas al aire libre cuando existan altas concentraciones y proteger especialmente a niños, adultos mayores y personas con padecimientos respiratorios.

Aunque suele relacionarse con cielos opacos y calor, este fenómeno también tiene efectos positivos. El polvo contiene minerales como hierro, calcio, silicio y aluminio, que enriquecen algunos suelos y aportan nutrientes a diversos ecosistemas marinos tras su largo recorrido por el Atlántico. Durante julio de 2026 se esperan concentraciones bajas a moderadas, dentro de los niveles habituales para esta época del año.




