Cada temporada de huracanes, las imágenes de comunidades costeras cubiertas por el agua recuerdan que el mayor peligro no siempre proviene de los vientos extremos. Detrás de muchas de las inundaciones más devastadoras se encuentra la marea de tormenta, un fenómeno capaz de elevar el nivel del mar varios metros en cuestión de horas y que representa la principal causa de muertes durante el impacto de un ciclón tropical. Aunque suele confundirse con el oleaje o con las lluvias intensas, se trata de un proceso distinto que puede transformar por completo el paisaje costero. Comprender cómo ocurre la marea de tormenta en México permite entender por qué las autoridades priorizan las evacuaciones antes de que un huracán toque tierra.
¿Qué es la marea de tormenta y cómo se forma?
La marea de tormenta es el ascenso anormal del nivel del mar provocado por un ciclón tropical. Según la Coordinación Nacional de Protección Civil y el Centro Nacional de Huracanes (NHC) de Estados Unidos, ocurre cuando los intensos vientos del huracán empujan enormes volúmenes de agua hacia la costa, formando una gran elevación que puede avanzar varios kilómetros tierra adentro. A diferencia de una ola, no se trata de un movimiento puntual del agua, sino de un aumento sostenido del nivel del mar.
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Aunque la baja presión atmosférica también contribuye al fenómeno —el nivel del mar aumenta aproximadamente un centímetro por cada milibar que disminuye la presión—, los vientos son el factor dominante. Mientras más intenso, grande y lento sea el huracán, mayor será la cantidad de agua desplazada hacia la costa y, por tanto, el riesgo de inundaciones severas.
¿Qué factores hacen que una marea de tormenta sea más destructiva?
La magnitud de una marea de tormenta depende de varios factores físicos. La velocidad del viento, el tamaño del ciclón, su trayectoria y el ángulo con el que impacta la costa influyen directamente en la cantidad de agua que puede acumularse. También resulta determinante la batimetría, es decir, la forma y profundidad del fondo marino: las plataformas continentales poco profundas permiten que el agua se acumule con mayor facilidad.

Otro elemento clave es la marea astronómica. Cuando la marejada ciclónica coincide con la pleamar, el nivel del mar aumenta todavía más, dando origen a la llamada marea de tormenta (storm tide). Bahías cerradas, estuarios y llanuras costeras también amplifican el fenómeno, favoreciendo que el agua permanezca acumulada y avance con rapidez sobre zonas habitadas.
¿Por qué no es lo mismo que una inundación por lluvia?
Muchas personas creen que las inundaciones asociadas a un huracán son únicamente consecuencia de las lluvias, pero la marea de tormenta tiene un origen completamente distinto. Mientras las precipitaciones provocan el desbordamiento de ríos, arroyos y sistemas de drenaje, este fenómeno introduce directamente agua salada del océano hacia las zonas costeras, incluso cuando las lluvias no son especialmente intensas.

También suele confundirse con un tsunami, aunque ambos fenómenos tienen causas muy diferentes. Los tsunamis son originados por terremotos o actividad volcánica submarina, mientras que la marea de tormenta es consecuencia de la acción prolongada de los vientos y la baja presión atmosférica de un ciclón tropical. No son olas gigantes, sino una elevación sostenida del nivel del mar, capaz de permanecer durante horas o incluso varios días.
Las costas mexicanas con mayor riesgo
La posición geográfica de México, entre el océano Pacífico y el Atlántico, expone a numerosas regiones a este fenómeno. En el Golfo de México y el Caribe, Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo concentran algunos de los mayores riesgos debido a sus extensas plataformas continentales y costas de baja elevación, donde el agua puede internarse varios kilómetros tierra adentro.

En el litoral del Pacífico, Baja California Sur, Sinaloa, Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas también presentan alta vulnerabilidad. Huracanes como Janet (1955), Gilbert (1988) y Wilma (2005) provocaron mareas cercanas a los cuatro metros en territorio mexicano. A nivel internacional, el huracán Katrina (2005) registró marejadas de hasta nueve metros en Misisipi, mientras que el ciclón Bhola (1970) dejó cientos de miles de víctimas, siendo considerado el desastre por marea de tormenta más mortífero del que se tiene registro.
¿Por qué representa el mayor peligro durante un huracán?
La marea de tormenta concentra una enorme cantidad de agua que puede inundar comunidades enteras en cuestión de minutos, destruir viviendas, erosionar playas, dañar carreteras, puertos, cultivos e infraestructura estratégica. Cuando coincide con lluvias intensas y el desbordamiento de ríos, se producen las llamadas inundaciones compuestas, uno de los escenarios más complejos para las labores de emergencia y rescate.

Por esta razón, organismos como el Centro Nacional de Huracanes emplean modelos especializados para pronosticar la altura que alcanzará el agua y emitir órdenes de evacuación. Además, el incremento gradual del nivel medio del mar asociado al cambio climático aumenta la vulnerabilidad de muchas costas, ya que se requiere un menor incremento adicional para provocar inundaciones de gran magnitud.

La marea de tormenta es un recordatorio de que el mayor peligro de un huracán no siempre está en la fuerza de sus vientos, sino en la capacidad del océano para avanzar sobre tierra firme. Conocer cómo se forma, qué factores incrementan su intensidad y cuáles son las regiones más expuestas permite comprender por qué este fenómeno es responsable de algunas de las peores catástrofes costeras registradas. En un contexto donde los ciclones tropicales continúan representando una amenaza para millones de personas, entender el comportamiento del mar resulta tan importante como seguir la trayectoria del propio huracán.




